miércoles, 22 de julio de 2009

ESPECIAL SUMO Y DESCENDENCIA




SUMO, DIVIDOS, LAS PELOTAS
Interpelación fallida

Intro NSF:

La crítica es opinión subjetiva. Sin embargo, muchas veces los grandes medios de comunicación parecen ignorarlo. Dejando de lado que todos los comentarios de discos tienen prohibido utilizar la primera persona (jamás un “a mí esto no me gusta”), las revistas apuntan a un consenso inexplicable. No hasta hace mucho la Rolling Stone decía en cada una de sus ediciones “Calificación: supervisada por los editores de RS” como si todo periodista tuviera prohibido irse de la concepción mainstream.
Jamás compartí eso. La crítica debe proponer una visión del mundo. Un tipo de estética. Debe defender con palabras lo que otros artistas hacen con la música. Y es imposible que a uno le guste todo. Es tan importante decir “este artista desconocido es bueno” como “este artista consagrado es malo”. Es por eso que en No Seas Fanática Rock, influidos por algunos críticos de cine que se animaron alguna vez a decir que Kubrick, Altman y Greenaway no hacían buenas películas, rechazamos un estilo de rock.
Así es como me encuentra la cobertura de la obra de Sumo y su descendencia. Tanto el grupo comandado por Luca Prodan como Divididos y Las Pelotas pertenecen al tipo de rock que yo rechazo. Centrado en la potencia del sonido, por encima de las melodías. Centrado en mostrar que “el grupo es una aplanadora”, en lugar de fabricar estribillos tarareables. Centrado en destacarse en los recitales (recuerden el dicho: “lo mejor de Sumo estaba en vivo”) en vez de dejar bellas canciones que puedan disfrutarse también grabadas en álbum.


Banda 1: Sumo

Para los espectadores extranjeros Sumo es una banda desconocida. Intentaré presentarla brevemente en un párrafo. Su líder es Luca Prodan, un italiano que había vivido en el Reino Unido. Vino a la Argentina a comienzos de los años ochenta, escapando de una adicción a la heroína. Llegó influido por el punk, el reggae y la parte más oscura de la new wave, contrastando fuertemente con el rock argentino de la época. Formó un grupo que combinaba canciones cantadas en inglés, con temas interpretados en castellano. En vida tuvo un éxito relativo: convocatoria aceptable pero incomparable al rock de estadios de los 90. Muerto (finales de 1987) tuvo una popularidad sin precedentes: se convirtió en estandarte de una buena cantidad de jóvenes. Sobrevivió su afán de rebeldía, su desprecio por la vida adinerada (venía de una familia de clase alta, había estudiado en el mismo colegio que el príncipe Carlos), su ícono como rey del reviente (la famosa ginebra).
Luca odiaba al rock argentino. Le parecía una copia. Salvando una foto con Charly García (que años después Germán Daffunchio dirá que fue totalmente armada), nunca se le conoció vínculo con los próceres del rock. Nada de recital con León Gieco y 150 invitados. Luca rechazó ese rock corporativo y se convirtió en la voz de un nuevo rock que estallaría en los 90 convocando a los jóvenes del conurbano bonaerense (que antes, en épocas como las de Serú Girán, habían sido opacados por los de capital). Sus referencias a Hurlingham (escuchar “Teléfonos/ White Trash”) sentarían precedente para el “rock barrial” de los 90.
“Sacudió el rock nacional apolillado” dicen algunos. Es posible. Hay que ver si fue para bien. Mi opinión es que no. Que Luca como constructor de melodías es muy inferior a los artistas que criticaba. Para que no parezca un rechazo en bloque al rock suburbano (hay algo de eso en varias críticas y me quiero despegar) vamos a decir que el Indio Solari, que también suena en el Oeste, es fuertemente superior. Varias de las críticas de Luca fueron fuertemente violentas y cayó hasta en la homofobia cuando le decía “putito” a Federico Moura, el cantante de Virus.
Su obra básicamente consta de tres discos oficiales. Lanzado en 1985 Divididos por la felicidad incorporaba canciones con aroma a disco (“La rubia tarada” y “Debedé”) y las intercalaba con un estilo reggae muy ortodoxo. En algún fanzine vestido de edición especial (Rolling Stone vieja dedicada a él) se dice que fue el inventor del reggae argentino. Es posible que antes de llegar al disco. Pero en 1985, año del conocimiento masivo de la banda, ya estaba re usado. “Chalamán” de los Abuelos de la Nada es de 1983 y es muchísimo mejor que cualquier tema grabado por Luca.
El segundo LP es de 1986, se llama Llegando los monos y vuelve a repetir el éxito de “La rubia tarada” con “Los viejos vinagres”. La banda incorpora más letras en castellano (“Que me pisen”, también famosa, que dice “yo quiero a mi bandera/ planchadita, planchadita, planchadita”). Y consolida su ascenso.
En 1987 sacan After Chabón y Luca sorprende con “Mañana en el Abasto”, su mejor canción, la única que reconozco como obra maestra. No hay un hit nato como en los dos LP anteriores. Pero la popularidad de la banda (shows, por ejemplo) seguía elevada.
Y en diciembre de 1987 ocurre la muerte de Luca. Era una muerte anunciada. El artista vivía al límite. Drogas, alcohol, bohemia. Escapó de Europa a principios de la década, vivió ocho años en Argentina (tres con popularidad) y terminó falleciendo. Allí comenzó el mito. Sin embargo, varios de sus compañeros de grupo continuaron trabajando. Se formaron tres bandas: Divididos, Las Pelotas y Pachuco Cadáver. Las dos primeras tomaron la posta de lo que había iniciado el pelado e hicieron música para las masas.


