lunes, 16 de noviembre de 2009

LAS MANOS DE FILIPPI


Humor ® (revolucionario)


Prólogo

Las Manos de Filippi es un grupo formado en 1992. Su líder actual es Hernán “Cabra” de Vega. Compartía ese privilegio con “Mosky” Penner, pero este último dejó la banda en 2007. Las Manos se hicieron famosas por componer temas que en boca de terceros se hicieron éxitos. Eso pasó con el “Himno del cucumelo”, popularizado por el cantante cuartetero Rodrigo, y con “Señor Cobranza”, interpretado por la banda Bersuit Vergarabat. Una de las características más salientes del grupo es la utilización de letras de extrema izquierda. Esto les permitió tocar en fábricas recuperadas y en universidades argentinas. La repercusión de Las Manos en el rock que sale en las revistas es bastante moderada. Sin jugarnos a full por el grupo, aquí va un intento de subsanar ese déficit.


A. Otra mirada

El otro día estaba leyendo algunos comentarios en Internet. Algunos de foristas anónimos y otros de periodistas profesionales. La mayoría, en ocasión de hablar de la discografía de Las Manos de Filippi, hacía referencia, de manera burlona, a la falta de metáfora en las letras. Se identificaba a la banda con lo panfletario, con lo más urgente y no elaborado. Y se la terminaba descartando por ello.
En mi opinión, con ese tipo de crítica se cae en un error. Uno muy típico de cierto sector “intelectual” del público rock: pensar que el único recurso literario que existe es la utilización de metáforas. Estoy totalmente en contra de eso. La apelación al humor mediante la búsqueda de insultos ingeniosos es también algo para aplaudir. Las Manos de Filippi putean, denuncian, hacen política, pero no desde un folleto. Visten de arte sus mensajes eligiendo las palabras de la mejor manera, con el objetivo de lograr una síntesis humorística. ¿Qué banda de nuestro rock puede presumir de eso?
En tren de seguir defendiendo al grupo también hay que aclarar que la militancia en sí no es algo criticable. Las Manos bardean, muchas veces de manera cruel y no justificada. Caen en la especulación infinita cuando dicen “los políticos son todos narcos” o en el extremismo más violento cuando cantan “hay que matar al presidente”. Sin embargo, lejos de quedarse en la denuncia (como hacen todos los rockeros progres), proponen un cambio de rumbo. En la reivindicación del Perro Santillán de “Señor cobranza”, en la defensa de las fábricas recuperadas y en la propia candidatura del Cabra hay una (posible) salida.
Estas dos características, la del humorismo y la de la construcción política, no son las únicas que se les escapan a los internautas que hacen comentarios: otro punto para alabar del grupo es la utilización de diversos géneros musicales. El grupo es ecléctico como ninguna otra banda. Por ahí pienso en Los Auténticos Decadentes, pero Las Manos los superan por lejos. Usan hard rock, metal, rapping, tango, ¡reggaetón! Muchas veces hasta los combinan en una misma canción. Eso es más que elogiable. De hecho, uno de los mejores recursos sonoros que tienen es el de meter partes de hits del momento en el medio de los temas. Y así es como entran, con la letra cambiada, “El tiburón” de Proyecto Uno y “La vida es un carnaval” de Celia Cruz.
Un último aspecto a destacar es el juego de voces complementarias que se da entre el Cabra y Mosky, los dos líderes de la banda. En “Señor cobranza” se ve claramente: el primero rapea y escupe puteadas, y el segundo acompaña con una voz pop muy agradable.
Conclusión de este primer punto: Las Manos no utilizan metáforas. Pero eluden el simple panfleto, con el humor de los textos, la forma de cantar de sus líderes y la mezcla de géneros musicales. Si bien es cierto que a veces bardean violentamente a todos basándose en especulaciones poco comprobables, lo bueno es que proponen una salida política. Todo eso los hace muy innovadores.


