jueves, 15 de abril de 2010

VOX DEI


¿Presente?

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               Existe una época de la historia de la que sólo tengo recuerdos indirectos. Yo nací en 1982, por lo tanto todo lo que conozco de los años 70 viene de los libros y de las revistas, de la observación de objetos viejos, de la narración de personas más grandes. Esos recuerdos indirectos son recuerdos de recuerdos de otros. Son compilados de narraciones ajenas sobre experiencias ajenas. Son, además, hipótesis personales (mías) muy apresuradas sobre el funcionamiento que tenían años atrás, ciertos objetos que hoy veo cerca. La tapa de un disco LP de Pink Floyd, para poner un ejemplo, hoy está húmeda en mi habitación, se la ve amarilla y algo sucia. ¿Cómo imaginarla años atrás, cuando mis padres la compraron en una disquería? En la estimación de ese presente lejano radican los años 70 para mi generación.

             Así es como se me aparece Vox Dei, la banda liderada por Ricardo Soulé y Willy Quiroga que estuvo, alrededor de 1971-1972, entre las cinco líderes del incipiente “rock nacional”. Esa es información que leo ahora. Imagino a los jóvenes de la época yendo a los recitales. Imagino, no los recuerdo. Hoy nos queda un hit, “Presente”. Y un disco que los mayores de cincuenta años califican como “obra maestra”: La Biblia. La obra conceptual del rock nacional. El Tommy argentino. Intentando desentrañar el jeroglífico, me sumergo en la escucha de ese LP, hoy audible en forma de MP3 desde mi computadora.

            A diferencia de Luis Alberto Spinetta o Charly García, los Vox Dei (como también los Manal) se quedaron para siempre en los 70. Por eso intentaron una y mil veces recrear esa obra magna (hay más de dos versiones en vivo posteriores), ese disco que conecta a la generación que fue joven en los 70 con los lejanos años 70. Fuera de ese gesto nostálgico (no “retro”, más bien “del palo”) el disco no tiene significado hoy. Las nuevas generaciones no lo escuchan, como si escuchan Artaud o La grasa de las capitales.

            Eso explica la imprecisión que existe con respecto al Vox Dei actual que toca en algunos festivales o en la Casa Rosada. El público de más de 50 años que recuerda las épocas en las que el pelo era largo, en la que se prestaba discos con los amigos, en la que la juventud estaba altamente politizada. Ese público se recuerda escuchando La biblia y se ve en la actualidad, en la vorágine, en el trabajo diario. Ese público ignora que “Vox Dei” se presenta sin aclarar que está ausente su ex líder Ricardo Soulé. Es estafado pero participa de la mentira porque entra en la cápsula del tiempo. En esa cápsula que lo lleva a la época dorada.

          En este blog muchas veces se habló de actos artísticos que tuvieron prestigio en el pasado y que hoy pasan desapercibidos. Litto Nebbia y Celeste Carballo fueron reivindicados aquí. Lo previsible con Vox Dei sería recomendar también la escucha entre las nuevas generaciones. Sin embargo, no es lo que voy a hacer aquí. Desde los 2000 y, desde mi persona, Vox Dei no aparece como una banda esencial. Ninguno de sus discos me parece digno de estar, por ejemplo, en una lista de los 40 mejores trabajos del rock nacional. Es más, si tengo que recomendar alguno, elegiría Romances de gesta, uno de los discos solistas de Soulé que se grabó en la sí vivida (y recordada a partir de destellos imprecisos pero no menos reales) década de los 80.

           Vox Dei para mí es una cápsula que me lleva a otro lugar. A un lugar que condensa relatos lógicos y verosímiles. Pero que no hace que me represente situaciones o anécdotas. Para mí La Biblia no es una lejana tarde de domingo con la pieza oscura, en la que miro tapas gigantes de LP, mientras pienso en el retorno de Perón. Para mí La biblia es un interrogante, el disfrute de algunos pasajes musicales y la perplejidad ante el hecho de que un disco conceptual hable, sin hacer críticas, junto a una institución tan enemiga de lo rockero como es la iglesia. La biblia es, para mí, entonces, un disco más que debe ser analizado, en lo posible, desde cero.

           

              Explicar el estilo de música que siempre hizo Vox Dei no es difícil. Tiene esa cosa guitarrera, fierrera, blusera, o hard rockera de un Pappo. Pero por otro lado tiene ese tipo de canción pop/rock lenta como “Presente”.

Además, transita por momentos el género de las baladas de la música negra norteamericana de los años 50. No es casual que el primer tema que el grupo interpretó haya sido “When a Man Loves a Woman” de Percy Sledge.