Banda 2: Divididos

El guitarrista Ricardo Mollo y el bajista Diego Arnedo formaron Divididos. Radicados en Hurlingham hicieron del sonido alto y potente su principal carta de presentación. Consagrados por la difusión de su disco La era de la boludez de 1993 adquierieron más popularidad que la que había alcanzado Sumo.
Podría definirse a Divididos como una fusión entre A) la “aplanadora del rock”, es decir, el grupo que suena bien, que suena fuerte (obvio que lo digo irónicamente, no creo que sea un mérito en si mismo “sonar bien”, más bien es un calificativo que suelen hacer los padres de los chicos de 18 años que tienen una bandita con canciones pésimas). B) el folklore argentino (algunas letras con reinvindicaciones indígenas, alguna mezcla entre chacarera y rock, alguna interpretación ortodoxa, muchas veces efectiva, de estilos norteños argentinos), C) el humor (especialmente de la mano de Diego Arnedo, en separadores muy efectivos).
Si me preguntan, la faceta aplanadora no me interesa, la del folklore a veces produce cosas interesantes (“Guanuqueando”, “Haciendo cola para nacer”) y otras veces no (“El arriero”, “Vientito de Tucumán”), y la humorística me parece su gran aporte al rock nacional.
Lo concreto es que participaron del apogeo del rock barrial, llamado a veces “chabón”. Es bueno aclarar que no son sinónimos. Lo barrial es sólo una parte de lo chabón. Veamos ejemplos: Los Piojos, La Renga y Callejeros hacen rock chabón (características adicionales a las referencias al barrio: importancia del aguante del público y la utilización de banderas, líderes no convertidos en estrellas, futbolización, en algunos casos simplificación stone). Notar que Divividos no posee la mayoría de esas particularidades. De alguna manera es un grupo de rock barrial, sí, pero no de rock chabón. Hay varios pasajes en donde se habla de Hurlingham (o del “agite del Oeste”) como antes el rock no lo había hecho, pero no aparece todo lo que caracteriza a la música “boncha”.
En fin, la voz potente de Mollo representó a buena parte de los jóvenes tal vez como lo había hecho el mismo Prodan y el Indio Solari y les dio el rock “auténtico” que esperaban. Tal vez por eso quedaron medio desorientados cuando Mollo abandonó la gordura, se casó con la actriz Natalia Oreiro y comenzó a hacer canciones pop a partir de la década del 2000. Para mí esa fue la mejor etapa de la banda. El abandono del ruido. La búsqueda, por primera vez en la historia de la banda, de la belleza compositiva. No es menor su reunión con Cerati en aquel recital histórico, se unían el rock cheto y el del conurbano, pero no sólo fue eso: fue el acercamiento de un músico muy limitado (Mollo) hacia el mundo creativo de los estribillos (Cerati).
El tiempo dirá cuál es la dirección que toma Divididos. Lo concreto es que hasta ahora han dejado una discografía llena de temas malos, que suenan fuertes, potentes, pero que no le dejan a uno esa incomparable satisfacción de haber encontrado buena música para tararear.


Banda 3: Las Pelotas

En 1988, una parte de los sobrevivientes de Sumo se quedó en Hurligham (Divididos) y otra parte se fue para Córdoba (Pettinato iría a España, pero eso ya lo veremos en el próximo apartado). La parte que se fue a Córdoba se haría llamar Las Pelotas.
El conjunto fue liderado por Germán Daffunchio, guitarrista en Sumo y por Alejandro Sokol, bajista y baterista en las primeras épocas del conjunto comandado por Prodan. En Las Pelotas ambos cantaban y hacían canciones.
Esta banda nunca llegó a tener la convocatoria de Divididos (yo diría que ni siquiera la de Sumo) pero a partir de 2003 empezó a sonar en las radios más populares gracias al horrible hit “Será”. Algunas páginas de Internet dicen que el primer período de la banda era under. Yo diría que no es así: eran una banda conocida pero un poco menos que otras.
Definir el sonido de Las Pelotas no es muy sencillo. Se quedaron con la parte reggae de Sumo (una de las partes que Divididos desechó), pero también desarrollaron una marca sonora propia. El primer LP, Corderos en la noche es un verdadero oasis y parece hecho por un grupo ajeno a todos los estilos que estamos comentando en esta entrada, pero luego la banda optaría por la simpleza en los discos posteriores. Una característica que yo percibo es que tienen mejores estrofas que estribillos. Algo que se da casi siempre. Esto puede ser por incapacidad, pero algo me dice que ven a esa parte de las canciones como algo pop, como una concesión que no quieren hacer, como la venta al sistema.
Alejandro Sokol sería el cantante de los primeros trabajos de la banda. Su forma de cantar es peculiar. Enfatiza la “r” y la “v” y es una verdadera sorpresa, habiendo sido un simple instrumentista en Sumo. Vivió, al igual que Luca, con numerosos problemas personales, drogas incluidas. Su personalidad siempre fue tímida y algo depresiva (ver fotos: casi siempre sale en segundo plano, cuando su importancia en la banda era decisiva). En mi opinión, sin ser un genio ni por asomo, fue el miembro más talentoso del conjunto. Fue separado de la banda en 2008 y falleció poco tiempo después cuando intentaba un proyecto nuevo (la banda El Vuelto S.A.)
En la otra punta está Germán Daffunchio. Al principio líder en las sombras del grupo, no cantaba. Se animó en los discos posteriores e intercalaba protagonismo con Sokol. Hasta que en Esperando el milagro (2003) y Basta (2007) le pone voz a la mayor parte de las canciones. Después del alejamiento (y posteriormente muerte) de Sokol, quedó como único líder de la banda. Para mí es un tipo con muy poco talento, dueño de una voz verdaderamente aburrida y de canciones realmente mediocres.
En resumen, Las Pelotas fue y es una banda del montón. Sacando a Corderos en la noche, no han aportado demasiado al rock nacional. Sin Sokol no le pongo muchas fichas, pero siempre puede haber sorpresas. Por lo menos, de la misma manera que Divididos, últimamente muestran una mayor aceptación de los estribillos pop. Habrá que ver qué sale de eso.


Banda 4: Pachuco Cadáver

Una tercera porción del disuelto Sumo año 88 partió hacia España. Se trataba de Roberto Pettinato, saxofonista, hoy conocido por todos debido a su labor como conductor televisivo. En esa época fue el menos famoso de los ex compañeros de Prodan y lideró la banda Pachuco Cadáver, que quedó como un proyecto de culto, y nada más que eso.
Vamos a contar un poco la biografía de Roberto. Pettinato era periodista en los comienzos de los años ochenta. Trabajaba en la revista Expreso Imaginario. Ingresó como redactor y finalmente llegó a ser director. Entrevistó a Prodan luego de asistir a un recital en los comienzos de Sumo y comenzó a ser su amigo. Le contó que tocaba el saxo y tiempo después se hizo parte del conjunto.
Pettinato en Sumo no fue un integrante menor. Fue una de las caras más importantes. Reconozcámoslo: si no fuera por su popularidad posterior ni lo nombraríamos en este blog (¿alguna vez dije que nombrar sesionistas o miembros subordinados de las bandas me parece una pérdida de espacio en las críticas de rock?) pero eso no quiere decir que ahora no admitamos su talento.
La línea de saxo y la totalidad de la letra de “Los viejos vinagres” pertenecen a él. Gran parte de “Lo quiero ya” también. Y su saxofón omnipresente en varios temas de Sumo (empezando por “Divididos por la felicidad”) también. Ese sonido fue una marca personal del grupo y eso fue gracias a Petti.
Luego de la muerte de Luca, Roberto se fue con Divididos (según él compuso algunas letras de lo que luego sería 40 dibujos ahí en el piso), pero al poco tiempo abandonó. Terminó radicándose en España y formando el dúo Pachuco Cadáver con el tecladista Guillermo Piccolini.
El éxito nunca llegó, pero hay que reconocer que se trata de un estilo de música difícil. Nada que ver con el rock para las masas de Divididos y Las Pelotas. Pettinato tenía influencias del free jazz, del punk under, de Frank Zappa. Hicieron dos discos que no están tan mal. En el mejor de los casos, pueden verse como discos de culto.
Y así fue como en los primeros noventa regresó a la Argentina y poco a poco se convirtió en una estrella de televisión. Su estilo humorístico (que siempre había tenido) le permitió liderar programas antológicos de la televisión argentina (Duro de acostar, Indomables) y así se hizo conocido por todos. Paralelamente hizo discos como El yo saturado y Música anticomercial, este último un disco ortodoxo de free jazz.