B. Sobre el humor de Las Manos

Muchas veces el público de rock de la Argentina le hace a Bob Dylan una muy fuerte crítica. Argumenta que efectivamente las letras son buenas (“el tipo es un escritor que podría ganar el Nóbel”, “se destacó en la politización de los sesentas”, etc.), pero que musicalmente las canciones son inescuchables. Se objeta, básicamente, la forma de cantar del artista.
Esto difiere con respecto a lo que piensan los defensores del estadounidense. Son pocos en este país pero muchos en el resto del mundo. Los apólogos afirman que lo más importante de Dylan no es tanto lo que dice sino cómo lo dice. Escuché alguna vez el ejemplo que daban de la canción “Idiot Wind” (incluida en el LP Blood on the Tracks). Allí Bob escupe con rabia los insultos de la letra, muy dolido por la situación. El contenido que le llega al receptor es indisociable de esa forma de cantar. Esa performance vocal, alejada de la idea que suele tener el oyente común de un “buen cantante”, es lo que hace de la canción una pieza conmovedora. Otro intérprete no lo hubiera logrado.
Así es como hay que entender la relación letra-música en Las Manos de Filippi. Las letras son graciosas, sí. Pero suenan de esa manera porque el Cabra las canta. El secreto es la fuerza con la que se putea, siempre con un pie puesto en la bronca y con el otro en lo gracioso (la voz sintetiza a la perfección esos dos estados/géneros). Para ver un ejemplo basta con analizar la frase “descansar el balero” de “Organización”. Podría retrotraernos a los años 60 si hubiese sido dicha por un pope del folklore. Sin embargo, aquí es un cago de risa gracias a la forma en que Cabra la pronuncia.
Aclarado este punto, pasemos a otro. La relación entre el humor y la crítica política. Un oyente no iniciado puede advertir parodia involuntaria. Es decir, que lo gracioso cancela a la denuncia. Que la modifica. Que la vuelve inútil. Que Las Manos, sin saberlo, se toman de manera poco seria la política y por eso la visten de gracia. Sin embargo, esto no es así para nada. En realidad, lo humorístico es un recurso que utiliza el grupo para amenizar el mensaje, para evitar lo panfletario. Visto desde el punto de vista de la comunicación política es un arma retórica para la persuasión, y visto desde el punto de vista del arte es un recurso literario hiper válido que viste de estética a lo temático, que le da forma al contenido, como pasa en todas las demás manifestaciones artísticas.
Las Manos bardean con ingenio. Son un grupo que habla de política, pero que también hace un estudio de la sofisticación del insulto. Esto lo han tratado escritores como Juan Sasturain o, sin ir más lejos, Roberto Fontanarrosa. No es lo mismo insultar con un término que con otro. El Cabra busca las palabras de moda que circulan en la calle (es un observador sensacional, ver “que pena no la vieron” en “Cromañón”, “prefiero salir a caretear/ de paso tomo sol y me puedo quemar” en “Working”, etc.) y así nutre a sus insultos de actualidad. Provoca las mismas risas que cada uno de nosotros tuvo cuando escuchó por primera vez en la calle la terminología “se armó bondi” (que suplanta al antiguo “se armó quilombo”) o “le zarpé la lata” (esa vino de un tema tropical).
Hay una última aclaración trascendente con respecto al humor: la glorificación de lo trucho. La banda juega con las rimas forzadas, artificiales. Ver “te desplazan/ te dejan aislado/ muy lejos de los tuyos/ pero es puro chamuyo” en la canción “Cromañón”. Esto puede ser visto como una deficiencia del Cabra, como una forma de tapar baches para que la melodía cierre, pero no es así, o al menos no es solamente así. Al estar estas construcciones en un contexto de humor, el significado es rescatado desde la autoparodia, desde el humor que en televisión provocan las situaciones falsamente no-previstas, como los chistes malos que terminan siendo más graciosos que los buenos porque la gente se ríe de lo chanta que es el tipo que los cuenta (sin ir más lejos, ¿recuerdan el sketch de Francella en donde se hacía humor con que la producción no ponía a tiempo la música en el momento en que el actor activaba el equipo de audio?). Bueno, con Las Manos pasa igual. Las rimas forzadas terminan dando esa impresión. De que se eligió cualquier cosa para que pegue, pero que la desfachatez que habilita la truchada es más graciosa que lo que muchas veces pretende ser humor a la vieja usanza. La mejor prueba también está en el tema “Cromañón”. En la parte que dice “Nuestras víctimas resucitan/ y con más fuerza crecen y luchan/ por aquello que mató esta bosta/ este sistema asesino de gente/ este sistema asesino de posta”. Cada vez que escucho “de posta” me muero de risa. No agrega absolutamente nada a lo dicho, está para que pegue con “bosta”, pero me imagino a todos los miembros de la banda buscando palabras desesperados y a uno de ellos diciendo “pongamos posta, ya fue” y una risa general. Bueno, eso también, hoy por hoy, es humor.


