jueves, 12 de marzo de 2009

ESPECIAL LITTO NEBBIA


Al final llegó el segundo especial de No Seas Fanática Rock. El músico elegido para la ocasión fue Litto Nebbia, un histórico del rock nacional. Sus muchísimos discos (y la dificultad para acceder a ellos) hicieron que se tardara bastante tiempo en la preparación. Pero valió la pena: hice la crítica detallada de 34 LPs, marcando el record de este blog.
Como en el caso de Charly García, redacté cuatro notas, aunque mucho más largas. A la del análisis Disco X Disco, se le suma la del perfil o biografía. Y a esas dos, para justificar lo de “especial”, le sumé una sobre su importancia como inventor del rock nacional y otra sobre su creatividad prolífica.
Creo que quedó un buen trabajo. Bien detallado. Algo que era necesario dada la poca información que hay en Internet sobre el artista. Sin más preámbulos, los dejo con el material. Espero que lo disfruten.

Perfil de Litto Nebbia

PERFIL DE LITTO NEBBIA
Eso quiere decir que hay otra historia

UNO:

Año 2007. No me acuerdo el día exacto. Llego a mi casa ansioso. Pongo el CD recién comprado de Andrés Calamaro, El palacio de las flores. Comienzo a escuchar las canciones. Muy lindas todas: “Corazón en venta”, “Mi bandera”, etc. Buen nivel. Y de repente, en la sexta canción aparece… esa voz, ese piano, ese tarareo único. ¡Hace tanto que no escuchaba a Litto Nebbia!!! Ahí fue cuando aparecieron en mi cabeza varios recuerdos.
Entonces, busqué rápidamente en los cajones viejos y lo encontré. El casete de Grandes Exitos del artista que compraron mis padres en los 80 (cuando yo era chiquito) y que estuvo siempre en mi casa. Y lo puse en el equipo. “Sólo se trata de vivir”, una de las canciones más famosas de Litto, empezó a sonar. No sólo las estrofas me conmovieron ahora que ya estaba más grande (“Dicen que viajando se fortalece el corazón/ pues andar nuevos caminos te hace olvidar el anterior”), sino también la voz musical, peculiar, que siempre termina haciendo un agudo (“creo que nadie puede dar una respuesta/ ni DECIIIR que puerta hay que tocar”) y que culmina la canción con el clásico tararero (“di di ra ri ru, di di ra ra, di di ra ra, ra ra ra…”). Muchos recuerdos.
A “Sólo se trata de vivir” ya la conocía, pero a la gran mayoría del resto de las canciones no. El tema tres, “Nueva zamba para mi tierra” (que descubrí en ese momento) me cautivó fuertemente. Trata sobre el exilio y es una de las gemas más bellas que me tocó escuchar a lo largo de mi vida. Hoy opino que es la mejor canción de Litto. No sólo era la letra lo que me gustaba, sino también todo lo musical: el bajo sonando a nivel muy alto que acompaña las variaciones musicales, la voz conmovedora que está a tono con lo que dice la letra, los cambios melódicos formidables (cuando dice “amaneciendo en Montevideo/ ya todos sienten que te extrañan” o cuando dice “me interesa hasta tu des-encuentro”). En fin: una obra maestra.
Ahora bien. En ese momento me pregunté cómo es posible que yo, un pibe del noventa, un tipo que siempre compró todas las revistas de rock, que siempre miró el canal MTV, que escuchaba la Rock & Pop. Cómo es posible que yo conozca sólo dos o tres canciones de Litto Nebbia, y desconozca varias piezas maravillosas como la que acababa de escuchar. OK, aquí comienza el perfil y termina la autobiografía. Intentaremos responder a eso.

DOS:
Litto Nebbia suele aparecer muy poco en los medios de comunicación. Sólo es requerido para comentar y rememorar su importancia en el momento de la creación del rock nacional. Se le suene reconocer como el iniciador de todo lo que vino después, gracias a las 250.000 copias que vendió el simple “La balsa” en 1967. Y cada vez que se lo llama para una nota, se le hacen las mismas preguntas.
En general, tanto diarios como revistas insisten fuertemente con lo anecdótico y poco relevante (las historias y mitos que se tejieron alrededor de la noche en que fue compuesta “La balsa”, en el baño de la pizzería La Perla del Once). Y se refieren a la música del período como si fuera algo ingenua y primitiva (una especie de edad de piedra del rock, no comparable artísticamente a la posterior).
Lo concreto es que muy poco del resto de su obra aparece en los medios. Recién algo se está diciendo gracias a la participación del artista en el disco de Calamaro y a la inclusión del joven Ariel Minimal en su banda acompañante. Pero ningún tema es rotado por las cadenas de música que hay en el cable. En realidad, Litto es uno de los próceres del rock nacional que ha llegado con menos fuerza a los últimos años. Y no precisamente por adicciones o bajones en su estado de ánimo.
A Litto le faltó un gran hit en las dos décadas pasadas. No tuvo lo que sí tuvieron Charly García (“Chipi Chipi”, “Asesíname”), Spinetta (“Seguir viviendo sin tu amor”) o León Gieco (“Los salieris de Charly”, “Ojo con los orozco”). Le faltó porque es posible que no le interese componerlo, o le faltó tal vez porque que no haya tenido la capacidad para hacerlo, pero también le faltó porque no tiene una gran compañía discográfica que lo apoye.
Los discos de Nebbia salen por Melopea, su propia PYME, que además, entre muchos otros artistas de música ciudadana, ha editado a Goyeneche cuando nadie lo editaba. Y salen con una mínima cantidad de copias, sin promoción. Como no existe una cuantiosa inversión, se le permite a Nebbia una libertad insólita en el panorama musical argentino, que hace que él pueda alejarse de los géneros más vendibles. En realidad, en los últimos 20 años se dedicó a la bossa nova, al tango, a la canción melódica. Poco rock hubo desde 1990.
Ese control completo de su discografía le permitió a Nebbia acentuar una de sus características más salientes: la de ser prolífico. Sacar discos todos los años, a veces más de uno por año. El otro día vi en una entrevista hecha para otro blog como explicaba el reciente LP instrumental Bella Madrid. Había hecho un disco de canciones (Soñando barcos, de inminente aparición) y le quedaban un par de días de alquiler en el estudio de grabación. Entonces, se puso a improvisar al piano, grabó todo y lo terminó editando. Bella Madrid hoy por hoy se consigue en Musimundo. Así es como Nebbia en total tiene más de cien discos. Indudablemente algo rarísimo para los estándares actuales en los que se suele editar un CD cada dos años.

