sábado, 19 de septiembre de 2009

DANIEL MELERO




DANIEL MELERO
Contra el instrumentista profesional

Melero 1: En sincro conmigo

Desde que No Seas Fanática Rock abrió sus puertas en abril de 2008, muchos lectores me han enviado cartas por correo electrónico. Algunos me felicitan por la atención que le pongo al trabajo de sus artistas predilectos, otros se entusiasman porque coinciden con mis apreciaciones personales y unos últimos, por supuesto, impugnan todo el blog. Obviamente, me hacen una crítica que es válida: nadie que se ocupe de calificar discos puede negarse a ser evaluado. Ahora bien, vamos a intentar reflexionar un poco sobre esos comentarios.
Un argumento clásico es decir: “Yo manejo el instrumento X, sé de música y te digo que este LP es bueno, ¿vos qué sabés tocar para hablar mal de tal artista?”. Esa crítica, así formulada, en mi opinión tiene algunos puntos para la discusión.
Por empezar, afirma que los únicos que pueden hablar de música son los músicos. Esta es una reflexión corporativista (haciendo un paralelo podríamos pensar que los políticos sólo pueden criticar a los políticos o peor aún, que los futbolistas sólo pueden criticar a los futbolistas) pero ese no es su principal problema.
Algo verdaderamente polémico está en que pretende despojar a la música de todo tipo de magia. En mi opinión, el objetivo de una canción es impactar justamente en la persona que no sabe como se hace un tema. La gracia es que la cosa se evalúe por el resultado.
Pero hay un último aspecto. Dicha crítica afirma también que la música sólo se hace con instrumentistas profesionales. Que el manejo admirable del piano o la guitarra (si es estudiado en conservatorio mejor) es lo único que permite a alguien ejecutar bien el rock.
Vamos al centro de la cuestión. A lo que está en el nucleo de este tipo de opiniones. Aquí lo que ocurre es que se le quiere dar cierto estatuto científico al arte, que obviamente no tiene. Los que defienden esta postura piensan que opinar de música sin saber tocar un instrumento es equivalente a opinar sobre química sin haber pasado por la universidad. Y no es así. No es así porque el arte no se puede enseñar. Porque el impacto estético de una obra es subjetivo (no es refutable). Es imposible responder científicamente, aunque nos duela, a la pregunta: “¿Los Beatles hacen mejor música que Bandana?". No hay forma de tocar “correcta” en el campo artístico. La vanguardia más extrema, por ejemplo: voces desentonadas e instrumentos que tocan una sola nota, puede ser considera disparate o innovación, dependiendo de quien la mire.
Lo que se enseña en los conservatorios es a manejar ciertas herramientas que permiten a uno hacer música dentro de los parámetros comunmente aceptados, de alguna manera, por la sociedad. Esos parámetros cambian con el tiempo y con cada cultura. No hay nada de verdad en ellos, son simplemente una moda. Y como tal puede ser cuestionada por personas en particular, sin necesidad de demostración empírica.
Lo que aquí vamos a plantear es que el arte es otra cosa, algo diferente a tocar “bien” el piano y la guitarra. Es proponer nuevas ideas sobre la música, ensayar formas estilísticas diferentes a lo escuchado comunmente, imponer una melodía (que se puede crear tarareando) en la cabeza de la gente. Es decir: el arte es creación, no ejecución intachable.
Es bueno poner un ejemplo. Muchos de nosotros, seguramente, hemos caminado repetidas veces por la calle Florida. Muchas veces, allí, hemos visto a un hombre que hace caricaturas. El tipo indudablemente tiene talento para dibujar la cara de una persona y para observar ciertos rasgos que sobresalen. Nadie duda de que se necesita cierta preparación para hacer eso. Sin embargo, eso, en el campo del arte, tiene un estatus mucho menor al de muchos cuadros que en apariencia son más sencillos de hacer. Sin ir más lejos, en 1915, un cuadrado negro sobre un fondo blanco marcó algo parecido a una revolución. Ese cuadro, compuesto por Kazimir Malévich, parece una estupidez y, sin embargo, ayudó a cambiar la noción de arte en aquella época. Participó del surgimiento del arte abstracto (en realidad: más precisamente del suprematismo), arte que se proponía, por primera vez, no representar objetos concretos de la vida real. Como se ve: alterar la relación signo (el dibujo que está en el cuadro) / objeto (lo que es representado) es mucho más innovador que ser el enésimo caricaturista sentado en una calle peatonal. Claro que el sentido común, alimentado por personas que tienen cuadros de paisajes en las paredes de sus casas porque “tienen lindos colores”, nunca estará de acuerdo. Y acusará al cuadro de Malévich de ser “una truchada”. Ese mismo público es el que festeja a Pappo cuando bardea a DJ Deró en el programa de Nicolás Repetto.