C. Las Manos políticas

El Cabra es un militante político activo. En las últimas elecciones fue candidato a legislador por el Partido Obrero. Algunos jóvenes que compraron en los noventa el discurso “progre” de los medios se burlaron del afiche. “Éste también quiere robar con la política”, deben haber pensado. No comparto. Es muy elogiable que un artista de un género musical que se dedica a criticar todo el tiempo, se ponga a proponer soluciones.
Esta acción política individual es perfectamente consecuente con las letras de las canciones de la banda. En “Fasinpat” (abreviación de “Fabrica sin patrones”) dicen “Línea de producción/ bajo control obrero/ contra la explotación/ expropiación”. En “Cromañón” les dicen a los músicos: “Vos sos un laburante/ y después de esta masacre/ como tal hay que plantarse/ juntarse y organizarse”. En “Los métodos piqueteros” se escucha: “Corte de ruta y asamblea/ que en todos lados se vea/ el poder de la clase obrera”. Una rareza, sin dudas, en el contexto del rock argentino.
De cualquier manera, no todo es color de rosa. Para mí, a veces se pasan de rosca. En la canción “Cutral Có” hablan de “matar al presidente”, ¿no será mucho? O en “Señor cobranza” especulan, sin información real, y exclaman “son todos narcos”. En “Ballenas” cargan contra el “ejército de boludos” que se preocupa por la vida de los animales. Esto último, no obstante, se entiende. Las Manos de Filippi se quieren desmarcar de lo políticamente correcto. No son una banda bienpensante, que defiende “todo lo que hay que defender” como haría un León Gieco, que se dedica a cantar por los muertos de la AMIA, Romina Tejerina y etcétera. Simplemente proponen otro tipo de economía, que ellos consideran superior.
La lógica de Las Manos es bardear políticos. Como dijimos, no a todos. Se salvan los de izquierda. Ellos insultan a los que sostienen e impulsan “el sistema”. Que finalmente es el que condena al hambre a parte de los argentinos. Esta última palabra, “sistema”, es omnipresente en las letras de la banda. Con ella hacen referencia al capitalismo, a los patrones. Las Manos se embanderan del lado de los obreros y gritan por la revolución. Aquí, indudablemente, no hay nada de reformismo al estilo Perón.
Ahora bien, ¿cómo hacen para justificar el 2% en los votos que reciben siempre los partidos de izquierda? A la manera del marxismo teórico hablan del lavado de cerebro (o “falsa conciencia”, para citar adecuadamente) que tiene la gente. Dicen en la canción “Cutral Co”: “Terminar con la ignorancia del pueblo”. Esto se relaciona con la ya clásica tesis de la base y la superestructura desarrollada por Karl Marx. Para Marx y Las Manos, el sistema económico determina la ideología de las personas. En este caso, es el capitalismo el que le dice como pensar a la gente, al mando de los medios de producción pero (siguiendo con el desarrollo marxista posterior de tipos como Louis Althusser) también de los medios de comunicación y de los aparatos culturales. Eso es lo que explica la aceptación, por parte de los trabajadores, de un sistema que, según estos intelectuales izquierdistas, claramente no los beneficia. Y la única posibilidad de romper con eso sería haciendo la revolución. Es decir, tomando el control del estado y empezando, desde ahí, a manejar la economía y, posteriormente, los aparatos culturales, comunicacionales y educacionales para convencer a la gente de que el nuevo sistema es el indicado.
Es por eso que el concepto, tal como lo entiende la mayoría, de la palabra “democracia” en Las Manos de Filippi aparece bastante devaluado. En “Señor cobranza”, sin ir más lejos, hablan de “los demócratas de mierda”. Sin dejar de criticar esa frase (yo personalmente no estoy de acuerdo con eso), conviene explicarla mejor: Cabra, como la ultra izquierda, entiende que la democracia no debe limitarse a que “todos voten”, sino que debe ampliarse a que “todos coman”. Y esta postura, más allá de las objeciones que le podamos hacer, no es inédita. En zonas anteriormente gobernadas por el socialismo real como Alemania Oriental, el nombre oficial del país era “República Democrática de Alemania”. Habría que hacer un análisis del discurso para comprender los desplazamientos de la palabra “democracia” a través de la historia. No lo voy a hacer acá. Lo único que diré es que para Las Manos, la democracia limitada al voto masivo es superestructura de la base material capitalista, es decir: es parte de la justificación filosófica del sistema. Es un concepto hecho a medida por el capitalismo. Posterior (nunca anterior) a la instauración del modelo económico.
Esta larga explicación, posiblemente engorrosa pero necesaria para comprender la ideología de Las Manos, está relacionada con lo que plantean numerosas facultades en la Argentina. En ese sentido, no hay grupo más relacionado con la Universidad de Buenos Aires que éste. De hecho, han tocado muchas veces en Filosofía y Letras. No porque tengan un arreglo institucional. Para nada. Sucede que en la politización de izquierda que existe en la UBA (donde el marxismo sí existe como partido competitivo) el grupo prende.
Mi opinión personal: Soy de los que creen que la democracia es el mejor sistema posible. Estoy convencido, además, de que hay que tener mucho cuidado al hablar de ella, teniendo en cuenta todo lo que costó consolidarla en la Argentina. Es por eso que no puedo dejar de criticar ciertas frases de Las Manos. No obstante, me parece que las letras no siempre van al todo o nada. Me quedo con la apología de las formas de organización horizontal de las fábricas recuperadas, me quedo con la defensa del piquete como método de reivindicación social, me quedo con el intento de construir una verdadera contracultura, que hable de cómo alimentar concretamente a todos por igual y no de pelos largos y vida lejos de la ciudad. Al fin y al cabo, el Cabra fue candidato político en democracia y Las Manos son una banda que intenta convencer, desde los medios, de que se debe votar por un cambio de sistema económico. Tal vez hablan de no escuchar al otro (al que está “engañado”), pero terminan escuchándolo. Y le proponen nuevas formas de ver la sociedad. Formas que creen mucho más justas. No está mal.