TRES:
Vamos a hacer un breve repaso de su discografía. Comienza con Los Gatos Salvajes y con Los Gatos a secas. Segunda mitad de los años 60. El rock británico liderado por los Beatles había impactado fuertemente en la juventud argentina. Los Gatos con “La balsa”, como se dijo anteriormente, ponen 250.000 copias del simple. Esta popularidad lleva a Litto en 1969 a actuar en la película El extraño de pelo largo como si fuera un Sandro o un Palito Ortega. El artista era completamente vendedor y las discográficas estaban chochas. Pero a Nebbia eso ya le empezaba a molestar: cobraba poco por las ventas de Los Gatos y también estaba en contra del film pasatista que había protagonizado. Esta sobreexplotación comercial de la que fue víctima en el principio de su carrera (como pocos rockeros argentinos) iba a ser determinante en la creación de su propia compañía discográfica varios años después.
A mí Los Gatos mucho no me gustan. Les reconozco algunas canciones pero me quedo con Almendra si tengo que elegir entre los grupos del primer rock. Me parece que la carrera de Litto se empieza a poner interesante a comienzos de los años 70, ya cuando es un artista solista. El tipo se pone a fusionar. Los CDs Nebbia’s Band, Despertemos en América, Muerte en la catedral y Melopea combinan folklore, bossa nova, jazz y rock. Todo en canciones que respetan (más o menos) la estructura del pop, de lo sonable en la radio.
Pero a partir de 1975 esto cambia. La tercera etapa de Nebbia se embandera más en lo que se puede conocer como “música progresiva”. Las canciones son largas, de 15 minutos a veces, con partes disímiles. De esta etapa son los discos Fuera del cielo, Bazar de los milagros, El vendedor de promesas. Se hace muy difícil seguir cada CD y el viejo público cae desorientado. Nada queda del estilo de “La balsa”, de los flequillos sesentosos, nada. Podemos comparar la cosa con lo que estaba haciendo Spinetta en la misma época. Para mí esta etapa no es mala, pero tampoco es gran cosa. Lo complejo no siempre es sinónimo de bueno y, para mí, eso aquí se nota.
Luego, en lo que llamaremos la cuarta etapa, Litto se exilia en México y se vuelca a lo melódico, a cantar canciones sencillas acompañado por un piano o por una guitarra acústica. Así es como trae en 1982 (año de su regreso a la Argentina) la canción “Sólo se trata de vivir”. Y así es como luego compone “Quien quiera oír que oiga”, para la banda sonora de la película de Eduardo Mignogna sobre Eva Perón. Para mí esta es su mejor etapa, con un inmejorable sentido de la musicalidad, de la melodía. De 1983 es “Nueva zamba para mi tierra” y también temas muy bellos como “Esta canción nunca cambiará el mundo”, “La guerra no sabe”, “No importa la razón”, “Gente que no sabe lo que quiere” y demás.
El viejo casete de Grandes Exitos tenía hasta ahí. Año 1988. Hasta ese momento el gran público, más o menos, seguía la música de Nebbia. A partir de esa fecha se inicia una debacle en su popularidad. En sus discos aborda estilos como el tango y la música brasilera y se separa completamente del rock. Los grandes medios comienzan por ignorar esos nuevos trabajos. Y finalmente terminan ninguneando a la gran mayoría de su obra anterior. Hoy por hoy las nuevas generaciones lo conocen muy poco.

CUATRO:
Para finalizar con esta biografía, una conclusión. Litto, por su trayectoria, para mí, entra comodamente entre los diez artistas más talentosos e importantes de los cuarenta años de rock nacional. Experimentador por momentos, buceador en el mar de las bellas melodías por otros, es menospreciado una y otra vez por la historia oficial del rock, que lo estigmatiza como un pionero pasado de moda que vive de la anécdota simplista de la década del 60. Tal vez su acercamiento a Minimal y su flamante reconversión hacia el rock de guitarras, en un mediano plazo, lo pongan en su debido lugar entre el público actual. El ya hizo un buen primer paso. Pero, claro, falta mucho. Porque, como todos sabemos, desde la disquera independiente Melopea, cualquier reconocimiento acorde a la calidad de su carrera le costará el doble.

DISCO X DISCO NEBBIA



LOS GATOS SALVAJES

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Los Gatos Salvajes (1965) – ***

El comúnmente llamado big bang del rock nacional no es otra cosa que una transposición del fenómeno de la beatlemanía (léase: primera etapa de los Beatles) a la Argentina. Nebbia llegó de Rosario con su flequillo sesentoso y compuso canciones en castellano con el estilo de los fabulosos cuatro de Liverpool. Varias son muy buenas como “La respuesta”, “Harás lo que te pida” y “Me tienes que besar”.

Este primer LP, además, también incluye traducciones, muy libres, de éxitos ajenos. Dos ejemplos son “Boleto para pasear” (“Ticket to Ride”, Lennon-McCartney) y “Bajo la rambla” (“Under the Broadwalk”, Resnick-Young). La versión incluida aquí de este último tema se convirtió en la canción más recordada de este disco gracias al estribillo “Me encuentro solo/ sin un amor/ me encuentro solo/ en la rambla estoy”.

Sintetizando: el resultado artístico de este LP es bueno. De haber sido joven en los años 60 me hubiera fanatizado con varias de sus canciones. Es cierto que las letras son tan pasatistas como las de los primeros Beatles. Pero también que la música es potente y muy atractiva melódicamente.

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LOS GATOS

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Los Gatos (1966) – ***1/2

Si el LP de Los Gatos Salvajes marcó el inicio del rock en castellano para los libros de historia, el tema “La balsa” (incluído en este álbum debut de Los Gatos) lo hizo para el grueso de la juventud de la época… y para las compañías discográficas: el nivel de ventas fue asombroso.

El organito de Ciro Fogliatta, presente en la mayoría de las canciones de este disco, es tan insoportable como el ídem del cumbiero Pablo Lescano en la actualidad (lo que habla de que la cumbia villera, cuando se despoje del facilismo, así como lo hizo el rock, podría ser muy interesante).

Digamos ahora que “La balsa” es una canción horrible. Musicalmente muy sencilla, carente de real impacto melódico, repleta de instrumentos molestos. En las letras aparece la idea del naufragio, de la desconexión con la vida diaria llena de presiones. Es decir: la rebeldía no explicada, despolitizada, completamente naif. Además: “tengo que conseguir mucha madera”. Como diría Capusotto: ¿está hablando del fasssssso?!!!. Jaa. Puede ser, pero si no es, es algo similar.

Sí es cierto que hay por lo menos siete temas poderosos que invitan a cantar y cantar. Algunos de ellos son “Ya no quiero soñar”, “Un día de otoño”, “Ríete”, “El vagabundo” y en especial “Madre escúchame”, con una letra muy bonita acerca de un joven que crece y comienza a abandonar a su familia de origen para salir a su nueva vida. Tiene una línea de texto hermosa que dice “ella me miró/ y me dijo así/ me dijo: “eres igual que las olas…”/ “…me besas y te vas”.

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Viento dile a la lluvia (1967) – **

El tema del título parece extraído de las películas de Isabel Sarli. ¡Qué mal gusto por favor!. El órgano de Fogliatta realmente perjudicó muchísimo a Los Gatos. Y más todavía se nota en este LP, compuesto en su mayoría por canciones lentas. Todo queda bizarro, cercano a la peor música kitsch de la época.