Lo concreto es que la banda nace en los 60. Interpreta canciones en inglés: propias y ajenas. Según cuenta el bajista Willy Quiroga, es Luis Alberto Spinetta quien al término de un recital les aconseja cantar en castellano. Y es así como el grupo saca en 1970 el LP Caliente, que ya incluía el hit “Presente”. Hoy en día no hay nadie en nuestro país que desconozca esa canción.

El próximo paso fue La Biblia. Una adaptación del clásico texto religioso a ópera rock que contó con la aprobación de la Iglesia Católica Argentina. Monseñor Graselli, importante cura del momento, dijo que la letra de “Génesis” tenía una gran profundidad y un asombroso poder de síntesis. La realidad es que se unían el mundo del rock, del pelo largo, de la transgresión con el mundo de lo católico, de la tradición, de lo reaccionario (no olvidar la época). Desde hoy el gesto de adaptar “La Biblia” puede ser pensado como algo conservador, como una transa innecesaria, hasta como rock de derechas. Hasta invitaron a congregaciones religiosas para la presentación en vivo hecha en el Teatro Alvear. Pero en ese momento, muchos jóvenes lo tomaron como el Tommy argentino. Como la música compleja, opuesta a lo que sonaba en la radio. Como un álbum que tenía unidad, que contaba una historia, algo más complejo que los estribillos recordables.

Tanto La Biblia como el posterior Jeremías pies de plomo pusieron al grupo entre lo más respetado del rock nacional. A eso se le sumaba la popularidad alcanzada por canciones como “Presente” o “Ritmo y blues con armónica”. Es por eso que esa época (1971-1972) quedaría en la mente de una generación. Es más: unos pocos años después, muchos músicos (entre ellos Charly García) se reunirían para hacer una versión de La Biblia que no tuvo ni la presencia ni la autorización de Vox Dei. La crítica de la época indudablemente tomaba al álbum como el mejor trabajo del rock argentino. Y fueron necesarios muchos años para que esa valoración desapareciera.

Hoy La Biblia es un disco más. Una de las razones es que las óperas rock dejaron de tener el prestigio que antes tenían. Se habían leído en su momento como un momento superador del rock, como la fase en que definitivamente el rock se despojaba de sus ataduras pop simplistas y comerciales; hoy la crítica comprendió que no es así. Que el concepto de canción no tiene por qué ser inferior. A mí personalmente no me gustan demasiado las óperas rock y lo digo sin tener vergüenza. Es más, La Biblia hasta me parece una de las mejores posibles, pero creo que está lejos de ser la obra maestra que los setentistas sospecharon.

Veamos como está considerado hoy el disco. La Rolling Stone en una votación hecha entre críticos (año 1998, tapa de Madonna) no lo puso ni siquiera entre los 60 LP más importantes de la historia del rock nacional. Tiempo después, sí, en una encuesta realizada a músicos, personalidades de la industria y demás, lo colocó entre los 20 primeros. Pareciera que el disco sólo queda como algo prestigioso entre los músicos de más de 50 años, como una influencia importante. Pero los críticos de hoy no le tienen una gran estima. Y tampoco los jóvenes consumidores de rock.

              Pero volvamos a los 70. Vox Dei estaba en la cima del prestigio. Sonaba en la radio con “Presente” y demostraba a la vez que estaba más allá de eso con La Biblia. Empezaría desde ahí un lento descenso que terminaría en dejar a la banda en el semi anonimato. En obligarla a vender el hit a la película Tango Feroz y a representar 80 versiones de La Biblia cada vez que se vuelve a unir.

              En 1975 se da la primera crisis. El grupo se disuelve. Ricardo Soulé abandona la banda y lanza el LP Vuelta a casa, con el que le va bastante mal. El resto del conjunto, al mando de Willy Quiroga, saca los discos Estamos en la pecera y Ciego de siglos. El impacto en la escena argentina es mínimo y por eso la banda se rearma en 1978. Soulé regresa y pone más rock pesado a la cosa. Terminan lanzando el disco Gata de noche, un buen trabajo que volvió a no tener el éxito esperado.

             Vox Dei intenta componer un segundo disco conceptual (iba a ser sobre El Cid Campeador esta vez) pero los integrantes se vuelven a pelear. Soulé decide abandonar la banda nuevamente. Esto es una constante en la historia del grupo: las idas y venidas del líder, sus peleas con Willy Quiroga. Es muy gracioso ver como la interna se reproduce en una entrevista con el sitio web Acción Digital. Dice Quiroga sobre Soulé: “Su comportamiento ha sido de una inmadurez total”.