D. Las Manos y los géneros musicales

Otra de las características únicas de la banda es la variedad de géneros que aborda. Nunca se dice esto en las revistas de rock, pero debería saltar a la vista. Pocas bandas mezclan tan bien, y de manera tan coherente, estilos musicales muchas veces irreconciliables.
¿Qué grupo se hubiera animado a hacer un reggaetón? Las Manos lo hicieron con el tema “Cromañón” y les quedó de 10. Sólo hay un antecedente: “A los piropos” de Los Auténticos Decadentes, que era impresentable. Aquí la banda del Cabra utiliza el ritmo portorriqueño a la perfección. Pega completamente con la voz, con los insultos y con la letra ingeniosa. No suena para nada forzado ni paródico.
Otro ritmo popular utilizado es la cumbia. El primer disco, firmado bajo el nombre de Agrupación Mamanis, hace uso de ella. Lejos está esto de un “la cumbia es una mierda”, afirmación peligrosísima y discriminatoria de El Otro Yo. Las Manos demuestran que no se puede hablar por los trabajadores sin meterse un poco en su cultura. Toman el género y lo mezclan con letras politizadas. Nuevamente no hay parodia. Es experimentación musical inédita.
Más allá de estos temas hechos en su totalidad con ritmos de reggaetón y cumbia, hay a veces citas a éxitos del momento, a los que les cambian las letras. Aparecen en partes de canciones, como humoradas. La Rolling Stone dijo, acertadamente, que son “expropiaciones revolucionarias de melodías”. Ejemplos son el “no pares, sigue, sigue” que está al final de “Señor Cobranza” (parte dejada de lado por Bersuit). Es cita de un hit del grupo Proyecto Uno llamado “El tiburón”. También está la referencia a “La vida es un carnaval” de Celia Cruz en “Organización”. Allí se escucha: “Todo aquel que piense/ que Duhalde no es igual/ tiene que entender que no es así/ es otro hijo de puta/ y hay que matarlo” con la melodía del hit de la cubana.
Pero no sólo con géneros populares ha experimentado la banda. También hay cruces de subgéneros rockeros. Las guitarras de fondo de “Señor esperanza” y “Ramiro” podrían pertenecer a Metallica. Hay ska en “Los métodos piqueteros” y especialmente en “Materialismo”. Pop/rock en “Mamá pepa” y “What’s Colours”. Rapping en “Señor cobranza”. Reggae en “Presos de tu sociedad”. Como se ve, muchos estilos, más que cualquier otra banda de rock.
Y por supuesto también hay referencias a géneros antiguos, previos al rock. Vals en “Valcesito”, tango en la agrupación paralela Che Chino, tarantela en Los De Veguita, flamenco en “Grazias 1”.
Como conclusión puede decirse que Las Manos prueban con todo. Y les sale algo coherente. Si recordamos lo estereotipado que suena el corrido mexicano en La Renga (“Psilocybe mexicana”), vemos que esta gente sabe mezclar. Son una de las bandas más innovadoras de la Argentina. Pareciera que nadie lo nota.


Epílogo

Bueno, como ya se hizo costumbre en este blog, voy a cerrar el artículo principal con la recomendación. Las Manos de Filippi merecen más atención por parte de la comunidad rockera que la que tienen actualmente. En especial, por parte de la que comenta en Internet. Cierto es que la banda no está libre de aspectos criticables (creo que los desarrollé bien más arriba) pero me parecen mucho más interesantes sus características positivas. El uso del humor, el afán por proponer formas alternativas de hacer política y la utilización de diversos géneros musicales los colocan como una de las agrupaciones más innovadoras de la Argentina.
A continuación los dejo con las críticas de los discos. Están los cuatro de estudio de Las Manos (cuento el EP), pero también el cumbiero de Agrupación Mamanis. Y a esos agregamos los proyectos paralelos de los líderes Cabra y Mosky. En el caso del primero están el de Che Chino (tango gracioso, 2000) y el de Los De Veguita (cuasi tarantela, 2003). En el caso de Mosky está el de Stimulation, hecho en 2003 cuando el artista todavía estaba en Las Manos. No hay nada de Elektrómanos ni de MPM, las dos agrupaciones que tuvo después de salir de Las Manos. Describo mínimamente. Elektrómanos es un grupo de música industrial (Ministry, tal vez Nine Inch Nails), que está por sacar disco y se dedicó hasta la fecha a hacer música para el programa de radio de Fernando Peña. MPM (Movimiento Popular Masoch) es una especie de banda de música electrónica de terror, con letras masoquistas, que ha sonado en películas muy independientes como No moriré sola. Videos de ambas bandas pueden encontrarse en You Tube.