Y sí, este disco es pesado. Pesadísimo. Ya no están los rocks (“beats”, mejor dicho) potentes que hacían a uno mover la patita y cantar siguiendo el ritmo al mejor estilo Beatle. Sólo hay uno, “De nuevo en el camino”, lo mejor del disco. Pero la mayoría bordea el bolero. Y las melodías no son gran cosa. Quedan lejos de las de los maestros del género. Que los hay.

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Seremos amigos (1968) – **1/2

Difícil aceptar el estribillo de la canción del título. Demasiado didáctica para ser rock. Melodía en extremo simplista. Si tenemos en cuenta que estamos a un año de la aparición de Almendra, es un bochorno. Mucho más cercana a Palito Ortega que a los grupos ingleses de la época.

Sin embargo, este tercer LP de Los Gatos es algo engañoso. Al lado de ese tipo de pop unidireccional, hay algo de psicodelia. “Corriendo en la oscuridad” tiene una melodía hipnótica, completamente extraña para la cultura argentina del momento. Nebbia canta “el día se ve lindo y agradable/ la gente se confunde con el sol”.

Párrafo aparte merece el tema “Yo vivía en las montañas”. Musicalmente impecable, la letra es doblemente acertada: la narración comienza con algo de humor pintando un personaje de cuento casi fantástico (el vivir en las montañas como acción ficcional), pero luego vira hacia la denuncia realista ya que describe que en la ciudad ese mismo personaje es perseguido. Ese contraste entre los dos géneros, gracioso pero también revelador, convierte a la canción en una obra maestra.

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Beat Nº1 (1969) **1/2

En este disco entra Pappo. Al mando de la guitarra eléctrica (aclaremos: no canta) aporta rock pesado a la banda y le discute el liderazgo a Litto. A veces suma (“Hogar”), pero otras cansa (“Fuera de la ley”, básica, con punteos del Carpo, 11 minutos interminables).

Más allá de que un tercio del disco está gastado en esa seudo zapada guitarrera, Beat Nº1 es trascendente porque representa el paso del beat al rock en la música argentina. Pocas cosas quedan de los Beatles aquí. Ya es más parecida la cosa a un Neil Young circa Everybody Knows This is Nowhere por ejemplo. En realidad, el disco se tendría que haber llamado El último beat.

En promedio el LP no es gran cosa. Ni malo ni bueno. Pero tiene dos picos. La mencionada “Fuera de la ley”, que es en extremo mala. Y “Lágrimas de María”, muy buena, la única que verdaderamente invita a uno a volver al disco.

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Rock de la mujer perdida (1969) – ***

Si en el disco anterior la llegada de Pappo insinuaba cierto cambio musical, aquí se explicita muchísimo más. Directamente parece otra banda. Nada queda del beat de los primeros discos. Nebbia se adapta a las guitarras. Hasta fuerza su voz para volverla compatible con el hard rock/ blues que proviene de lo musical. Rock de la mujer perdida parece un disco de “el Carpo” cantado por Litto.

Y mi opinión sobre este disco es equivalente a la tengo sobre el trabajo de Pappo’s Blues en los años 70. Algunos buenos temas contados con los dedos de una mano y el resto: purismo blues básico y destreza técnica. Es decir: mediocridad melódica.

Sin embargo, interesa este LP por ser pionero de este tipo de sonido en la Argentina, por no tener zapadas kilométricas y por incluir “No fui hecho para esta tierra”, la mejor colaboración Pappo/Nebbia en la música.

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LITTO NEBBIA SOLISTA

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Litto Nebbia (1970) – ***

El estilo musical de este LP debut de la carrera solista de Nebbia no es muy diferente al de la etapa más pop de Los Gatos. Pappo ya no estaba con Litto y aquí regresan los estribillos directos, las construcciones musicales sencillas. Prepondera el beat de los 60, marca personal del anterior conjunto del artista.

“Rosemary” fue el gran éxito de este álbum. En parte fogoneada por su inclusión en la película El extraño de pelo largo. Lejos de ser una obra maestra, hay que reconocer que no es mala. Esta balada bossa-pop no fue el único hit. También pegaron “Mujer de los mil días”, “Días de juventud” e “Igual (como yo amo)”.

Resumiendo: Litto compone un disco conservador, muy pop, con mayoría de canciones simples. Es efectivo en sus intenciones (consiguió varios hits de aceptable nivel artístico), pero está muy lejos de la sorpresa y de la fusión que caracterizaría la obra posterior de Nebbia.

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Litto Nebbia Vol. 2 (1970) – *1/2

Este segundo LP de Litto (que en la actualidad se vende junto al primero en un solo CD), es aburridísimo y verdaderamente parece un compilado de descartes de la época. Las canciones son muy sencillas, pero hay poca precisión pop. Se extrañan los estribillos de los mejores discos anteriores.

Prácticamente no hay tema salvable. Podemos señalar que alguna es menos mala que otra. Pero no hay nada que nos haga volver al disco. Las melodías no explotan, no sugieren nada, no quedan en la memoria. Son inútiles existiendo los discos de Los Gatos.

Y encima las letras no ayudan para nada. Aparece cierta temática de unidad con América Latina, pero muy tímidamente. Será desarrollada mucho mejor en discos posteriores. Lo mismo ocurre con las canciones de amor: son realmente muy precarias. En los 80 el artista demostrará que sí puede hacerlas muy bien (“No importa la razón”, “Sólo se trata de vivir”). Aquí, lamentablemente, todavía se nota que estaba muy verde su pluma.

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Nebbia’s Band (1971) – ***

Primer coqueteo de Litto con estilos musicales ajenos al rock. Nebbia’s Band es un disco jazzero, que tiene incluso partes instrumentales (“Fattoruso’s Trip” y “Dulce Antonieta”, que son hermosas y “Rosanrol” que no tanto).

En las canciones con voz, el estilo previo del artista se funde con los saxos y las trompetas. Hay que reconocer que no siempre armónicamente (en “Días de conflicto”, el jazz parece un decorado arbitrario y la trompeta hasta parece un sonido de la serie Tarzán), pero que la fusión está hecha en una época muy temprana, con Bitches Brew de Miles Davis muy fresco y con 6 años de ventaja con respecto de A 18 minutos del sol de Spinetta, EL disco de jazz/rock argentino.

Por último conviene mencionar a las dos mejores canciones de este LP: la mencionada “Días de conflicto”, que a pesar de ser fallida desde el plano innovador, es efectiva en su estructura melódica y “Sigue tu camino, no te necesito”, que incluye un puente admirablemente complejo.

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Huinca (1972) – ***

En este LP vuelve el hard rock guitarrero. Litto toca la viola eléctrica y es mejor que Pappo, o al menos, integra más la destreza instrumental a las canciones. La presencia del jazz se reduce a una canción (“Harlem”). El resto es todo rock, melódicamente disfrutable y de potencia indudable.

Los temas “Gritar y amar es luchar”, “Yo soy tu voz” y “Alunar” justifican ampliamente el precio del disco (que en los años noventa fue editado por Melopea en un solo CD junto al inmediatamente posterior Despertemos en América). En el primero la fuerza de la guitarra acompaña unas estrofas inmejorables, en el segundo hay un cruce del Nebbia 60s con el estilo de este LP y en el tercero el oyente puede relajarse y disfrutar.