Fin NSF:
Para cerrar, podemos decir que los seguidores de esta corriente del rock argentino me odiarán por lo dicho. Me acusarán de que no escuché los discos con el tiempo necesario, de que prejuzgo a la banda, de que me paga Cerati, qué sé yo. Intentarán justificar con excusas lo que es demasiado sencillo: no me gustan estas bandas. Después de haber escuchado la totalidad de sus discografías me siento tan ajeno a ellas como cuando de chico presencié aquel recital del Buenos Aires Vivo de Divididos. Esto no me habla a mí. Y eso significa que no le habla a una buena cantidad de jóvenes que piensan como yo. Rechazamos este rock. Izamos la bandera de la belleza y descartamos la del ruido. En este tipo de opciones radica la virtud de la crítica. Para repetir lo que la mayoría piensa, bueno, para eso hay que asistir a la puerta de cualquier festival.

SUMO, DIVIDIDOS, PELOTAS DISCO X DISCO

SUMO OFICIALES:

Divididos por la felicidad (1985) - **1/2
El disco empieza con “La rubia tarada”, uno de los hits más grandes del grupo. La letra siempre me pareció muy previsible. No es otra cosa que el típico “soy rockero y los chetos son tarados”. Parece sacado de la primera página del Manual del Músico Rebelde. Nunca comprendí por qué se piensa que Luca está diciendo una verdad escondida en este tema. Musicalmente no es mala y comparte con “Debedé” la característica de tener cierto aire disco que me parece lo más interesante del grupo (en el próximo disco está “Los viejos vinagres” que también transita el mismo camino). Pero la letra…
Los otros dos temas más famosos del LP son el insípido “Divididos por la felicidad” (Luca siempre dijo que Virus le parecía un grupo “frío”, pero, a excepción del saxofón del comienzo, este tema supera en ausencia de vida a cualquier pasaje grabado por el grupo de Federico Moura) y “Mejor no hablar de ciertas cosas”, que tiene letra del Indio Solari, y que está verdaderamente falto de gancho (“pero no… mejor no hablar de ciertas cosas”, ¿eso es un estribillo?).
El resto del disco tiene reggae. Para 1985 ya no era novedad en Argentina, aunque es justo reconocer que Luca lo había introducido mucho antes en el país con el grupo paralelo Hurlingham Reggae Band. Aquí suena completamente chato y aburrido. Oscuro y casi hipnótico. Le quedó parecido a Sandinista! de The Clash. Quien espere las melodías de un Marley, bueno, quedará esperando.

Llegando los monos (1986) - ***
Este disco es mucho mejor que el anterior. Hay tres temas que me gustan: “Estallando desde el océano” (el cambio melódico que hacen de estrofa a estribillo, en el minuto 0:55 y en el 2:30, es de una complejidad tal que parece de otra banda), “TV Caliente” (también conocida como “Virna Lisi”, es un homenaje a la actriz italiana, o mejor dicho, una canción de amor sexual sobre ella) y “No Good” (¡un reggae bueno!, les salió lindo el punteo de guitarra cuando se escucha el estribillo; igual no festejemos, hay dos reggaes malos: “Que me pisen” y “Rollando”).
Está bueno que esta vez la banda no se queda en el ritmo jamaiquino como en Divididos por la felicidad. Apuesta fichas al punk (“El ojo blindado”, no demasiado atrayente) y al protodisco (el hit “Los viejos vinagres”, con protagonismo del saxofón de Pettinato). Y mezcla estilos que dan una onda propia a la mayoría de las canciones (“Nextweek”, por ejemplo). ¡Bien por la diversidad!!
Hay un tema “importante” en el LP. Es “Heroin”. De letra previsible (“Pero hay una cosa/ una cosa que no puedo olvidar/ porque está en mi cabeza/ y pienso en ella cuando estoy en la cama/ ¿sabés lo que es?/ heroína”). Musicalmente es pésima. Claro que todos los fanáticos dicen… qué groso este tipo. En fin.

After Chabón (1987) - ***
Más o menos en el mismo nivel que el LP anterior (tal vez un poquito peor), After Chabón tiene también algunos buenos momentos, algunos momentos maso maso y otros olvidables.
Para cambiar un poco, empecemos por los malos: los reggaes oscuros “Ojos de terciopelo” y “La gota en el ojo” (dignos de las partes más aburridas del primer disco), “El cieguito volador” (causa gracia y ternura escuchar a Luca con su castellano imperfecto decir “Los murciélagos se quedan/ abrigaditos en cuevas tristes”, pero melodía acá no hay) y “No te pongas azul” (un somnífero, sin variaciones, hipnosis pura).
Ahora veamos los momentos maso maso. No son realmente buenos, pero tampoco molestan. “Banderitas y globos” es un punk que está en la onda del “El ojo blindado”, no inventa nada pero le da movilidad al disco, lo sacude un poco. “Lo quiero ya” tiene una frase inicial buenísima (“Hasta que choque China con África/ te voy a perseguir”) y un devenir aceptable. “Percussion Baby”, el tema que cierra, es un reggae dinámico, agradable.
Cerramos este comentario con los buenos momentos, los que lo hacen a uno volver al disco: el aire celta de “Crua Chan” (influencia de la infancia escocesa de Luca), el reggae pacifista “No tan distintos (1999)” (un clásico que cualquiera escuchó 100 veces), “Hola Frank” (aunque la voz, vista desde hoy, se parezca a Jazzy Mel) y, por supuesto, “Mañana en el Abasto”, un tema que musicalmente es monocorde, pero que en las letras define a Luca como un outsider mucho mejor que “Heroin”, “La rubia tarada” y todas las demás juntas. El tipo no sólo hace una perfecta radiografía de lo que ve (“tomates podridos/ por las calles del Abasto”) sino que se posiciona ajeno a todo eso, y no sólo a eso, que era fuertemente extraño para un inmigrante, sino también a todo tipo de vida normal (“José Luis y su novia”, por ejemplo, aparecen como algo totalmente externo e inalcanzable). El, aunque en la canción no lo diga directamente, no es otro que el “hombre sentado ahí con su botella de Resero”. Una de las mejores letras del rock argentino. Tal vez el único momento en el que el artista alcanza el prestigio de la leyenda.