Melero 2: En sincro con Los Encargados

Quedémonos con “el Carpo”. Él nos puede introducir a pensar la obra de Daniel Melero. Como en cualquier biografía sobre este último artista, voy a empezar contando la anécdota histórica. En el año 1982 se realizó el festival B.A. Rock. A Riff (la banda de Pappo en ese momento) la pusieron en la misma fecha que a unos jóvenes tecno que se llamaban Los Encargados. Estos pibes, liderados por Melero, tenían cierta estética similar a la de Virus. ¿Qué pasó aquel día? Por supuesto, los metaleros, desconcertados por ver a un grupo “demasiado pop” (que “no tocaba”, porque usaba efectos pre-grabados), comenzaron a tirar cosas sobre el escenario. Y así fue como expulsaron al grupo electrónico en menos de un minuto.
Esa anécdota, que según Melero representa al “rock argentino facho” nos sirve para unir el apartado anterior con éste. El público de Pappo, el guitarrista perfecto, el que trata a la viola como si fuera “un fierro” (un auto, traduzco) se burlaba de quienes programaban máquinas, de quienes estaban cambiando la relación del músico con los instrumentos. Quizás Los Encargados no sabían tocar como el Carpo, pero sí tenían claro cuál era el estado del rock argentino y como innovar. Pappo en esta historia no es otro que el caricaturista festejado de Florida y Melero es Malévich.
Vamos a citar algunas frases del líder de Los Encargados. Las sacamos del libro Recolección vacía de 1994. Antes hay que aclarar que Daniel, aunque puede ser un instrumentista muy limitado, es un tipo que conoce muy bien (como ningún otro rockero argentino) de filosofía sobre música. Ha leído a Theodor Adorno, a John Cage. Sabe de eso. Va la cita: “Si algo molesta en el campo artístico, donde cuentan valores como el profesionalismo y la seriedad académica, seguro que es arte (…) considero al sampler como una esponja sonora que te convierte en una especie de Marcel Duchamp: cuando modificás una música ajena es ponerle bigotes a la Gioconda y cuando captás sonidos del ambiente es como hacer un ready made”. Como se ve, él mismo hace las comparaciones con las artes visuales.
Sigue: “Estos músicos implementan técnicas para crear en base a los logros que un artista produjo alguna vez (…) la artesanía es un zombie del arte. Toma algo que en su momento fue arte con el fin de reproducirlo infinitamente como un clono de menor resolución que el original. Me imagino que alguna vez hubo un coya que hizo una vasijita realmente increíble y admirable. Hoy existe un mercado de vajillas coyas. Con el rock sucedió lo mismo”. Indudablemente, hay poco para agregar, la definición es perfecta. Es más, hasta siento que toda mi introducción anterior (con el ejemplo del caricaturista y de Malévich) palidece ante la exposición filosófica de Melero.
Pero bueno, sigamos con la historia, Daniel en 1982 fue echado del B.A. Rock por tener esa concepción del arte. No podía grabar un disco (carecía de contrato), pero era señalado por varios periodistas como el líder de un grupo de vanguardia. Siguió presentándose en algunos pubs de Buenos Aires y es así como en 1984 irrumpe Carlos Cutaia (ex tecladista de Pescado Rabioso y de La Máquina de Hacer Pájaros) en uno de sus conciertos. Cutaia le ofrece a Melero participar del LP Orquesta. Indudablemente buscaba un asesoramiento tecnológico, un pasaje a la modernidad, un cambio en su carrera. Daniel aceptó y así hicieron un disco tecno muy disfrutable, con mucha onda robótica.
El LP propio de Los Encargados (tienen uno sólo editado) iba a llegar recién en 1986. Se llamó Silencio y representó un avance muy grande en la música argentina. Se trataba de una mezcla perfecta entre sonidos electrónicos y melodías pop. El tema “Sangre en el volcán” impactó fuertemente en el periodismo local y así fue como Melero fue rotulado como una especie de promesa (tal hoy lo siga siendo para algunos, algo así como una “promesa eterna”). Lo concreto es que esa conjunción (a veces tensión) de lo tecno-experimental y de la melodía pop-clásica iba a caracterizar al artista tal como lo conocemos hoy.