Huinca no tiene nada que envidiarle a Rock de la mujer perdida. No ocupa tantas antologías del rock, ni tantas listas de favoritos. No invento nada. Simplemente tomó un estilo musical existente y completamente interpretado por el rock argentino de la época y lo perfeccionó.

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Despertemos en América (1972) – ****

Este LP mayoritariamente acústico puede resultar un poco aburrido en una primera escucha, pero luego termina por convencer. Es que son varias las canciones lindas, que ganan muchísmo cuando uno las aprende y las canta sobre el disco cada vez que suena.

El tema inicial es “El bohemio”, un clásico en la obra de Nebbia. Esta canción, en donde participa Domingo Cura en percusión, es el primer acercamiento de Litto al folklore argentino. No hay más que bombo y guitarras, pero la perfecta descripción del personaje (“con su tímidez/ sabe conquistar/ una botella y una mujer/ que lo sepa controlar/ para que vuelva a su casa/ antes que sean las seis”) y la solidez melódica terminan por señalarla como una gran canción.

Pero no es el único punto alto del disco: “Balada para una prisionera” con un arranque extraño que lleva la música para otro lado (muy innovador), “Luis se cayó de la higuera”, que es buena para tararear en los fogones (mucho más compleja que las contemporáneas de Sui Generis) y “Amame o dejame de una vez” con grititos agudos perfectos de Nebbia que acompañan los picos del tema. Son un puñado de canciones más que atendibles.

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Muerte en la catedral (1973) – ****

Aquí hay fusión jazz-rock muchísimo más armónica que en Nebbia’s Band. Escuchar sino la integración perfecta que hay en “El revólver es un hombre legal” y en “Mendigo de la luna”. Los vientos se cruzan de manera impecable con las guitarras eléctricas y el resutado son piezas muy innovadoras. No sólo grandes canciones, sino revolucionarias.

El mejor tema de este disco es el que da título al álbum. Son 8 minutos perfectos. Raro que me guste un tema tan largo. Pero lo escucho una y otra vez y me convenzo de que se trata de una perla. Indudablemente uno de los picos más altos de la carrera de Nebbia. Las melodías que hace la guitarra eléctrica son maravillosas, y las modificaciones que va haciendo el artista con su voz a medida que avanza la canción (ver las distintas entonaciones y fuerzas en la forma que dice “como harán esta vez”; por ejemplo, una de las últimas suena a resignación) son intachables. Al final termina con saxos y trompetas, rematando el carácter experimental que lo caracteriza. Excelente track.

Este LP también incluye “Vals de mi hogar” y “El otro cambio, los que se fueron”, dos buenos temas que se han convertido en los más famosos de este disco. No son obras maestras y están muy por debajo de los tres temas anteriormente elogiados, pero aprueban cómodamente. Podría nombrar más canciones buenas, pero es mejor recomendar este LP por su espíritu visionario.

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Melopea (1974) – ****

El disco más parejo de Nebbia. Elegido por él mismo como el mejor de su obra. Para mí, coincidiendo, un LP en el que prácticamente todos los temas son disfrutables. Muy buena puntería para las melodías, aunque sí, menos presencia de picos innovadores, menos mezcla. Pero conste que no se trata de un disco easy listening como los de los años 60. Esto no es Muerte en la catedral, pero tampoco es La balsa.

Nebbia utiliza las letras (y algunos coros) de la artista Mirtha Defilpo. El resultado es cierta negrura en las letras, con preponderancia de temas como la muerte, el diablo, las guerras. Eso no quita, sin embargo, que el amor se haga presente: “La ventana sin cancel”, el tema más famoso del disco y “¿Qué clase de amor tendrás?” lo prueban bien. Además, son dos canciones perfectamente cantables (si se puede, porque la voz de Litto en este LP es bastante aguda).

Algunas recomendaciones: “Memento morí” (dúo Nebbia/Defilpo en voces), “Capitanes de esta guerra” (es muy agradable la parte musical/vocal en donde dice “no valió la pena mi capitán”), “Restaurant del diablo” (que utiliza un recurso musical infalible: cantar el estribillo muchas veces con una melodía y luego, la última vez, minuto 2:11 para más precisión, cambiarla levemente para así conseguir el remate triunfal, para ver otro ejemplo de esto mismo: “Amante bandido” de Miguel Bosé).

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Fuera del cielo (1975) – ***

Son cinco canciones. La primera de ellas, llamada de igual manera que el álbum, es ultra larga (17 minutos). Está en sintonía con lo que estaba haciendo un Luis Alberto Spinetta en el mismo año: no olvidar que el LP Durazno sangrando de Invisible abre con “Encadenado al ánima”, también kilométrica. Hay que decir que ambos tracks me gustan mucho. El de Litto es bastante complejo aunque tiene sus momentos de plenitud melódica (principalmente en las partes con participación vocal).

El resto de las canciones tiene un buen nivel. Y no se alejan de la experimentación. “Negocio celestial” es un pico. “Sin decir, sin despedida”, con una primera parte instrumental y luego con efectos de voz, atrapa. “Arcano del loco” y “Nino y la invitada” culminan en jazz.

Que quede claro: Fuera del cielo es mucho menos simple que Melopea. Tiene esas estructuras musicales intrincadas propias de la época que también transitaban el Spinetta de Invisible y el García de La Máquina de Hacer Pájaros. Rock progresivo le llamaban en la época. Este LP es una de las obras más complejas de Nebbia.

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Bazar de los milagros (1976) – **1/2

Sin ser una obra conceptual, varias melodías se repiten a lo largo de este LP, dejando un vago aire a suite jazzera. El estilo musical podría compararse, nuevamente, al que hacía Spinetta en finales de los años 70. Pero no tanto la faceta más experimental (como si tenía el anterior Fuera del cielo, en la línea de los primeros dos álbumes de Invisible), sino las partes más light de, por ejemplo, El jardín de los presentes, A 18 minutos del sol o Alma de diamante.

Hay temas buenos: “El nuevo testamento”, “La muerte y la mirada”, “Transeúntes” (este último perjudicado por la, digámoslo, voz a lo Teté Coustarot de Mirtha Defilpo, es decir: voz de vieja aburrida). Y también hay bodrios soporíferos, como la última mitad del LP.

El balance, para mí, no es satisfactorio. A los seguidores del rock nacional de los años 70 tal vez les guste. Pero yo me quedo con otros discos de la época. Más dinámicos y con picos más explícitos que los que tiene éste. Porque ninguno de los tres temas buenos que nombré, es bueno decirlo, llega a ser digno de recibir el calificativo de “sobresaliente”.

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El vendedor de promesas (1977) – **1/2

Este sí que es un disco bien difícil. Uno de esos en los que las canciones tienen 50 partes diferentes y la estructura pop/rock de estrofa-estrofa-estribillo queda a un lado. Lo que suele pasar con este tipo de LPs es que en las primeras escuchas a uno le parece falto de remate; pero que luego, a la quinta o sexta escucha, cuando le quedan en la memoria los fragmentos, empieza a notar que hay cierta conexión, cierta coherencia entre los pedazos. Y por ahí es donde se encuentra el sentido.