SUMO PÓSTUMOS:

Fiebre (1989) - **
Este disco se editó después de la muerte de Luca. Es una especie de recopilación de temas inéditos: algunos, la mayoría, fueron grabados en estudio y otros, cuatro, en vivo. Esto hace que el LP sea profundamente desparejo en cuanto a calidad sonora. A eso se le suman algunos covers (“Fever”, un tema que solía cantar Elvis Presley, “Day Tripper” de los Beatles y “Redemption Song” de Bob Marley). En síntesis: es un rejunte de lo que se pudo conseguir para agrandar la discografía muy escasa de un artista que ya para 1989 era tomado como bandera por muchísimos jóvenes.
El resultado artístico es lamentable en varios casos. Algunos temas tienen tan bajo nivel que el mismo Luca los ignoraba al momento de seleccionar tracks para sus discos oficiales. “Callate Mark”, dedicada a Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, es un ejemplo. Impresentable. Lo mismo ocurre con “Déjame en paz”, “Al repalazo”, “No más nada” y “Cuerdas, gargantas y cables”. Se nota mucho que son descartes y eso hace que uno se pregunte acerca de la conveniencia de la edición de este tipo de discos, que ponen a disposición del público algo que el artista, en vida, prefirió esconder.
Sin embargo, milagrosamente, no todo es desechable. “Pinini Reggae” es mejor que buena parte de los temas de Divididos por la felicidad, “Brilla tu luz para mí” (que hubiera formado parte del cuarto disco de estudio oficial de la banda si Luca no hubiera muerto) está bien. La mejor es “Aquí vienen los blue jeans” con efectos de voz similares a los que usaba David Bowie por aquella década de los años 80. No voy a decir que son perlas entre escombros. Pero algo es algo.

Corpiños en la madrugada (1993) - ***
Este disco es en realidad el primero de la banda. Sin el apoyo de Sony todavía, se editó en 1983 exclusivamente en casete en forma muy limitada (300 copias) y tuvo escasa repercusión. Muchas de sus canciones luego se publicarían (regrabadas, o sea: en versiones diferentes a las que están acá) en los tres discos oficiales de la banda. Pero no todas. Por ejemplo, “Teléfonos/ White Trash” y “Fuck You”, muy conocidas, no están en ningún otro LP que éste.
Vamos por partes. Las canciones famosas que ya estaban aquí son “La rubia tarada” (la versión de Corpiños tiene más bajo y menos disco que la conocida por todos), “Mejor no hablar de ciertas cosas” (en donde Luca canta un poquito más lento y cansino que en la versión más famosa), “Banderitas y globos” (con la voz en un volumen mucho más bajo), “Divididos por la felicidad” (casi igual), “Debedé” (con el bajo mucho más alto, un poco más lenta y con Luca cantando más tranqui) y “Nextweek” (con la presencia inexplicable del saxofón en todo momento).
Las otras, las que no se editaron en los 3 discos hechos para Sony, son malas y buenas. Malas son “Night and Day”, “Fuck You” (griterío punk ortodoxo), “Warm Mist” tal vez (tiene un aire a Pink Floyd). Las buenas son varias. “Quiero dinero”, dedicada a los dueños del bar Einstein, uno de ellos el después tristemente célebre Omar Chabán. “Solo piano” con Luca tirando aguditos, muy bien. “Breaking Away”, un buen reggae. Y “Teléfonos/ White Trash”, la mejor, también conocida como “Teléfonos sonando en habitaciones vacías”. Empieza tranquila para después explotar con un “ska, ska, skabadubideh” y una parte de saxo inigualable. Un clásico, que se popularizó gracias a una versión que hizo Attaque 77 mezclándola con “Amigo” de Roberto Carlos.
En síntesis: Si se piensa que este disco es del 83 salta a la vista que fue un OVNI para el rock argentino. Punk, reggae. Un año antes estaban todos los pelilargos con la guitarrita en el festival por las Malvinas. Ahora bien, si lo vemos ahora, después del éxito de Sumo, habiendo conocido las canciones en otras grabaciones, bueno, es a) un documento histórico, b) una rareza (con versiones peores pero distintas) y c) un disco con tres canciones nuevas buenas. No es poco.

Time Fate Love (1996) - **1/2
Este disco no es de “Sumo” sino de “Luca Prodan”. Se trata de una compilación de grabaciones hechas en la provincia de Córdoba durante el año 1981. Sorprende que aquí, en buena parte de los temas, el artista canta con el acompañamiento de una guitarra acústica, algo que contrasta fuertemente con el estilo ruidoso de su producción posterior.
En el LP hay un solo cover (“Going Up the Country” de Canned Heat), y tres temas que luego serían regrabados para discos oficiales (“Regtest”, “Virna Lisi” y “Divided by Joy”, esta última muy cambiada). El resto es inédito.
Time Fate Love tiene un track muy bueno, “Lament”. No sé por qué razón Prodan la tenía escondida durante la época de Sumo. Se trata de una de sus mejores composiciones. Es una canción melancólica en la línea de Nick Drake. El registro de voz mostrado aquí por Luca, con agudos muy agradables, supera por lejos a la voz resistente y gritona que mostraría después.
El resto de los temas no alcanza tal pico, pero tampoco es desastroso. En resumen: se trata de un disco interesante que ilumina una faceta escondida del artista. A mí mucho no me llena, pero reconozco que me hizo ver a Luca de otra manera.

Perdedores hermosos (1997) - *1/2
Se ve que envalentonados por el relativamente aceptable resultado del disco anterior, los amigos de Luca (con Timmy Mackern a la cabeza) se mandaron con un nuevo conjunto de temas inéditos. Lamentablemente, el resultado no está a la altura de lo conseguido anteriormente. Pero sigue sumando a la hora de entender a la persona por encima del personaje.
Esta vez son temas del 81, 82 y 83. La mayor parte de las grabaciones fue realizada en Hurlingham. Hay un cover de David Bowie (“Soul Love”, más acelerada y reggae que la original) y otro de Lou Reed (“Billy”). El resto son temas propios nunca más grabados por el artista.
El estilo musical es similar al de Time Fate Love. Vuelve a destacarse una canción (“Luces rojas”). No es una perla como “Lament” pero es claramente superior al resto del LP. “Reggae Blues”, en tanto, es una innovadora mezcla entre los dos géneros. El resto, a mí personalmente, no me gusta. No encuentro melodía en “Cada día” ni en “Lloviendo en Londres”. Y, sumadas a “Canción de Nick” y “Solid Air”, me aburren profundamente. En fin: ese es el riesgo de un disco con guitarra acústica como este. Lo escuchás un domingo con lluvia y te pegás un tiro. 