DISCO X DISCO LAS MANOS

AGRUPACIÓN MAMANIS

Reír por no llorar (1996) - **1/2
En el primer disco, los integrantes de Las Manos de Filippi se hacen llamar “Agrupación Mamanis”. La razón es que se trata de un LP de cumbia hecho después del éxito de “Himno del cucumelo” (canción que popularizó el Potro Rodrigo). Cabra y compañía vieron la posibilidad de pegarla con la bailanta y sacaron este álbum de doce canciones. No querían mercantilizar el nombre “Las Manos de Filippi” y entonces inventaron esta Agrupación paralela. Acompañaron al CD con numerosas presentaciones en boliches tropicales.
Cabra siempre cuenta que los organizadores de esos recitales se sorprendían al escuchar las letras de las canciones. Por ejemplo, “Correo interno” dice “Te vi por primera vez/ en la movilización/ aquel primero del cinco me contactaste el corazón”. En fin, música tropical romántico-militante, género raro. Pensemos que la actual cumbia villera (no existía en 1996) no va más allá del no respeto de la propiedad privada.
En el plano musical, la cumbia a veces es ortodoxa, pero otras veces tiene mucha belleza melódica gracias a un aire hawaiano muy agradable. Ejemplos de eso son “Punta de gente”, “Perro obrero” y la mencionada “Correo interno”. Eso, más algún pachanga-hit onda Cacho Castaña como “Pibe divino”, redondean un disco sorpredente. No voy a decir que recomendable en 100%, pero sí aprovechable en algunas ocasiones.

LAS MANOS DE FILIPPI

Arriba las manos: esto es el estado (1998) - ***1/2
Gracias al éxito de “Sr. Cobranza” en voz de Bersuit Vergarabat, Las Manos pudieron sacar su primer LP rockero. Se trata de Arriba las manos, un disco combativo como pocos en el rock nacional, en donde se opta por escupir consignas de extrema izquierda y no por declamar las verdades obvias y tranquilizadoras del progresismo a la manera de un León Gieco.
De cualquier manera, esa autenticidad en las letras, legítima y revolucionaria para el rock vernáculo, a veces choca un poco. La frase “Hay que matar al presidente” en la canción “Cutral Có” es demasiado exagerada. Al fin y al cabo, aunque chorro, Menem era democrático. Y en todo caso tendría que haber ido a la justicia. Lo mismo ocurre con las puteadas de “Sr. Cobranza”: entra cualquiera en la volteada (“Si son todos… traficantes”). Es la crítica en bloque sin distinciones, con acusaciones basadas en la especulación infinita.
De cualquier manera, no todo es malo en esta última canción. La manera de cantar del Cabra y las ingeniosas palabras que utiliza son inmejorables. Muy graciosas. Musicalmente la versión es muy superior a la de Bersuit. Es más rápida y tiene de fondo la inigualable voz de Mosky. Además, sobre el final, hay una cita al hit de Proyecto Uno “El tiburón” que resulta desopilante (“ahí está, se lo prohibió, el cabezón, el cabezón, Duhalde”).
El resto del disco acompaña con dignidad. “Mamá pepa”, que se destaca musicalmente, es sobre una señora que vende droga. “La selección nacional”, en tanto, carga contra el fútbol como cortina de humo (“es un ministerio más del Estado/ igual, igual, igual, a lo que hicieron los milicos en el mundial”).

Las manos santas van a misa (2000) - **
EP de 6 canciones en donde la banda habla (casi) exclusivamente de la iglesia. Obviamente el tono es de parodia. No se podía esperar otra cosa de un grupo de izquierda: el materialismo histórico nunca se llevó bien con Dios.
Durante todo el CD se escuchan las voces de un pastor que, en joda, alecciona a los “hermanos y hermanas”. Habla de las biblias, de la palabra del señor, de la “sola verdad” que hay. Da sermones con voz graciosa.
Para mí este disco es el más flojo de Las Manos. Las canciones son muy pocas y varias de ellas son realmente mediocres. “Biblias” es el mejor ejemplo. Las otras no logran hacer al LP lo suficientemente interesante. Tal vez “Cristo Dios” sea la mejor, pero no es ni por asomo de las más destacadas de la banda. Conclusión: Las manos santas van a misa es un disco salteable.