El tema inicial, “Obertura” es maravilloso. Instrumental. Los sintetizadores le suman muchos puntos. Y, de ir para todos los lados posibles de la experimentación melódica, en el minuto 2:40 encuentra una belleza muy relajante. Otra perla es “Sueños de ofelia”, que también comienza caótica, y que después regala calidez (desde el minuto 3:00).

Al resto del LP no le encontré mucha onda. Quince escuchas no me bastaron para justificar tanta complejidad. El vendedor de promesas es un disco que requiere mucha atención del oyente. No sé si vale la pena dedicarle tanto tiempo. Está muy lejos de ser una obra maestra. Pero tampoco es el bodoque que uno percibiría estando apurado.

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Canciones para cada uno (1978) – ***

En realidad, este LP se compone de dos volúmenes que se venden por separado. En 1978 fueron editados con algunos meses de diferencia y una información relevante es que el segundo fue publicado originalmente en México, ya que Litto para esa época vivía en el exilio. Los tomo como unidad no sólo porque se llaman igual, sino porque tienen una coherencia temática y musical: me parece que son los primeros dos CDs en donde el artista aparece con su piano y se dedica a las canciones melódicas que caracterizarían su período en los años ochenta. Pasando en limpio: no hay más experimentación setentosa.

El primer disco tiene un muy buen nivel. Son canciones simples pero muy agradables. Nombro las tres mejores: “El primer hogar”, “Querida Miusi” y “Todo comienza y termina”. Sorprende “La cumbiancita”, con una larga parte instrumental muy innovadora y disfrutable, que con los instrumentos rockeros, homenajea al ritmo colombiano.

En el segundo disco la cosa cambia un poquito. Si bien el estilo musical es similar priman las melodías oscuras (“Canción del beso”, “Canción de los domingos”). Se ve que el exilio, y la situación de la Argentina tiñeron de desencanto la música del artista. Eso no está mal. Sin embargo, no se logran muchas canciones aprovechables desde lo musical y es así que el volumen 2 es muy inferior al primero. Algo para resaltar es que en este CD hecho en el exilio por primera vez aparece el tango en la obra de Nebbia, tal vez porque, como dice una de sus mejores canciones, nadie dice que quiere a su tierra, nunca mientras la camina.

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Toda canción será plegaria (1979) – **

Este LP también fue editado originalmente en México. Está firmado por Litto y también por Mirtha Defilpo. Es su único disco oficialmente a dúo (en los anteriores la artista sólo actuaba como complemento, aquí canta más de la mitad de las canciones y le pone letra a la casi totalidad).

La voz de Defilpo es horripilante y cansadora (¿ya mencioné que parece una vieja cantando?), pero a veces entrega algún buen agudito (“Acto mágico”, “Lamentos del rosario”, dos buenas canciones). Su poesía, en tanto, abusa de palabras intrincadas, lo que atenta contra la musicalidad de los textos.

El papel de Nebbia es deficiente. Si bien las melodías de las dos canciones elogiadas anteriormente pertenecen a él, en el resto su contribución hace agua. Tal vez se destaque “Nadie es tan importante como uno cree”, pero la versión de piano incluida aquí es muy inferior a la ochentosa del LP Sólo se trata de vivir.

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Creer (1980) – ****

Creer fue lanzado en México durante 1980 e incluía “Sólo se trata de vivir”, el tema que luego resultó ser el más recordado de toda la obra solista de Litto. En realidad, la canción (una bella y optimista balada sobre la posibilidad de encontrar un nuevo amor después de la ruptura de una relación sentimental duradera) impactaría en la Argentina recién en 1982, año en el que el artista regresó del exilio. Pero es en este disco mexicano del 80 en donde apareció por primera vez.

Creer, un LP donde prima el folklore, hecho en su mayoría con instrumentos mínimos como la guitarra acústica y el piano, además incorporó algunas características esenciales del Litto de la década que se venía: 1) el uso del falsette, 2) el tararereo en las canciones, 3) la simpleza en las letras. Con respecto a esto último, ya nada quedaba de la utilización de palabras difíciles que hacía Mirtha Defilpo en los discos anteriores.

Personalmente a este LP le sumo dos perlitas más. La primera es “Vivir en distintos barrios”. Con una estrofa maravillosa desde lo musical y con una letra extremadamente agradable (una línea para ejemplo: “porque la calle te hiere/ hay gente que no sale a caminar”). Lamentablemente el estribillo decepciona un poco (la palabra “imaginación” queda un poco mal en la melodía), pero se trata de una buena canción. La otra perla es la zambita “Lucecita” (con agudito extremo), bellísima, de lo mejor que ha hecho el artista. Una verdadera contribución a la música folklórica argentina.

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Litto Nebbia 81 (1981) – ****

Ultimo disco hecho durante el exilio en México, Litto Nebbia 81 tiene algunos instrumentos adicionales a los que caracterizaban al LP previo. Desde el primer tema, “Siempre hay alguien que se olvida de avisar”, ya se nota: bajo eléctrico, batería dinámica. En fin: pop/rock melódico que ya se aleja del folklore y de la simplificación (aclaro: era irresistible) de Creer.

Hay mucha influencia de la música brasilera (“Sabor de amigo”), también del jazz experimental (“Fattobello Fattorusso”). Pero lo más trascendente es la incorporación de una balada romántica ortodoxa con “No importa la razón”. El nivel de este último tema es muy alto y por fin aquí Nebbia hace un bolero a la altura de un Manzanero. La cuenta pendiente de los 60 queda saldada. Otros temas buenos son “Recuerdos en un taxi” y “Más que loca”.

Para finalizar: aquí se incluye “Para John”, un tributo a Lennon compuesto poco tiempo después de su asesinato. Allí Nebbia recuerda todo el impacto que le causó la música de los Beatles en los 60 sin nombrar nunca durante el tema al artista inglés. Me parece uno de los temas más previsibles y chatos de la carrera de Litto.

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Llegamos de los barcos (1982) – ****

Lo primero que llama la atención cuando uno escucha este LP es el bajo eléctrico de César Franov. Suena realmente muy alto y en el estilo de Pedro Aznar (que a su vez es el de… ya saben quien). Esto en la música de Nebbia queda realmente bien. Ni hablar de cuando aparece el saxo. Los dos instrumentos se complementan a la perfección. Muestra de esto último es el instrumental “El casamiento de los músicos”, con una simbiosis perfecta entre jazz/rock que da un resultado muy placentero y agradable.

El CD que actualmente se vende de Llegamos de los barcos incluye nueve canciones y tres bonus tracks. De las canciones originales del álbum se destacan “Para los jóvenes aburridos” (qué linda línea de texto: “que cuando llega el fin de semana/ se queda leyendo revistas viejas”), “Cuando te veas crecer” y “Ella, él y nosotros”. En los bonus tracks, en tanto, se incluye “La guerra no sabe”, exitoso simple de la época, un muy buen tema antibélico beneficiado enormemente por el bajo de Franov.