DIVIDIDOS
 
40 dibujos ahí en el piso (1989) - ***
El primer disco de Divididos tiene un inconfundible olor a Sumo. Mollo canta bastante parecido a Luca. Con los años el grupo irían encontrando su propia identidad, pero aquí todavía están en deuda con el fallecido ex líder.
Es bueno decir aquí que comercialmente a este LP le fue bastante mal y que el grupo se arrepiente un poco de haberlo grabado (escuchar “Volver ni a palos” de 1996, o ver el lugar que le asignan a estas canciones en los shows en vivo).
Para mí, que en el caso Sumo-Divididos-Pelotas pienso todo al revés, es uno de sus mejores discos. La verdad que no termino de comprender qué es lo que valoran los fans. Si la aplanadora, el sonido fuerte, las guitarras a lo Hendrix, en fin. Este disco es superior a los más prestigiosos del grupo. Lo banco.
Hay un tema espectacular que se llama “Un montón de huesos”. La letra, breve, elude todo romanticismo y juega a esconder la palabra “piel” (“¿Qué hay debajo del amor?/ un montón de huesos”). La música, en tanto, exhibe un triunfalismo que solo el rock anglosajón (pienso en Bruce Springsteen) nos tenía acostumbrados a escuchar. Otros buenos temas son “Che, qué esperás”, “Haciendo cosas raras”, “La mosca porteña” (en menor medida), el instrumental “La foca” y “Camarón Bombay”, que inaugura la veta humorística en la banda.
No nombré siete temas. Bajan bastante el nivel. Pero bueno, en balance, a mí me gusta este disco. Además, ¡no suena como aplanadora!! Hagan la prueba: escuchen los primeros segundos del tema “Gárgara larga”. ¿Parece Divididos?

Acariciando lo áspero (1991) - **1/2
Este es el primer LP en donde aparece la banda tal como fue conocida por la mayor parte de las personas: una combinación de rock fuerte (“aplanadora” dicen los fans), con folklore y humor. Rompen totalmente con la herencia de Sumo.
En este LP hay tres temas muy famosos que son pésimos y nunca entendí como le gustan a la gente: “El 38”, “Aladelta” y “¿Qué tal?”. Hay potencia, sí, ¿y la melodía? Se la olvidaron. Me molesta profundamente esta concepción del rock, que cree que si el sonido tiene un nivel alto (“y te vuela la peluca”, ja) se consigue un sacudón en las cabezas. No muchachos. Va por otro lado la cosa.
Sin embargo, este grupo que parece defender corporativamente al rock duro, cierra el disco con un folklore calmo como “Haciendo cola para nacer” (muy bueno) en donde se incorpora la reflexión sociocultural con la línea “nace un hijo negro/ cachetazo al rock”. Vale la pena felicitar al grupo por la inclusión de la temática racial en el rock, algo que nunca se dice.
Bueno, pero sigamos con los temas. “Sábado” está buena (en especial cuando dice “dá la vuelta y besame”). “Sisters” y “El burrito” también. Junto a la anteriormente nombrada “Haciendo cola para nacer” forman un oasis de cuatro temas en el desierto del ruido.

La era de la boludez (1993) - **1/2
Este es peor que el anterior y, paradójicamente, fue más famoso. Tiene una onda folklórica en buena parte de sus temas (apuntalada por la producción de Gustavo Santaolalla, ver especial hecho anteriormente por este mismo blog). Y tiene al hit “¿Qué ves?”, que es uno de esos temas que uno ni odia ni ama. Que pueden haber sonado 80.000 veces (de hecho, este sonó) y no llaman la atención.
Recuerdo que en alguna Rolling Stone vieja se decía que la versión que hacen de la chacarera “El arriero” de Atahualpa Yupanqui “suena tan natural que parece que tal género mixto hubiera existido desde siempre”. Es insólito, pero lo que pienso es exactamente lo contrario: suena pegada con voligoma. Le quita toda musicalidad. Años después Calamaro hizo una versión del mismo tema para el disco El Cantante y le demostró al público joven que la canción era mucho mejor de lo que parecía.
Divididos se sumerge en una lava de ruidos que aplanan (je) la música. Pero lo folklórico y nativo no sólo aparecen en la música. También están en letras como “Indio dejá el mezcal” o “Cristófolo Cacarnú”. Como dije con respecto al disco anterior, me parece bien que traten esos temas.
Salvo tres tracks de la mediocridad musical. “Rasputín” y “Paisano de Hurligham” que zafan y “Ortega y gasés” que está buena en serio.

Otro letravaladna (1995) - **1/2
Con este disco (que lleva como título “Andá a lavarte el orto” escrito al revés) les fue bastante mal tanto con el público como con la crítica. Se decía que era más de lo mismo y peor. Comparto ese diagnóstico, con la diferencia obvia de que a mí lo anterior ya no me gustaba, pero bueno.
Yo voy a rescatar la faceta humorística del LP: la conversación entre Mollo y Arnedo haciéndose los tangueros viejos en “Volver ni a palos” (muy bueno lo del “Chichipío Wilson”, jaa) y los separadores que hicieron para “Basta fuerte” (“Pinocho Pelotari/ mujer, nena, hombrecito, perrito cualquiera/ hombre/ … debieras pitar”), que dicho sea de paso es la mejor canción del disco y una de las mejores de la historia de la banda (ver la influencia de Hendrix al comienzo). Realmente momentos muy graciosos, innovadores en un rock argentino solemne que parece que nunca escuchó a Frank Zappa.
El resto es tal cual como dijeron los medios. Lo mismo de siempre, pero un poco peor. “Tomando mate en La Paz”, “Agua en Buenos Aires” no tienen onda. Temas realmente tan débiles que no gustaron ni siquiera a los “periodistas objetivos”. Claro que los fans bancan todo.

Gol de mujer (1998) - **1/2
El quinto disco de estudio de la banda tiene tres temas buenos. “Alma de budín” (sobre el Oeste y los trenes, para los que dudaban de que Divididos tiene algo de “rock barrial”), “Nene de antes” (fue el primer corte, bien la melodía) y “Amor japonés” (conmovedor el final con la cita a “El anillo del capitán Beto” de Spinetta).
A eso le sumamos un excelente sentido del humor que, como mínimo, está a la par del que tenía el disco anterior. El track “Niño hereje” es en mi opinión el momento más gracioso de toda la historia del rock nacional. Parodia a una típica fiesta campesina en donde un niño se pone a zapatear (“eeesa Paquito”, se escucha) y la forma de cantar es exagerada (diciendo “hereje” como emocionado y exaltado después de decir “niño”). El tema es excelente.
Lamentablemente el resto del disco es lo de siempre. Malísimo. Con dos picos. 1) “Luca” un homenaje al ex líder de Sumo. Musicalmente es pésima y tiene una letra desastrosa (cuando dice “y ahora quién sirve el vermú” da vergüenza ajena). Deberían haberse tomado un poco más de tiempo para hacerle una canción a alguien tan importante en sus vidas y en la vida de su público. 2) “Sobrio a las piñas”, con un pasaje que cita a la Mona Jiménez y su “Quién se ha tomado todo el vino”. El tema es verdaderamente anémico, me quedo 1.000 veces con el original de la Mona.