Melero 3: En sincro con él mismo

En 1988 comenzó su carrera solista con el lanzamiento de Conga. Paralelamente se dedicó a producir algunos discos de rock nacional. Estuvo con Todos Tus Muertos, Suárez, Juana La Loca, Tía Newton. Como se ve, varios grupos de la movida sónica, que sería llamada en los noventa “Nuevo Rock Argentino” por algunos periodistas poco originales. Melero fue, principalmente desde lo intelectual, uno de los abanderados de ese movimiento.
De cualquier manera, su salto a la relativa fama vino por su amistad con Gustavo Cerati. Melero había compuesto el hit “Trátame suavemente” (Soda Stereo, 1984) y en los noventa fue algo así como “el cuarto Soda”. Asesoró al grupo, le puso la pata modernosa, en los discos Canción animal (1990) y Dynamo (1993). Y llegó hasta a sacar un disco a dúo con líder del grupo.
Pero vamos a hablar de su discografía solista. Como dijimos anteriormente, se caracteriza por intercalar todo el tiempo electrónica y pop clásico. A veces (las mejores) se juega por armonizar a la perfección los dos estilos. Otras (las más flojas, quizás) se juega por los extremos: electrónica demasiado inaccesible o pop demasiado unidireccional. Amplío en los próximos párrafos.
En el terreno de lo electrónico fue señalado muchas como el Brian Eno argentino por sus experimentaciones con el ambient. Es así como en varios de sus discos se dedica a crear climas y puede aburrir. En otros, como Cámara, cae en la frialdad (y oscuridad) propia de las máquinas inertes. Ahí es cuando uno se pregunta si no conviene poner un poco de bongó, un poco de redoblante, que traiga algo de vida. Porque, obvio, la vanguardia hecha con tecnología (aunque la defendamos en este post) no siempre es perfecta. Cuando se cierra sobre sí misma puede molestar.
De manera opuesta, en el terreno de lo pop también hay un riesgo. Pasar papelones por incurrir en frases cursis. Y Melero en muchas oportunidades ha caído en ellas. Algunos pasajes de Rocío (en especial la canción “Descansa en mis brazos”) y de Vaquero (“Tu vida empieza hoy”, “Florcita”) lo demuestran.
Como se ve, cuando pretende ser 100% vanguardista la pifia y cuando pretende ser 100% pop también. Lo interesante está en los puntos medios. En “Orbitando” por ejemplo (ver Disco X Disco). En la mezcla, en la complejización de lo pop, en la masificación de lo tecno. Ahí es donde Melero se destaca.


Melero 4: En sincro con el rock argentino

Para cerrar este post es bueno hacer una valoración general de Melero en el contexto del rock nacional. No se trata de un genio: como se dijo anteriormente tiene varios puntos criticables. Pero en lugar de gastar pólvora en objetarlo, es mejor defenderlo de sus opositores, que utilizan el (conservador) sentido común y, peor aún, cierto aire cuadrado de “profesionalismo musical” para subestimarlo. No es un chanta Daniel Melero por no manejar instrumentos. Es un vanguardista, alguien que por lo menos quiere sacudir lo establecido. Aquello que solo es moda e intenta, en vano, convertirse en ciencia.
Antes de dejarlos con el comentario de los discos, una aclaración: no puse, como es costumbre en el blog, los LP instrumentales. Es decir: no están ni Recolección vacía, ni Operación escuchar ni Acuanauta. Me voy a limitar a recomendar este último, aunque más no sea porque incluye un programita para computadora muy agradable, que permite al oyente disfrutar de una atmósfera océanica mientras es relajado por la música. Tampoco están los discos de grandes éxitos o reversiones. Es así como faltan M y Piano. Breve comentario: M es un compilado de canciones clásicas del artista en versión house año 2000 y Piano es un conjunto de versiones sobrias de sus temas pop, sólo acompañadas por un pianista. Fueron dos discos muy bien comentados por los críticos.