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En vivo en Obras (1983) – ***1/2

LP grabado en vivo durante un recital en el estadio Obras. Si bien incluye una versión del hit “Sólo se trata de vivir”, la gran mayoría de los temas que posee no habían sido editados en disco anteriormente .

Los músicos que tocan aquí son los mismos que habían participado del anterior Llegamos de los barcos (la banda se denominaba Los Músicos del Centro), por eso, esta demás decirlo, el bajo es preponderante en el sonido de las canciones. Sin ir más lejos “Nueva zamba para mi tierra” (para mí la mejor de toda la carrera de Litto) está mil veces mejor aquí, con el bajo omnipresente, que en el disco Esperando un milagro de 1991, donde hay una versión con teclados.

Otras buenas de este disco: “El secreto de la vida” y “Cuando yo me transforme”. En tanto “Los locos de Buenos Aires”, una canción incluída aquí pero compuesta e interpretada principalmente por Alejandro Del Prado, se convirtió en un hit.

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1992 (1984) – ***

De entrada aclaremos algunas cositas sobre el sonido de este álbum: Acá Litto afloja un poco con el bajo (baja el volumen a niveles normales). Agrega algunas cositas modernas (efectitos) que tienen que ver con el concepto futurista del LP. De hecho, hasta hay un tema pseudo disco, “Hoy soy hoy”, que me recuerda al bizarro (pero recomendable) “Te espero en la discoteca” de Moris. También hay presencia del saxo.

Ahora vamos a la evaluación: 1992 empieza muy bien. Al buen tema mencionado se le suman la excelente balada “Dorado amor” y “Carta a un compañero de colegio” (con una melodía en la estrofa muy bonita). Luego viene “Esta canción nunca cambiará el mundo”, el hit (o lo más cercano a eso) del disco, que, lejos de ser la expresión de una resignación (como su título lo indicaría), es esclarecedora de la función del artista comprometido en la sociedad (“esta canción nunca cambiará el mundo/ pero quizás sea un abrigo seguro/ que sin solucionar, pueda acompañar/ a entendernos más, a reflexionar”).

Desgraciadamente el resto del LP es bastante flojo. El instrumental “Carlos Charter” no es bueno y hace extrañar a temas como “El casamiento de los músicos”, incluído en Llegamos de los barcos. La letra de “Bolero de la palabra” no me atrapó (juega en torno a una sola palabra, nunca mencionada, que lo explicaría todo; muy didáctica). Las melodías de “Flotando entre las hojas” y “Cuando el hombre anda solo” son flojas. En fin: un disco con momentos aprovechables, que tiene partes salteables.

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En Brasil aquí y ahora (1985) – **1/2

De forma desperdigada, la música brasileña habitó buena parte de la obra de Litto Nebbia previa a 1985 (“Rosemary”, con influencias de la bossa nova, es de 1969, para poner un ejemplo o “Celoso ya no voy a ser”, que es de 1981). Nunca, sin embargo, el artista había lanzado un disco entero dedicado a los sonidos de ese país. Con En Brasil aquí y ahora hace la excepción.

Litto incluye aquí versiones de canciones de Gilberto Gil, Chico Buarque y Hermeto Pascoal. Los temas están traducidos al castellano. Sólo “Lugar común” (Donato-Gil) está en su idioma original. En realidad, para oír a Nebbia cantando en portugués es mejor conseguir O segredo da vida, un LP editado el mismo año por Nebbia sólo en Brasil.

Las canciones de autoría propia de En Brasil aquí y ahora dejan un gusto a poco. Sacando las dos primeras que aprueban con lo justo (“Música para las estrellas” y “Lo más bello está en cualquier lugar”), hay abundancia de mediocridad. Mucho aburrimiento y chatura. Simplemente: algún ritmito pero ausencia de buenas melodías.

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AGREGADO EL 20 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Para que se encuentren los hombres (1985) - ***1/2
Disco de Litto con el Cuarteto Zupay. Para quienes no lo conocen (está inactivo desde 1991, así que es entendible que su popularidad haya disminuido entre las nuevas generaciones) es bueno explicar que se trata de un conjunto vocal que se dedicaba escencialmente al folklore.
En este LP parecieran hacer una especie de música clásica que contrasta con el estilo rock/pop melódico que hace Nebbia. En las primeras escuchas odié esas voces: estaba convencido de que no pegaban para nada con la instrumentación (y con la voz de Litto). Especialmente lamentaba las versiones fallidas de “Nueva zamba para mi tierra” y “Nadie es tan importante como uno cree”. Después me acostumbré un poco (al fin y al cabo “Serenata para la tierra de uno” no está tan mal), pero igualmente sigo pensando que perjudican más que benefician.
Lo dicho anteriormente, daría la impresión de que Para que se encuentren los hombres me pareció un disco mediocre. Pero no es así. Los Zupay sólo están en cinco temas. El resto es Litto en un 100% de sus capacidades. Las baladas “Primera canción para Miranda”, “Ojos que no ven, corazón que no siente” y en especial “Mientras me voy poniendo viejo” son verdaderamente conmovedoras. “Yo no permito”, en tanto, es un hit nato. En fin: Litto está a full. Por exceso de bondad invitó a los Zupay y el resultado es un disco muy bueno que podría haber sido perfecto.

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Musiqueros (1988) – **1/2

Disco del trío Nebbia/Baraj/González. Se podría decir que el tipo de música es un folklore muy light, actualizado (mejor dicho: pasteurizado) al homogéneo estilo de los años 80. No sólo es la presencia del saxo relajante lo que aburre (y delata lo peor de la década de Reagan), sino la guitarra sobria y el teclado omnipresente.

No podría afirmar que se trata de canciones malas, malas. “Coplas del musiquero” se puede seguir. Pero ¿justifican un álbum? Yo creo que están bastante lejos de los picos del artista. Quiero decir: no creo que valga la pena comprar el LP por ninguno de los temas.

Nebbia pareció olvidar las más que atinadas “El bohemio” y “Lucecita” (perlas folklóricas de su repertorio). Las cambió por estas seudo zambas, chacareras y coplas. Quiso innovar sobre los estilos tradicionales de la Argentina, pero, en cambio, hizo un LP conservador, que no hace más que unir la instrumentación más facilista de la época con la falta de inspiración melódica.

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Las tres corazonadas (1989) – ***1/2

Disco del trío Nebbia/Baraj/Borda. Sin dejar de estar destinado al tipo que se sienta en un sillón, se toma una copa y prende el hi-fi para relajarse (al igual que el anterior Musiqueros), este LP es infinitamente mejor. El folklore queda felizmente a un lado, y en cambio, el estilo es más parecido al de un Weather Report años 80. De hecho, la mayor parte de este disco es instrumental.

Ya el tema inicial, que le da nombre al disco y fue compuesto por el ex Músico del Centro Juan Carlos Ingaramo, es superior a todo el LP anterior. Pero no es el único bueno: “El cubanito porteño”, “Días de guardar”, en fin… todos. Hay un excelente nivel general.