Hasta las manos: insurrección popular, huelga general (2002) - ***1/2
Lanzado en pleno quilombo post cacerolazo, con la sociedad más izquierdizada que nunca, Hasta las manos (no casualmente) fue el disco más aceptado que tuvo la banda. Sin ir más lejos, fue el único LP de Las Manos que se salvó de las dos estrellas y media en la Rolling Stone.
“Los métodos piqueteros” sonó algo en las radios. En la canción se escucha: “corte de ruta y asamblea/ que en todos lados se vea/ el poder de la clase obrera”. En “Organización” suena: “tienen plena conciencia de esa mierda/ y se piensan que esa paz/ esa paz que te da el poder de explotar/ esa paz que te da el poder de emplear/ se expande en el planeta”.
Vuelve a aparecer el tema de las drogas, completamente festejado, en “La puntera rosa”. Por supuesto, que con todo el humor que caracteriza a la banda y con la ingeniosa selección de palabras de la calle que el Cabra hace. “What’s colours”, en tanto, es un tema pop que, según los integrantes de la banda, fue compuesto copiando un libro de inglés para la secundaria.
El mejor tema de todos es “Muerte ATP”. Allí se hace el mejor uso de los niños en toda la historia del rock nacional. En lugar de aplicar demagogia y hacer cantar a los hijos para conmoverse, las Manos los hacen decir “muerte a todos los padres” y los hacen denigrar a sus progenitores. Todo esto mientras, de manera surrealista, suenan las frases represoras que cotidianamente los papás les dicen a sus hijos como “que la Coca dure hasta el final de la comida (…) no molestes a tu padre que viene cansado de trabajar (…) de casa no salgas tarde”. La música que está debajo de todo esto es un hard rock perfecto.

Control obrero (2007) - ***1/2
Primer disco sin Mosky. La banda pierde una gran voz secundaria (recordar “Sr. Cobranza”) y un gran compositor pop (recordar “Mamá Pepa”). Pero sigue en un buen nivel gracias a las rimas humorístico-militantes del Cabra. Es bueno decir que en ningún momento hay parodia de lo dicho. Las Manos son un grupo de izquierda, que recurre al humor sólo para acompañar y no caer en lo panfletario. No se ironiza sobre las consignas de izquierda. Se busca putear con ingenio y usar las palabras más actuales de la calle.
Así es como tenemos que escuchar el reggaetón “Cromañón”, una completa obra maestra de la rima graciosa. No es un tema bienpensante del tipo “We Are the World” (se burla de ese tipo de canción cuando dice “Viejita, Stone, cumbiero, punk/ de igual a igual/ todos juntos por la libertad”) pero tampoco es una falta de respeto a los familiares de las víctimas (más allá de que no culpe a Chabán y sí al “sistema cruel”). El tema, en realidad, hace hincapié en la “privatización de la cultura”, la que vino después de la tragedia.
“Cromañón” es una obra maestra de la rima humorística por las palabras novedosas que Cabra elige para cantar (“¿y Callejeros?/ que pena, no la vieron”, “la teoría de la futbolización/ es otra huevada, es pura evasión”). Las dice de manera muy graciosa. Pero también por algunos recursos literarios muy innovadores como el que podemos denominar “desmentida en la propia canción” (“ahora que Chabán está preso se acabaron los bolicheros que te comen el seso/ ni en pedo, al contrario, quedaron los peores, que utilizan al estado para matar y hacer millones”). Fíjense que sólo Calle 13 en el tema “Esto con eso” hace lo mismo. No casualmente un grupo de reggaetón.
Entiéndase bien: el tema “Cromañón” se lamenta por las víctimas y las respeta. Simplemente apunta contra los grandes responsables de la tragedia, los que están en el origen de todo, bardeándolos de la manera más innovadora: poniendo las palabras de tal manera que suenen graciosamente fulminantes.
El resto del disco acompaña bien. Hay mucho heavy en varios temas. Algún flamenco. Algún rapping (“Working”) que está OK. Y “Música”, con parte café concert y power rock (muy buena la frase “música careta/ ya no dice nada/ sólo culo y teta”) que se destaca. En fin: utilización de mil sub-géneros, como la banda nos tiene (majestuosamente) acostumbrados.



AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
La calesita de Mamanis (2011) - ***1/2
            Acá hay menos política que en los discos anteriores de Las Manos. Es patética la reciente entrevista que hacen con el yuppie Mario Pergolini donde los felicita por eso. Está claro que ese tipo le sigue haciendo muchísimo mal al rock. La onda aquí en La calesita de Mamanis sería humor + pachanga (con mucho ritmo) + producción hi-fi + invitados pop.
            Tal es así que el disco incluye un tema, “Mountain Bike” en el que está Jorge Serrano (Auténticos Decadentes). Si ahora Las Manos no pegan un hit con este track, no la pegan más. La canción es completamente radiable. Lo mismo ocurre con “La canaleta”, una excelente vieja gema del grupo que nunca anteriormente había sido editada. Como es costumbre en la banda, hay fragmentos influenciados por modas del momento (la similitud en las estrofas con el hit “La ciguapa” de Chichi Peralta, el uso del auto-tune en final).
            La calesita… también incluye nuevas versiones de clásicos del Cabra (de los discos de Che Chino, Los De Veguita o de la la misma banda Manos de Filippi). Se incluyen aquí esas versiones seguramente para popularizar los temas, ya que aquellos poco  conocidos discos originales estaban muy restringidos a fans. Algunas de esas nuevas versiones son muy distintas a las originales, tal es el caso de “El hincha pelotas”, con una nueva parte de vientos al comienzo muy agradable. Otras viejas canciones reversionadas son “Jesús el de la cruz” y “El cartero”.
No quiero cerrar el comentario sin hacer mención al tema “Rastafari 1 y 2”, sin dudas el más humorístico del álbum. Cuenta la historia de un rasta que se queda pelado. La canción hace referencias a varios dolapes del rock nacional. Se escuchan las frases “Luca not dead”, “me voy a peinar al estilo Indio Solari”, “¡aguante Cordera!”, ésta última ironía total, en realidad lo odian al ex Bersuit. También Cabra hace todo el tiempo “boiboibó” como el Bahiano.
            En conclusión: La calesita de Mamanis es un disco agradable. Puede representar el paso de la banda a la masividad. La pachanga estilo Kapanga-Decadentes le suma para sonar en la radio. La ausencia de política de izquierda también. Se le podría criticar cierto uso facilista de la rima. Pero bueno, veremos que ocurre.

CABRA PARALELO

Tango argenchino (2001) - ***
Che Chino es un proyecto paralelo del Cabra. Tiene un solo disco, editado en 2001. El “Chino” del título es el Cabra mismo, así le decían cuando era chico. En cualquiera de sus fotos eso se puede comprobar: sus ojos son finitos y en la escuela, todos sabemos, eso es igual a recibir ese apodo. Además, lo del “Che” es por el Che Guevara y fue muy gracioso el logo de la banda, con el ícono del revolucionario acompañado de ojos achinados.
Aquí hay tangos cantados con el acompañamiento de una guitarra acústica. Algo infrecuente en estos tiempos de relanzamiento cuadrado. Se elude completamente la ortodoxia al no usar bandoneón ni voces impostadas (cero imitación de los tangueros clásicos como Julio Sosa y Carlos Gardel). Las letras son muy graciosas, dejan bastante de lado a la crítica política. Sólo hay humor sobre situaciones cotidianas.
Es muy buena “Año cero”. Trata sobre la Argentina del siglo XXI. Sobre las expectativas que se tenían y la realidad que se vive hoy. Dice por ejemplo: “La onda era pensar/ que en el 2000/ ya los coches volarían”. Hay una parte buenísma en donde se comenta la situación del riachuelo en la actualidad. Se escucha: “Aquí me ves/ con 33/ hoy en el bondi/ me re cagué/ podés creer/ justo pasé/ por el riachuelo/ como zafé”. Muy bueno.
Tango argenchino además de canciones en 2X4 incluye un tema del tipo oriental que se llama “Kang ding quing ge”, similar a los que se escuchan de fondo en las películas del japonés Takeshi Kitano.

Mucho más que 2000 (2004) - **1/2
Otro proyecto paralelo del Cabra. Esta vez el nombre del grupo es “Los de Veguita”. Denominación que juega con el apellido del cantante (se llama Hernán de Vega) y con el humor bohemio (suena como “los debe guita”).
El estilo musical es una especie de tarantela. Muy pachanguera. Algo cuadrada (hay muchos temas con la misma base). Pero que apoya perfectamente el humor que sale de las letras (nada políticas).
Se incluyen nuevas versiones, con ese estilo, de algunos clásicos de Las Manos. Están “Jacinta” y “Jesús el de la cruz”. Ambas muy mejoradas. Además, se agrega una versión (con la letra cambiada) de “El oso” de Moris. Bastante interesante.
El resto son temas nuevos. Los mejores son “El hincha pelotas” y “El cartero”.