DISCO X DISCO MELERO

CARLOS CUTAIA ORQUESTA

Orquesta (1985) - ***1/2
Si bien este LP está firmado por Carlos Cutaia (pianista y tecladista, ex integrante en los 70 de las bandas Pescado Rabioso y La Máquina de Hacer Pájaros), la presencia de Daniel Melero es muy importante. En realidad, se trata de un disco a dúo. Tal vez por una cuestión de fama en aquella época, sólo firma Cutaia pero la participación de Melero es equivalente a la que tuvo en el posterior disco con Gustavo Cerati. Y ahí sí puso el gancho.
Daniel aquí en Orquesta canta tres canciones, compone buena parte de las letras y aporta el asesoramiento tecnológico. El resultado es un disco tremendamente innovador, repleto de sintetizadores y baterías electrónicas. Posiblemente el primer trabajo 100% tecno que se hizo en la Argentina.
El dúo logra cuatro muy buenas canciones: “Juegos confusos”, “Programación”, “Sensación melancólica” y “Ella baila”. Esta última realmente disfrutable, en especial su última parte instrumental. Definitivamente un disco tan aprovechable para el baile como para el regocijo intelectual.
Lamentablemente, en paralelo a estos sonidos futuristas hay cierta referencia a lo robótico que termina perjudicando muchísimo al disco. Visto desde hoy da cierta vergüenza ajena. Para comprobarlo basta escuchar los tracks “Uranio enriquecido” (en el que los dos, de manera patética, hablan haciendose los robots) y “Operativo” (que en un pasaje dice “tengo que cumplir… una misión/ hoy, en mi móvil, rumbo al microcentro/ rememoro instrucciones, de mis superiores/ ahora, opero, en las coordenadas indicadas”). Una lástima.


LOS ENCARGADOS

Silencio (1986) - ****
Ahora sí Melero debuta con el control del 100% del material. Al mando del grupo Los Encargados lanza este primer y único disco de la banda. En realidad, existían dos anteriores pero nunca fueron editados por decisión propia del artista. Sí se publicó Silencio y su repercusión no fue menor: siempre se recuerda que la canción “Sangre en el volcán” ganó la encuesta anual del suplemento Si del diario Clarín.
Empecemos por lo bueno. En este LP está “Orbitando”, sin dudas el mejor tema que compuso Melero en toda su carrera. Bajo la apariencia de un relato de ciencia ficción (que incluye “ruidos de naves que parten”), Daniel reflexiona inmejorablemente sobre los sentimientos más comunes e importantes de la vida. Cuando canta “Necesito que me ames para poder verme/ vos sabés muy bien que…/ me pierdo todo por verte/ orbitando en torno a mí” está diciendo que la única justificación de la persona es sentirse amada. Fíjense que la analogía entre orbitar y estar pendiente de alguien es maravillosa. Esto es poesía magistral en el rock, acompañada de efectos especiales que le corresponden, de una melodía inmejorable y de un final arrasador (la parte musical que dice “sé que nunca estuve aquí/ o es que quizás visite este lugar en sueeeeños” y el saxo que acompaña). Más que excelente.
Después de tal pico vienen cuatro buenos temas que, si bien no llegan al mismo nivel, aprueban más que cómodamente. Son “Trátame suavemente” (en versión mucho más fría que la de Soda Stereo), la mencionada “Sangre en el volcán”, “Un disparo de luz” y “Líneas”. Todas perfectamente cantables.
Desgraciadamente, en la segunda parte del disco la cosa empeora. Hay una desafortunada acumulación de temas muy oscuros. Se pone el acentro en la creación de climas opresivos y eso termina por arrinconar al oyente. De cualquier manera, hay que decir que el track “Región”, que también cae en el problema de lo climático/opresivo, es una innovadora especie de “Por” (Spinetta) imaginado durante una relación sexual.