Conste que casi no es “un disco de Litto Nebbia” porque la presencia del artista como vocalista es ínfima. No obstante, están muy bien “Danza primera” y “El viejo y la rutina” (las únicas dos cantadas por él). En esta última vocaliza también su hijita Miranda, en un recurso hiper demagógico como siempre, pero que aquí da un buen resultado gracias al contraste entre la voz aguda de la nenita y la mucho más grave de Litto.

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Esperando un milagro (1991) – ***

Disco de Nebbia en donde “pinta la nostalgia” por los años 60. Aquí el rosarino hace algunas cositas que reenvían indudablemente a aquella década. A) Incluye nuevas versiones de sus clásicos “Viento dile a la lluvia” y “El rey lloró”. B) Hace un cover de “Muchacha (ojos de papel)” de Almendra. C) Se manda algunas referencias a los Beach Boys (“Los chicos de la playa”) y a la juventud perdida (“Una vieja canción del 60”).

En el plano sonoro hay una masiva presencia de teclados, y un extraño sonido de guitarra eléctrica chirriante. La mezcla de esos dos instrumentos da como resultado un estilo bastante único en la obra del artista. Escuchando cualquier canción al azar de las incluídas aquí, uno reconoce instántaneamente que se trata de este disco y no de otro.

En términos de calidad, el nivel de las composiciones nuevas es bastante bueno, sin llegar a niveles sorprendentes. El tema “Esperando un milagro” tiene un lindo estribillo, sobre todo cuando dice “No, mentira que no exista la verdad” (es muy lindo el cambio melódico que hace Litto ahí). La ya mencionada “Los chicos de la playa” es muy dinámica y tiene sonidos de guitarra más que atendibles. “Cuando las flores comienzan a nacer”, en tanto, cuenta con la voz de la pequeñita Miranda y la cosa (de la misma manera que en el LP previo Las tres corazonadas) vuelve a quedar bien.

En tren de sacar conclusiones podemos decir que a pesar del objetivo conservador y facilista de este LP (la nostalgia pura focalizada en la época más popular del artista, el refugio en un pasado idealizado), el resultado es positivo. Cuatro o cinco canciones atendibles lo justifican.

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Seguro (1992) – **1/2

Continúa el reciclaje de temas viejos. Sobre quince canciones en total, hay dos covers, cinco (¡5!!!) reversiones de clásicos del repertorio de Nebbia y ocho composiciones propias hechas para esta ocasión. Aclaración obvia: es sólo porque hay mayoría de estrenos (mitad más uno), que en este blog lo consideramos un disco calificable.

Empiezo hablando de los covers. Está muy bien “Todo lo que debo hacer” (“All I’ve Got to Do” de los Beatles). La forma de cantar de Nebbia me da una impresión de humildad que queda bien en el track. No copió para nada. No puedo decir lo mismo de “Como dos extraños” (Laurenz-Contursi). Creo que Litto no tenía necesidad de meterse con el tango ortodoxo, porque el acercamiento suena forzado, mucho mejor fue lo que hizo para el género en las viejas “Para Astor” (1982) y “No sé (si tu pelo está mojado)” (1988).

De las nuevas interpretaciones de su repertorio clásico rescato a “Esperando a Dios”. Me parece que la voz más adulta del Nebbia años 90 le sienta mejor que la más “popera” de los años 60. Se mejoró la versión original. Diferente fue lo que pasó con “Igual (como yo amo)”, en donde se cancela el ganchito agudo de la primera grabación, lo que hace que el tema pierda gran parte de su sentido.

En cuanto a los nuevos temas, Litto está flojísimo con las letras, verdaderamente hay dos impresentables (“Hija”, hipercursi; “Para los jóvenes solitarios” donde da consejos a las nuevas generaciones, cayendo en Bucay, es decir, en el completo ridículo). Por suerte en el plano musical la pega relativamente con “La calle me hiere” (una balada de esas que sabe hacer), “Otra forma de amor” (que, por el estilo, podría haber formado parte del LP En Brasil aquí y ahora) y “Rincón de medianoche” (compuesta por el siempre confiable Juan Carlos Ingaramo, con una onda Lerner, que no está mal).

En fin: notarán que en cualquiera de los aspectos hay pros y contras. Seguro es un disco más polémico que bueno. No es completamente desaprovechable, pero no lo apruebo porque gran parte de su metraje está gastado en manotazos al pasado (independientemente del resultado artístico de cada uno). Le pongo la mitad de la nota por su 50% de calidad aceptable, y su 50% de atracción mutua con el tacho de basura.

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El hombre que amaba a todas las mujeres (1997) – ***

Litto Nebbia aquí homenajea al cine. Lo hace desde el título con un guiño al clásico de Truffaut El hombre que amaba a las mujeres y lo hace también desde la foto de tapa con una imagen extraída de una supuesta cinta fílmica en la que aparece el propio artista rosarino (indudablemente se trata de un paralelismo entre las películas y los álbumes musicales). Sin embargo, no creo que eso sea lo que mejor describe a este CD. En realidad, la cosa es más sobre el amor, en forma más explícita que en cualquiera de sus LP anteriores.

Las letras demuestran claramente eso. Puramente románticas. Y el estilo musical que las acompaña también apunta hacia ese lado: música melódica (basicamente Litto sentado al piano), con fuertes influencias de lo brasilero. Como muestra basta un botón: “Ojos”, una bossa nova hermosa, fuertemente emocional, que termina con un corito femenino puramente brasuca. Muy lindo queda.

No es el único buen tema. También se destacan “Pequeño manual de vos y yo” (muy atinada línea cuando dice “y yo que me creo el mejor de la ciudad”), “Festival” (cantada con voz finita), “Tristeza en los andenes” (a dúo con un cantante brasilero que, perdón, no sé quien es) y “El cielo protector” (basada en la novela de Paul Bowles).

Por último, quiero decir que me encanta el track final. Un recitado de Tito Reyes (viejo cantante de Aníbal Troilo, convocado por Nebbia para esta ocasión) en donde se explica la temática del álbum, de forma poética, con una pasión tremenda a la hora de narrar (musicalidad total en la forma de hablar, como Goyeneche o Yupanqui lo hacían) y con excelentes acompañamientos musicales de fondo.

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Siempre bailan dos (2000) – **

Segunda parte de la trilogía romántica que comenzó en 1997 con El hombre que amaba a todas las mujeres y que culminaría en 2001 con Corazones & Sociedades. Hay que decir que el nivel de este LP es bastante flojo. Se trata de un conjunto de canciones muy pero muy solemnes, con largas partes de Litto al piano y presencia de violines por doquier. Practicamente nada queda de la bossa nova del disco anterior. Lo que prima aquí es un estilo melódico bastante aburrido.

Algún destello de calidad puede haber en “Cuello de nácar”, el tema “Siempre bailan dos”, “Ese corazón” o “El mundo ya empezó” (que se parece a “Alma de tu flor” de Rubén Blades, grabado en 1996). Pero ninguno es realmente elogiable. Son muy inferiores a los mejores temas del LP previo.