Narigón del siglo (2000) - ***1/2
Con este disco volvió el Mollo flaco, después de años de gordura. Esta sería sólo una anécdota sino fuera porque ese cambio estético se produce en paralelo a cierto repliegue de la faceta “aplanadora”. Así es como Narigón del siglo incluye canciones con cierta tendencia pop que es (o mejor dicho, era) extraña en el grupo. Ver “Spaghetti del rock”, “La gente se divierte” y “Como un cuento”. Cualquiera de las tres hubiera sido descartada por blandengue en los discos previos de la banda (ni hablar el verso “besos por celular” de “Spaghetti…”).
Yo creo que es el mejor LP de Divididos. Le ponen más atención a las melodías. Sencillamente, me parece que el tipo deja de gritar y se pone a cantar. Los tres temas previamente nombrados están buenos, pero también “Vida de topo” y especialmente “Tanto anteojo”, una feroz crítica a la crítica de rock. Ricardo Mollo demuestra a la perfección que es tan válido opinar sobre un artista como hacerlo sobre un crítico. Y lo hace con una canción excelente que tiene su punto cumbre cuando dice “narigón del siglo/ yo te dejo perfumado en la esquina/ para siempre”. El cambio musical que logran antes de ese pasaje es buenísimo.
Obvio que hay también canciones que se ajustan al estilo aplanadora (“Casi estatua”, “Elefantes en Europa”). Esta vez no salieron tan mal. Complementan un disco disfrutable, para escuchar con el volumen alto, pero también para tararear en la ducha.

Vengo del placard de otro (2002) - ***
Este disco no me gustó tanto como el anterior, pero me guardé un par de temas. Tanto “Cajita musical” como “Libre el jabalí” son ruidosas pero tienen algún gancho en la melodía. No me llaman la atención pero las salvo. No obstante, las que vuelvo y vuelvo a escuchar son “Ay que dios boludo”, “Brillo triste de un canchero” y “Pepe Lui”. Son tres lentas. Me parecen de lo mejor que dio el grupo. A esa podría sumar el excelente folklore (“Guanuqueando”, del jujeño Ricardo Vilca) que cierra el disco.
Al resto del LP no le doy ni pelota. Indiferencia total. El tema que da título al álbum es flojísimo. “Casitas inundadas a votar” también. Yo creo que si hacían otro disco en el nivel de Narigón me ponía la remera y tal vez hasta me tomaba el tren a Hurlingham para ver si los veía por la calle. Pero no: no están a la altura. Vengo del placard del otro se queda en el medio. Pudo haber sido una obra maestra y sólo es un buen disco.


AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Amapola del 66 (2010) – **1/2
            Es increíble. Hay dos Divididos. Este LP es claramente un paso atrás en la carrera del grupo porque vuelve a mostrar el Divididos viejo. Ese que en Narigón del siglo y Vengo del placard de otro parecía ya dejado atrás.
            Me explico. Los dos Divididos se diferencian, básicamente, por la voz de Ricardo Mollo. Escuchemos “Amapola del 66”, “Jujuy”, “Boyar nocturno”, “Todos”. Allí todo parece pesado. Denso. Es como si le costara cantar. Como si fuera más lento que los instrumentos. Ahora vamos al Divididos nuevo. Oigan como canta Mollo en “El perro funk”, en “Mantecoso”, en “Caminando”. Yo me quedo con el pop 2000.
            Amapola del 66 es un disco que remite todo el tiempo a los años 60 (“la madre de este invento fue la angustia/ hoy la industria”, pero hay muchas frases más). Y tiene, como es habitual en el grupo, varias referencias al folklore. Claudio Kleiman (Rolling Stone) en su excelente crítica del disco marca que “Amapola del 66” termina en ritmo 6X8. No es el primer caso en el rock nacional (algo así hacen los Super Ratones en la olvidada “Cornalitos fritos”). Pero es más que elogiable esa mutación rítmica. Más folklore hay en “La flor azul” (una chacarera). Otra parte relacionada a eso es el recitado inicial de “Jujuy” (grabado previamente, en resolución claramente inferior al resto del LP), de fondo van apareciendo los instrumentos rockeros. Queda buenísimo… hasta que entra la voz de Mollo y ahí uno se duerme.
            PD: alguna buena melodía hay en “Hombre en U”, “Buscando un ángel” y “Muerto a laburar”, pero a mí no me alcanzó.
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LAS PELOTAS
 

Corderos en la noche (1991) - ****
Este LP es un verdadero milagro, teniendo en cuenta el nivel general de los discos que estoy reseñando en esta entrada. Ni Sumo, ni Divididos ni Las Pelotas después se acercan al nivel de Corderos en la noche. Sencillamente es otro estilo de música. Pongamos un ejemplo: “Levanta polleras”, incluido aquí, parece cantada por Enrique Bunbury de Héroes del Silencio o por Richard Coleman de Fricción. ¡Pero es Sokol!!!
Mencionemos todos los méritos: la citada “Levanta polleras” no es el único buen tema. “Bombachitas rosas” está buenísima (una balada sostenida por guitarras, muy agradable), “La vaca y el bife” tiene una letra humorística espectacular (algunas frases son “en un futuro cercano sería mi comida”, “la llevaron/ terminó echando humo en una parrilla”, jaa), “Corderos en la noche” y “Movete” están cantadas con una garra tremenda (prestar atención a como Sokol pronuncia las “v” y las “r”).
Quiero cerrar este mini comentario con una mención a “Sin hilo”, sin dudas uno de los mejores temas de toda la historia del rock nacional. Aquí no hay ruido como en Divididos, hay adrenalina. Hace poco vi un video de You Tube en donde estaba Alejandro Sokol ya en la época de El Vuelto SA. El sonido era malo y el artista ya estaba algo deteriorado de salud. Pero cuando empiezan a sonar los primeros acordes de este tema, se me puso la piel de gallina. Rock indestructible, viniendo de un artista impensado.

Máscaras de sal (1993) - **1/2
A este disco le pasa lo mismo que a Divididos por la felicidad de Sumo. Se zarpa con los reggaes oscuros y termina siendo aburridísimo (ejemplo “Músculo”). Parece otra banda que aquella que mezclaba estilos y tocaba con toda la polenta en Corderos en la noche. Acá se refugian en lo cuadrado al mejor estilo Prodan. Realmente para dormir.
No todo es malo, intercaladas con 10 canciones malísimas, hay tres buenas. Son 1) el hit “Capitán América” (recuerdo el muy divertido video con Sokol disfrazado del Capitán), 2) “Senderos”, un buen lento, 3) “Tucán”, el único buen reggae del LP, en donde satirizan al género, tiene una muy buena línea de texto cuando dice “Si vos querés venir conmigo a Santa Clara de Morris/ no te vas a agrandar, como si fueras Chuck Norris”.
El problema de este disco es que tiene una sucesión de canciones chatas, malas y aburridas todas juntas. Son como 5, una después de otra. Eso hace que al oyente (por lo menos a mí) se le haga imposible escuchar el LP entero. A no ser que sufra problemas de insomnio. Ahí sí lo recomiendo.