DANIEL MELERO SOLISTA

Conga (1988) - ****
El primer disco solista de Melero tiene un nivel más o menos similar al del LP de Los Encargados. Vuelve a haber varias canciones pop atendibles. La relativamente famosa “No dejes que llueva” es una de ellas. Otras son “Para quererte”, “Melodías románticas”, “Todo será” y “Canciones de moda”. Tal vez las letras son un poco menos ricas, más simples, pero los temas gustan igual.
Por supuesto que también hay pasos en falso. El track inicial “Sagrado corazón” nunca me gustó del todo (difiero ahí con muchas personas que conozco, sin ir más lejos con una “amiga” mía, inspiradora élla del título de este blog, que estaba “fanatizada” con el tema). “Deleite fatal” y “Piso 24”, en tanto, pueden tener cierta relación con la parte más oscura de Silencio. “Música lenta” y “Latitud” pueden apuntar al pop y no llegar a buen puerto.
Pero el disco en balance es más que bueno. Son cinco canciones bellísimas, para cantar y cantar por sobre la pista de audio. Más pop que electrónico, Conga logra con creces lo que se propone: grabar melodías en la mente de quien escucha.

Cámara (1991) - **
Lo que aborrecía en el disco Silencio de Los Encargados, ese clima opresivo que daba sensación de oscuridad. Ese estilo que estaba en la segunda parte del LP. Bueno, eso, ahora se adueña de todo el álbum. Cámara es un disco complicado, con melodías que nunca explotan, que aburren, pero también que arrinconan, que molestan, que atemorizan.
Voy a contar una anécdota personal. La primera vez que escuché el álbum, hace ya varios años, eran las cuatro de la mañana de algún sábado invernal. Yo tenía el pelo mojado ya que venía de bañarme y así me puse los auriculares gigantes. Recuerdo que el CD me deprimió profundamente. La anécdota es estúpida y tiene que ver más conmigo que con el disco (¡me había quedado sin salir!). Sin embargo, la pongo porque ilustra el tipo de sensaciones que puede despertar o, mejor dicho, potenciar. Sé que a algunos eso les debe gustar (aquellos que se visten de negro), pero yo paso.
De Cámara puedo llegar a salvar dos temas: “Iluso”, el único track con algo de vida que tiene este disco, y “Estrategias fatales”, que cierra el LP y cuenta con la presencia de Gustavo Cerati. El resto, para mí, es demaaaasiado dark.

Colores santos (1992) - ***1/2
Disco a dúo con Cerati. Es posible ver un video en You Tube en el cual se muestra cómo fue la grabación. Ahí queda claro que el entonces líder de Soda Stereo hace aproximadamente el 80% del álbum y lo trata a Melero practicamente como un “che pibe”. En realidad, este disco es más un proyecto paralelo de Cerati (un poco más electrónico y arriesgado que Soda) que un verdadero disco a dúo. Es por eso que nos parecía arbitrario cubrir éste álbum y no Orquesta, el LP hecho con Cutaia. La participación real de Daniel es más o menos equivalente en ambos, independientemente de la presencia o no de su firma.
El tema que abre el disco, “Vuelta por el universo”, empieza hipnótico y monocorde y termina atrapando recién en el segundo 3:27 cuando dice “alto, cada vez más alto” (esta forma de canción es muy innovadora). Luego viene “Marea de Venus” (mezcla perfecta entre rock y máquinas), uno de los mejores tracks junto al corte “Hoy ya no soy yo”.
Por supuesto, a todos estos temas los canta Cerati. Melero pone la voz sólo en dos: “Cozumel” y “La cuerda planetaria”, que son lo peor del álbum. Además de eso, aporta algunos bocados en el resto de los temas, pero son mínimos.
Por último quiero señalar al tema dance “Quatro”, instrumental. Está verdaderamente bien hecho. Después del punchi punchi con efectos viene un piano tranquilizador. Ruidoso y bello a la vez.

Travesti (1994) - ***
Si bien algo de máquina hay, en este disco el instrumento que más suena es la guitarra acústica. La mayoría de las canciones podrían cantarse en un fogón. Se ve que Melero aplicó simpleza después de ser señalado por el gran público (el fanático de Soda) como el “hombre tecno”. Es decir, eludió la etiqueta. Demostró que, sin efectos, podía interpretar canciones pop (algo similar a lo que haría años después con el disco Piano).
Hay tres temas muy buenos aquí: “Nena mía”, “Resfriada” y “En mi alma”. Este último (que dura menos de 2 minutos) tiene una melodía hermosísima en las estrofas y un momento magistral en el segundo 1:10 (prestar atención a lo que toca la guitarra).
El resto del disco a mí mucho no me llega. “Quiero estar entre tus cosas”, el tema más famoso del LP, no me agarra demasiado. Es bastante cursi. Y la melodía tampoco me parece gran cosa. Lo mismo podría decir del resto de los tracks: cumplen más que gustan.