Sin embargo, el principal problema no está ahí. Radica en el bodrio que supone escuchar seguido desde el tema 5 en adelante. Realmente es para dormir. Las letras no agregan mucho a las del disco anterior y la música, bueno, la música pide a gritos algún giro formal, algo recordable, tarareable.

En fin: No todas las explicaciones del escaso éxito del artista en los últimos años pueden ser atribuidas a la poca difusión comercial de sus LPs. Un disco como este, profundamente pesado para el oyente, también contribuyó al alejamiento de Litto con el público joven.

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Danza del corazón (2005) – ***

Primer disco de Litto en el que participa La Luz. Esta agrupación, armada en 2005 por el artista rosarino para que le oficie de banda acompañante, tiene entre sus integrantes al joven guitarrista Ariel Minimal (quien paralelamente lidera el conjunto indie Pez).

Minimal se caracteriza por influír fuertemente sobre los grupos en los que participa (lo hizo también con Los Fabulosos Cadillacs a finales de los años 90). En Danza del corazón todavía no se verifica un cambio de sonido nítido en Nebbia como después se verá en The Blues. Pero se empieza a sugerir.

Creo que este LP empieza bien. Yo diría que tiene el mejor conjunto de canciones seguidas de Litto en mucho tiempo. Lo cual tampoco es decir que se trata de temas magistrales (el nivel general de la discografía en los 90 no es gran cosa). Pero está OK. Por suerte hay algo más que el pianito y la canción romántica básica que caracterizaba a los discos previos.

Lamentablemente en la última mitad del LP, la cosa se complica. Las canciones van para atrás. El disco, alcanzando su punto más bajo, termina con una impresentable “Abrigos del mar”, que es igualita a la horrenda “Hija” de Seguro. Ni los coritos de Minimal la salvan.

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The Blues (2007) – ***

Como se dijo antes, en este disco se ve mejor la influencia de Minimal. Nebbia después de muchos años se cuelga la guitarra eléctrica y vuelve al rock crudo. A veces cae en el cuadradismo (“Pena Blues”, “No sé si entendiste nena”, “Silbame un blues”). Pero otras, aprovecha este cambio de aire en su discografía para vestir de oro a sus muy buenas canciones.

Nombremos algunas. “Balada del hombre solo”, con un corito omnipresente liderado por Minimal que dice “oh oh oh oh”, gusta mucho por sus partes recitadas y sus cambios melódicos. “Por un sueño”, también con corito entrador, atrapa por el momento musical y poético en que dice “tal vez no haya nada mejor…/ que ser esclavo de tu amor”. “Un hombre que no sabe llorar”, muy dinámica, recuerda un poco a “Lugar común” (un viejo tema incluído en En Brasil aquí y ahora) cuando dice “lloré”. Por último “Blues nocturno”, la mejor del disco, en donde se siente verdaderamente la melancolía y el sentimiento que caracterizan al género. Me recuerda un poquito, para bien, a “Cementerio club” de Spinetta.

Sólo me queda decir que la guitarra eléctrica está espectacular en este LP. Hace mucho que no escuchaba un disco con tan buena factura instrumental. De hecho hay un tema no cantado excelente (“Sueños 1”). Felicitaciones para el dúo Nebbia-Minimal.

Litto Nebbia, prolífico inconseguible

NO SEAS FANÁTICA ROCK Y EL COLECCIONISMO

Litto Nebbia, prolífico inconseguible

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Al momento de hacer este especial surgió un problema obvio. Cómo hacer con un artista que dice tener más de 100 discos. ¿Los escuchamos y reseñamos a todos? Complicado. Comencé a descartar algunos siguiendo los criterios habituales del blog: compilaciones afuera, discos en vivo con mayoría de temas viejos chau, bandas sonoras y LPs instrumentales adieu, discos homenaje como el de los Beatles y el de Brian Wilson nos vemos. Pero me seguían quedando una enormidad.

Y así fue como apareció el flagelo de la inhallabilidad (creo que no existe la palabra, pero ¿se entiende no?). Varios de los álbumes que aparecían en las discografías del artista, y que debían ser calificados, no estaban por ningún lado. The Naked Word, ¿qué es eso?. Buscando en el bolsillo del alma. Demasiadas maneras de no saber nada. En fin: no los encontré. Podría haberlos buscado en alguna vieja disquería, en versión vinilo o casette, pero no fue ni es el objetivo de este blog. No me obsesiona el coleccionismo. Me interesa hablar de lo que, de alguna manera, es conseguible por el lector. De la misma manera que lo hacen los medios, que comentan discos viejos sólo cuando se reeditan.

Quedaron 32 discos reseñados, el record de No Seas Fanática Rock desde que abrió en abril de 2008. Un muy buen número que supera ampliamente el número de LPs comentados que hay en cualquier sitio web sobre Litto Nebbia. Pero como no queríamos dejar de hablar de períodos enteros, escuchamos Páginas de vida, que es una compilación de cuatro CDs con distintos momentos de su obra. Eso nos permite hablar aquí de los temas más perdurables que están en esos LPs inconseguibles.

Empecemos por el hit “Quien quiera oír que oiga” (1984). La letra del tema está escrita por el (ya fallecido) director de cine Eduardo Mignogna. La canción está incluída en el LP de la banda sonora de la película del mismo nombre y la acompañan varios temas instrumentales. Sobre el tema puedo decir dos cosas: 1) es muy llamativo y agradable musicalmente; 2) la letra tiene algo cuestionable. La frase principal dice “si la historia la escriben los que ganan/ eso quiere decir que hay otra historia/ la verdadera historia/ quien quiere oír que oiga”. Me pregunto: ¿Siempre la historia triunfante es falsa? Si se plantea una visión de la historia como construcción (y no como reflejo o mera narración de hechos) se puede afirmar que sí, pero la canción plantea que exista otra historia, que sería verdadera. Para pensar.

Otras canciones famosas incluídas en Páginas de vida e ignoradas por la mega reseña de 32 discos son “Valerosos corazones” y “Juntos, siempre juntos”. Llenas de voces femeninas. Muestran a Nebbia como líder de colectivos artísticos. Cosa que hizo con artistas rosarinos y cordobeses, como Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré y Alejandro del Prado, este último compositor de “Los locos de Buenos Aires”, un tema muy famoso en 1983, editado por primera vez en un disco de Litto.

Por último comento tres temas más, todos ellos de los años 80: “Yo no permito”, “No sé (si tu pelo está mojado)” y “Las voces del 60”. El primero, un tema up, positivo, con muy lindas estrofas y coritos pegadizos, tuvo hace poco una reversión en el DVD Made in Argentina de Calamaro. El segundo, un tema melódico, con letra poética (“no sé, si tu pelo está mojado/ por un beso que me has dado/ y no supe devolver”), termina en tango y es conmovedor. El último, “Las voces del 60”, es un track cantado por Nebbia en las estrofas y por un coro arrollador en el estribillo que remata a la perfección. Las tres son canciones hermosas, famosas en el repertorio del artista y de conocimiento obligatorio para el que se proponga adentrarse en la música popular argentina.