Amor seco (1995) - *1/2
Este disco fue bastante criticado en el momento de su edición. El público acompañó menos que antes (las ventas fueron bajas). Es comprensible: es el LP más flojo de toda la discografía. El corte “¿Hola, qué tal?” no está mal, pero es muy débil si recordamos a los singles de los discos previos. Y el LP, en su totalidad, está repleto de temas malos.
Por ejemplo, “Ella está muerta”, es un bolero sobre la impotencia sexual durante una relación (“no se me para/ no se me para/ no pasa nada”). ¿Graciosa? Mmm. Y eso que no es de lo peor en cuanto a melodía del disco. Para eso están “Chupa chupa”, “Combate”, “El ñandú”. En fin: la gran mayoría.
Tal vez hay una excepción. No es una gran canción pero está claramente por encima del nivel del resto del disco. Es “Hawaii”. Lenta, con aire a serenata mexicana. Agradable de escuchar y además con linda letra (“Luna de miel en Hawaii/ el sueño realizado/ ahora volvemos y está todo mal/ ya no es Hawaii, es Buenos Aires”). Me hace acordar a una película de Billy Crystal que se llama Olvidate de París. Simpatizo con ese tipo de ficciones.

¿Para qué? (1998) - ***
Buen disco. El mejor LP desde Corderos en la noche. El tema lento que le da título está bueno. Recuerdo que me había gustado cuando lo lanzaron como corte en 1998. Y me sigue gustando cuando lo revivo ahora. Muy bien cantado por Sokol. Lo mismo puedo decir de “Menos mal”, otro buen tema lento.
También se incluyen dos canciones muy dinámicas como “El peor” y “El día después”. Esta última tiene a Germán Daffunchio en voces. Me suele parecer aburrida su forma de cantar, pero en este tema convence. Debe ser porque es realmente una buena composición.
El resto del disco tiene cosas aceptables (el reggae “Transparente”, que inicia el disco con un riff muy entrador, “Cuando podrás amar”, la latinosa “Uva uva”, tal vez el aire celta que recuerda a “Crua Chan” de “Pará con la papa, papá”) y cosas flojas (“Te digo”, infantil, con forma de cantar en joda, que dice en el estribillo “te digo/ te digo lo que digo/ te lo digo o no lo digo/ te lo digo o no lo digo”). Pero en conjunto es un LP que aprueba cómodamente.

Todo X un polvo (1999)**1/2
Este es un disco mediocre en el mejor y en el peor sentido de la palabra. Tiene un perfil muy bajo. No hay hits ni grandes picos artísticos. Pero tampoco hay partes malas. Hay un nivel general muy parejo. Conforma a quienes valoran el trabajo de la banda en su conjunto. Pero decepciona a quienes le piden el plus, que la banda, en mi opinión, sí dio en Corderos en la noche y ¿Para qué?
Lo primero para destacar es que cambia bastante la forma de cantar de Alejandro Sokol. Algunos dirán que se hace más previsible, y otros alegarán que se hace más reconocible. Un dato: en el compilado Selección editado en 2001 se incluyen reversiones, con esta nueva forma de cantar, de los clásicos “Bombachitas rosas” y “Corderos en la noche”.
Volviendo a Todo X un polvo puedo nombrar a “La mirada del amo” o a “Boca de pez”, pero no son realmente grandes, grandes canciones. Sí quiero hacer un comentario sobre una letra: me molesta la crítica política fácil de “Maldito poder” (“qué hay que hacer, si ríen/ qué hay que hacer, si no escuchan/ ¿hasta cuándo?”). Caen en el facilismo de los 90, del desencanto con la política y el rechazo en bloque a todos los partidos.

Esperando el milagro (2003) - **1/2
El LP abre con “Será”, el máximo hit de la historia de la banda, el tema que los llevó a un nivel mayor de convocatoria (liderar o estar entre los líderes de festivales del tipo Pepsi Music). Nunca me gustó el tema. No entiendo como la gran mayoría de la gente afirma que se trata de una buena canción. Me parece que la melodía está copiadísima del ABC del rock, tiene cero innovación. Puede gustar la estrofa (la parte musical que dice “es como la fiebre cuando quema”), pero el estribillo y el riff del comienzo me parecen completamente aburridos. La forma de cantar de Daffunchio parece no tener vida. Vida que sí aparece en el tema 2, “Mareada”, cantada con la polenta de Alejandro Sokol.
Nombro tres temas buenos: “Día feliz” (otro que no va a cambiar el rock, pero al menos contagia adrenalina), “Abejas” (lento, medio cursi, pero con buena música) y “Si sentís”. Pueden hacer a uno volver al disco, pero tampoco se trata de obras maestras.
Las demás canciones del LP no son malísimas, pero tienen un nivel algo inferior al de Todo X un polvo. “Tomás X”, “Rey de los divinos”, “Esperando el milagro” están cantadas por Daffunchio y son un somnífero. Junto a una tapa horrible, redondean un disco flojo, que fue muy bien vendido, contra todos mis pronósticos.

Basta (2007) - **1/2
Indudablemente, en el disco anterior y en éste la presencia de Alejandro Sokol se hizo minoritaria en comparación a la de Daffunchio. Es un cambio que en mi opinión le hizo muy mal a la banda, pero que por ahí era la única opción que se podía tomar: Sokol atravesaba una dolorosa adicción a las drogas y era difícil trabajar con él.
La temática de este disco habla de relaciones interrumpidas (ver simplemente los títulos de las canciones: “Basta”, “Dicen que la distancia”, “Partidos”, “Ya no estás”). Yo creo que tienen varios significados. Uno de ellos es el desencanto con la política, el quiebre de una relación sentimental, y por qué no, la inminente separación de Sokol de la banda.
Analicemos el disco: empieza mal. Los aires tecno de “Basta”, la canción, no ocultan el previsible estribillo que repite casi sin musicalidad el nombre del tema. “Como un buey”, que fue el primer corte del disco, es de Sokol pero no es de sus mejores temas. “Siento”, “Partidos” y “La brisa” pueden gustar a algunos, pero para mí no son gran cosa. El panorama mejora con los temas siguientes: “Buscando un camino” tiene un muy buen estribillo (el corito femenino, muy bajo, que está detrás de la voz principal, es muy agradable), “Dónde te escondes” (un tema redondo, con un puente que termina haciendo de estribillo, muy buena).
En fin: un disco medianamente aceptable. A Sokol lo dejan de lado, pero Daffunchio no está tan mal como en el resto de los discos de la banda. Tampoco podemos decir que se manda un buen número de temas inolvidables. Hay dos temas recordables, no es poco teniendo en cuenta sus antecedentes.