Rocío (1996) - **
Melero crooner romántico en un disco muy tranquilo. Mucho piano (como máximo algún efecto sobrio). Seis de las doce canciones incluidas aquí son instrumentales. Las melodías tienen leves variaciones en el transcurso del álbum, lo que da una onda conceptual que abarca a la totalidad del CD. Lo buscado, más que ofrecer un disco de canciones, es poner al oyente en situación. Dotarlo de un clima especial que se puede definir como “música para escuchar después de que la chica nos dijo que nos quería y se fue a la casa”.
Eso mismo es lo primero que sobresale cuando oímos el track 2, “Descansa en mis brazos”. Mediante los coritos femeninos, la voz relajada de Melero y, en especial, los efectos de lluvia, imaginamos la escena y hasta nos metemos en ella. Lamentablemente, la letra del tema lo arruina todo ya que cae indudablemente en lo cursi. Sino escuchar la parte en que dice “un rayo, un golpe, que miedo, penumbras, susurros, licores, te quiero”.
Y el resto de los temas cae en algo parecido. Clima romántico pero no mucho más. “Peces” y “Pequeo” no son malas, pero tampoco llaman la atención. Podrían haber sido compuestas por cualquier baladista pop. Y los que quedan, bueno, los que quedan son basicamente intrascendentes.

Tecno (2000) - ***
Disco completamente electrónico, dance y marchoso. Se lo puede bailar perfectamente. Está hecho exclusivamente con instrumentos bajados de Internet. A diferencia de los LP más experimentales (Recolección vacía, Operación escuchar y Acuanauta), tiene canciones con voz (seis en total). Y tiene, además, canciones instrumentales que podrían defenderse por sí mismas si estuvieran sueltas por la radio. Es decir, hay menos ambient y más musicalidad.
El mejor tema del disco es, por lejos, “Primitivo”. Empieza con beats dance, sintetizadores y Melero cantando de manera monótona letras casi sin sentido. Pero poco a poco encuentra belleza. En el minuto 2:10 empieza a sonar una nota de piano (o simil descargado de la red) casi de fondo que a medida que pasa el tema va adquiriendo más protagonismo. Y en el minuto 2:38 se suman dos notas más, hechas con el mismo instrumento. Eso da una perfecta melodía que termina por adueñarse progresivamente de la canción, hasta ocuparla completamente. Al final, sólo suena eso. Es realmente impecable lo que se logra. Innovador al 100%.
Por supuesto que no todo es tan perfecto (ejemplo: el pasaje que dice “perfecto veneno”, que queda pésimo en la canción “Palabras”). Pero bueno, Tecno es un buen disco dance. Mucho mejor lo que hace la gran mayoría de los DJs.

Vaquero (2001) - ****
Este disco tiene once canciones rock/pop hechas y derechas. A diferencia de los discos de los ochenta, aquí no hay oscuridad ni opresión. Melero encuentra aire en composiciones completamente disfrutables. Cero clima. Cero tema instrumental. Cero ánimo innovador. Acá todo es radiable. En el mejor sentido de la palabra. Todo el que dijo alguna vez que Melero era “un charlatán” (Zeta Bosio y Charly Alberti, por ejemplo, según declaraciones de Cerati en Rolling Stone, marzo 2003) acá se quedó sin argumento. Está a la altura de los mejores rockeros argentinos.
Vaquero empieza más que bien. Las seis primeras canciones son perfectas. Lo hacen a uno cantar y cantar sobre la pista de audio. No dan respiro. Los coritos de “No es tan simple” son tremendamente adictivos (lo mismo ocurre con “Florcita”, el beatlesco último track del disco). El estribillo de “Vivir acá” también (la parte que dice “yo no sé a vos/ pero a mí ya me cansó”). Los aguditos de “Tormenta personal” (que tiene guitarra de Botafogo, sí, aunque no lo crean ¡Melero con Botafogo!). En fin: todo perfecto.
En la segunda mitad, el disco desciende un poco, pero no es aburrido para nada. Simplemente, las canciones no llegan al excelente nivel de la primera parte. Pero esto era esperable: las seis iniciales eran insuperables. Esto, más alguna letra cursi (tal vez “Florcita”), hacen que el disco se pierda las cinco estrellas. No estuvo tan lejos.