             Pero estamos en los primeros años 80. Soulé lanza un segundo disco solista con lo que le había quedado del proyecto de El Cid Campeador. En tanto, Willy Quiroga arma una banda, Destroyer, que fracasa comercialmente. Tanto Romances de gesta (Soulé) como Destroyer (Destroyer) están entre lo mejor que han hecho los artistas. Nadie recuerda esos discos ahora, ni siquiera los pelilargos fans del Vox Dei de los 70. Pero vale la pena pegarles una escucha.

            En fin: Quiroga y Soulé, seguramente apretados por la economía, deciden reunir por tercera vez a Vox Dei en 1986. Tocan en el teatro Ópera a sala llena (hacen cuatro funciones). Indudablemente todavía existía un buen recuerdo de lo que había sido la banda. Para dar una idea de la actualidad, hoy hacen giras por pequeños teatros del conurbano. Pero bueno, en ese momento la gente tenía expectativas por el reencuentro.

            A la manera de un Serú Girán año 1992, sacan en paralelo a la gira un LP con canciones nuevas. Se llamó Tengo razones para seguir y es un engendro con canciones optimistas que bucea en el más bochornoso pop radial. Exactamente igual que el posterior Serú 92. Sin embargo, a los que no ubicamos el rock setentoso de Vox Dei en un pedestal intocable, a los que de vez en cuando prendemos la FM más pop, Tengo razones para seguir no nos parece tan malo. De hecho, no tenemos problema en decir que tiene más ideas sobre la melodía que la mayor parte de lo hecho por Quiroga & Soulé en los setenta.

            En 1989 Soulé se vuelve a ir. Ésta vez viaja a España y allí lanza Osadía, un LP hecho con base de violín en el que interpreta varias de sus viejas composiciones. El disco es un completo fracaso en la madre patria y tarda muchos años en editarse aquí. Paralelamente Quiroga rearma Vox Dei sin Soulé y lanza el LP Sin darle ya más vueltas. La cosa vuelve a ser complicada en términos de ventas. En síntesis, los endebles balances contables dan como resultado… ¡el cuarto reencuentro del Vox Dei original!. Hacen un disco en vivo llamado El regreso de la leyenda (título humilde ¿no?) y una nueva versión de La Biblia (la tercera firmada por ellos, vuelve a ser humilde ¿no?).

           Con respecto a la visión que la banda tiene del disco es ilustrativa una encuesta que salió hace un tiempo en el suplemento No de Página 12. Era sobre los mejores temas de la historia. Sorprendió que los únicos votos que recibió Vox Dei… ¡fueron los de sus mismos integrantes!

           Reflexiones aparte, volvamos a la historia. Soulé vuelve a abandonar la banda a finales de los años 90. Y la banda prosigue sin él, pero esta vez, ya en forma independiente. Las discográficas le dieron la espalda. La juventud los ignoró. Ya no había nada de recitales multitudinarios en los teatros de la calle Corrientes, Vox Dei comenzó a tocar en las pequeñas salas del conurbano y del interior. Dice Quiroga: “Pasamos de ser una agrupación super conocida a ser underground”.

           En paralelo, Soulé volvió en 2008 a sacar un disco solista con canciones nuevas (no lo hacía desde 1985). Salió de gira con su hijo Gabriel. Fue reivindicado por Ricardo Iorio en el disco de versiones Ayer deseo, hoy realidad. Y fue invitado a recitales de La Renga y La Mancha de Rolando. De cualquier manera, todavía su trabajo no fue revisitado masivamente por las nuevas generaciones.

          
          Para cerrar no es malo reflexionar sobre el objetivo mismo de este artículo. ¿Por qué reflexionar sobre el tiempo y la música justo cuando se habla de este grupo y no cuando se lo hace acerca de otros viejos discos? Porque Vox Dei es una banda muerta. Que no tiene presente (teniendo en cuenta el nombre de su hit, ¡que paradoja!) y revisita su pasado cíclicamente. Que usufructúa hoy mismo (sin siquiera contar con su líder) esa imagen añeja en bares perdidos. Quedaron algunas buenas canciones pero los discos tienen telarañas. En general, al menos para mí, culmina rondando una percepción por el aire: que llevar el gigantesco sobre de cartón que contenía el LP de La Bibia bajo el brazo fue una marca de prestigio en una época pasada. Una contraseña para darse importancia. Para sentirse más intelectual. Hoy, que esa tapa no significa nada más que una tapa, esa altanería terminó quedando en evidencia.