AGREGADO EL 22 DE JULIO DE 2009
Despierta (2009) - *1/2
Primer disco del grupo sin Alejandro Sokol. La temática del LP es una mezcla entre a) el desencanto por la política, b) la esperanza y el optimismo en relación a la vida, c) la autenticidad, en relación a la falsedad. Analicemos uno por uno.
El desencanto por la política ya estaba en discos anteriores. Pero aquí está potenciado. Por ejemplo, en el tema inicial, “Saben” se escucha un coro de niños que exclama “Dicen que cooperan en arreglar el mundo/ pero en realidad les chupa un huevo”. Algo parecido dice “La semilla”: “siempre quieren más/ más ambición/ más poder”. Me parece una crítica facilista, que agrupa a toda la política en bloque. No muy diferente a lo que se escucha en cualquier esquina. Y que, además, renuncia a todo cambio social.
La esperanza y el optimismo en relación a la vida sorprende ya que algunos podían esperar que se tratara de un disco-bajón después de la muerte de Sokol. Pero no, hay versos que bordean la autoayuda: “No tengas miedo de lo que vendrá/ iluminá tu camino” (canción “Que estés sonriendo”). Como dije en relación a algún disco de Catupecu Machu: no me parece muy distinto a quedarse hasta la medianoche a escuchar el programa de los brasileros religiosos.
El tercer tema sería la autenticidad, algo que viene desde la época de Sumo. En “Pasajeros” se escucha “no hay que vivir fingiendo/ la cosa está al revés”, en “¿Qué podés dar” suena “qué podes dar/ realmente dar/ que está en tu corazón/ y no en aparentar”. Para mí esto se hace para el poster. Para decir “no somos caretas”. En fin: pura pose.
Eso fue una reflexión sobre las letras, sin embargo, los discos también se hacen con música. Aquí hay temas estruendosos, reggaes, canciones lentas. La voz de Daffunchio es aburrida y tiene como principal característica la enfatización (o ralentización) de ciertas vocales. Ver cuando dice “mañaaaana” en “Destellos”, “pueeeeerta equivocada” en “Pasajeros”, “porque el ciiiieeeelo” en “Una tregua” y hay varias más.
Evaluando los temas por su música podemos decir que hay poco para rescatar. Me quedo con la segunda voz, puesta por Fernando Ruiz Díaz, que está al fondo de “Si quisiste ver” (cuando dice “para que seguir con ese verso”), me quedo con “Personalmente” y la guitarra eléctrica que sostiene el tema, me quedo con el estribillo reggae de “Que estés sonriendo”. En fin: hay tres temas que zafan, ninguno que guste demasiado y siete aborrecibles. Seguro lo dijeron muchos pero no está de más: Se extraña a Sokol.


ROBERTO PETTINATO
 
Tres huevos bajo la tierra (1991) - ***
Después de la muerte de Luca, el ex saxofonista de Sumo Roberto Pettinato partió hacia España y provó suerte con Pachuco Cadáver, un dúo hecho junto al tecladista también argentino Guillermo Piccolini. El estilo era más intelectual y difícil que el de Divididos y Las Pelotas (sin ir más lejos, los Pachuco cantaban en inglés). Tenían influencias de Frank Zappa, Captain Beefheart (el nombre del grupo proviene de una canción de este artista), el free jazz, el punk. En fin: se quedaron con el costado menos popular de Sumo, aquel que Luca también tenía (ver influencias y referencias a Joy Division y demás en la obra del pelado).
El primer disco de Pachuco, Tres huevos bajo la tierra, tiene una tapa que quedó para la historia. Están Pettinato y Piccolini absolutamente desnudos mostrando sus genitales a cámara y protegiéndose con un paraguas. La tapa fue más famosa que el disco. Sin embargo, lo musical no está nada mal. Es bueno aclarar que Pettinato canta y no lo hace demasiado bien
Pero el disco encuentra la forma de cómo compensar esa deficiencia. Posee muchos estilos y es bastante dinámico. Del punk sucio de “Rock and Roll Vermellion” pasan a la batería electrónica de “Corazón de lata, calzoncillo pandereta”. Hacen una declaración de principios innovando sobre “Estallando desde el océano”, el viejo tema de Sumo y sobre “Sunshine of Your Love” el clásico de Cream. Son versiones deformes, con ruido, con sonidos de saxo jazzero que se cruzan. En fin: todo muy experimental pero atrayente.

Life in La Pampa (1992) - **1/2
El segundo disco de Pachuco Cadáver es notablemente inferior al primero. 14 canciones son demasiadas y termina aburriendo. Cae en lugares comunes (los sonidos de aspirar cocaína en “Sniffers”) y peca de un humor simplista (“hoy es un día hermoso/ podríamos salir a pasear, podríamos follar, podríamos comer/ servite, ahí hay un poco de torta/ podríamos salir a pasear / y a mirar otras cosas/ podríamos salir a cantar/ y de vuelta a follar, miau”).
Sin embargo, hay algo para salvar. Es el primer tema, “Is Your Mother Still Dressing You”. El comienzo del track es buenísimo, demuestra que podría haber sido un hit. Tal vez es por la voz no tan convincente de Pettinato que la cosa se aplana un poco luego. Pero el armado instrumental del track es impecable.
En fin: Life in La Pampa es un disco flojo. El primer LP sorprendía y era corto. Pero éste abruma y es más de lo mismo. Aburrido, pero al menos tiene un afán de innovación, ausente en la mayor parte de los trabajos de Divididos y Las Pelotas. Pettinato no la pegó con Pachuco. Volvería a Argentina a comenzar una carrera como conductor televisivo en la que le iría tan bien que sería recordado como uno de los Sumo más famosos. Puede parecer una injusticia porque era un simple instrumentista en aquella banda y la fama la adquirió mediante otro tipo de espectáculo. Sin embargo, cualquiera que escuche el saxo en Pachuco se dará cuenta de que ese sonido-marca-registrada era esencial para el conjunto de Luca Prodan.

El yo saturado (1999) - *
Ocho años después de la aventura española de Pachuco Cadáver y ya con una exitosa carrera televisiva, Pettinato forma los Pessy Mystics y lanza el disco El yo saturado. No es jazz, es una especie de rock sucio con muchas guitarras distorsionadas y con voces maquilladas con efectos (la suya propia, que suena peor que nunca).
El resultado es pésimo. Indudablemente un pasatiempo del ya conductor consagrado. Una especie “Acuérdense que yo además de hacer programas como Todos al diván también soy músico intelectual”. Mejor le salió Música anticomercial de 2003 (ese sí, un disco de free jazz, con buena percusión y bajos). Aquí todo es ruido, parece un ensayo de garage a media pila, no hay melodías atendibles. Yo creo que es puro gesto y existiendo el rock internacional no vale la pena ni escuchar esto. Olvidable en un 100% y la peor calificación de la historia de este blog.