Después (2004) - **1/2
Este álbum fue editado en dos versiones. La primera, de cinco CDs, tiene partes ambient, dub y pop. La segunda, que resume lo “más trascendente” en un CD, es la que comentaremos aquí. Para que se entienda la cosa, a diferencia de lo que pasó con El Salmón de Calamaro, la versión de un disco no compila lo más radiable (y menos experimental) de la monumental caja. Melero elige, en la versión simplificada, los temas más representativos de cada estilo musical abordado.
Esa es la justificación de la inclusión de siete tracks instrumentales destinados a crear climas (algunos tienen pianos que recuerdan a Rocío). Muchos son realmente aburridos y hacen que uno extrañe la fuerza pop de un Vaquero.
Pero bueno, Después es así. Un disco que tiene un poco de todo. Sinceramente, la mayor parte es embolante. Sin embargo, hay una canción que me hace ponerlo y ponerlo en la compactera. Es la primera, “Amor en pie”, en la que se demuestra que el hombre puede seguir sacando excelentes melodías rock.
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AGREGADO EL 12 DE ENERO DE 2010
X por (2009) – ***1/2
Todos los medios elogiaron este disco. No tengo recuerdo de tanto consenso en torno a la obra de Melero. Para mí X (por) es bueno pero no taaanto. Vaquero (2000) era mejor y no había conseguido ni la mitad de los aplausos.
X (por) está producido por Diego Tuñón y por Diego Rodríguez, integrantes de Babasónicos. El concepto del disco sería “Melero X Babasónicos”. Es decir, la obra del solista, reinterpretada desde la producción por la banda. Este dispositivo es opuesto al de “Babasónicos X Melero”, el cual produjo un filme documental, en el que el ex Encargados filma y comenta una gira mexicana del grupo de Lanús.
La mayor parte de las críticas de X (por) citó, para el elogio, una frase del tema “Nueva era”. Dice el track: “esta nueva era es sólo promoción, esto es bueno, eso es malo, esto debe hacerse, aquello no/ está claro: nada lo resuelve un Fotolog o un My Space”. A ver, reflexionemos cinco minutos: ¿Cuántas veces se habrá dicho eso? Muy gastado.
Otra cosa molesta es la inclusión de un tema como “Chica somnolienta” en el track 7 del disco (casi a la mitad). “Chica…” tiene muchas partes de silencio y efectos de clima. Aburre. Rompe completamente con la continuidad que venía teniendo un buen disco de canciones como éste. Los temas siguientes quedan seriamente perjudicados por ese bajonazo. Y eso que hay hasta uno muy bueno (“Por la ventana”). Pero el oyente está en otra parte. El 7 lo distrajo y si llegó hasta el 8 (porque, me la juego, la mayoría saca el disco) es porque está pensando en otra cosa.
Una última objeción sería la de la estrofa de “Fantasma”. No es un fragmento desagradable, pero recuerda demasiado a algún tema viejo de Melero. Pista: buscar por el disco Travesti.
Pero bueno, hay tres estrellas y media ¿no? Eso quiere decir que el disco me gustó. ¿Y por dónde anda lo bueno? Y… “Nueva era” a pesar de la letra tiene una linda melodía, “Tenés”, el track 2, es un agradable bolero, “La reina del enigma”, que empieza medio lerda, tiene un lindo clímax (minuto 2:07).
Despedimos este comentario con una mención al momento más trascendente del LP. Se trata de “Celoso”, tema que puede convertirse en un hit. Cuenta con la presencia de Adrián Dárgelos de Babasónicos. Ambos cantan a la vez y le dan un dinamismo muy fuerte al track, dinamismo que Melero solo nunca podría haber conseguido. Daniel (me olvidé de ponerlo en el artículo principal del especial) mientras canta, más allá de innumerables aciertos conseguidos en su carrera, nunca deja de ser un nerd casi sesioso. Aquí con la ayuda de Dárgelos se normaliza. Consiguen un lindo tema. Nota: Si uno presta atención a la letra (“Soy cagón…/ odio a los grosos”) se da cuenta de que los términos escogidos son 100% Babasónicos.