MOSKY PARALELO

Stimulation (2003) - *1/2
Proyecto paralelo del Mosky. Se dio cuando el artista todavía estaba en Las Manos. La banda se llama Stimulation y el disco tiene el mismo nombre. El estilo musical es electrónico, muchas veces marchoso dance. Alguna guitarra distorsionada puede acompañar. La cosa muchas veces termina siendo “industrial”, del tipo Ministry.
Hay un solo tema político (el que abre el disco, “Marchen”). El resto es sobre problemas existenciales y drogas. Nada de humor. Eso, que caracterizaba a Las Manos, quedó con el Cabra.
Se incluyen varios temas en inglés. De cualquier manera, en rigor de verdad, hay que decir que no todos los tracks están liderados por una voz convencional. Hay varios pasajes casi instrumentales. En ellos puede haber samplers o pocas palabras (con voz trucada, medio satánica) que acompañan la música.
El resultado para mí no es bueno. El disco es muy corto y para mí no tiene melodías interesantes. Tal vez el único momento aprovechable sea cuando suena el mencionado “Marchen”. El resto pasa desapercibido.

sábado, 19 de septiembre de 2009

DANIEL MELERO




DANIEL MELERO
Contra el instrumentista profesional

Melero 1: En sincro conmigo

Desde que No Seas Fanática Rock abrió sus puertas en abril de 2008, muchos lectores me han enviado cartas por correo electrónico. Algunos me felicitan por la atención que le pongo al trabajo de sus artistas predilectos, otros se entusiasman porque coinciden con mis apreciaciones personales y unos últimos, por supuesto, impugnan todo el blog. Obviamente, me hacen una crítica que es válida: nadie que se ocupe de calificar discos puede negarse a ser evaluado. Ahora bien, vamos a intentar reflexionar un poco sobre esos comentarios.
Un argumento clásico es decir: “Yo manejo el instrumento X, sé de música y te digo que este LP es bueno, ¿vos qué sabés tocar para hablar mal de tal artista?”. Esa crítica, así formulada, en mi opinión tiene algunos puntos para la discusión.
Por empezar, afirma que los únicos que pueden hablar de música son los músicos. Esta es una reflexión corporativista (haciendo un paralelo podríamos pensar que los políticos sólo pueden criticar a los políticos o peor aún, que los futbolistas sólo pueden criticar a los futbolistas) pero ese no es su principal problema.
Algo verdaderamente polémico está en que pretende despojar a la música de todo tipo de magia. En mi opinión, el objetivo de una canción es impactar justamente en la persona que no sabe como se hace un tema. La gracia es que la cosa se evalúe por el resultado.
Pero hay un último aspecto. Dicha crítica afirma también que la música sólo se hace con instrumentistas profesionales. Que el manejo admirable del piano o la guitarra (si es estudiado en conservatorio mejor) es lo único que permite a alguien ejecutar bien el rock.
Vamos al centro de la cuestión. A lo que está en el nucleo de este tipo de opiniones. Aquí lo que ocurre es que se le quiere dar cierto estatuto científico al arte, que obviamente no tiene. Los que defienden esta postura piensan que opinar de música sin saber tocar un instrumento es equivalente a opinar sobre química sin haber pasado por la universidad. Y no es así. No es así porque el arte no se puede enseñar. Porque el impacto estético de una obra es subjetivo (no es refutable). Es imposible responder científicamente, aunque nos duela, a la pregunta: “¿Los Beatles hacen mejor música que Bandana?". No hay forma de tocar “correcta” en el campo artístico. La vanguardia más extrema, por ejemplo: voces desentonadas e instrumentos que tocan una sola nota, puede ser considera disparate o innovación, dependiendo de quien la mire.
Lo que se enseña en los conservatorios es a manejar ciertas herramientas que permiten a uno hacer música dentro de los parámetros comunmente aceptados, de alguna manera, por la sociedad. Esos parámetros cambian con el tiempo y con cada cultura. No hay nada de verdad en ellos, son simplemente una moda. Y como tal puede ser cuestionada por personas en particular, sin necesidad de demostración empírica.
Lo que aquí vamos a plantear es que el arte es otra cosa, algo diferente a tocar “bien” el piano y la guitarra. Es proponer nuevas ideas sobre la música, ensayar formas estilísticas diferentes a lo escuchado comunmente, imponer una melodía (que se puede crear tarareando) en la cabeza de la gente. Es decir: el arte es creación, no ejecución intachable.
Es bueno poner un ejemplo. Muchos de nosotros, seguramente, hemos caminado repetidas veces por la calle Florida. Muchas veces, allí, hemos visto a un hombre que hace caricaturas. El tipo indudablemente tiene talento para dibujar la cara de una persona y para observar ciertos rasgos que sobresalen. Nadie duda de que se necesita cierta preparación para hacer eso. Sin embargo, eso, en el campo del arte, tiene un estatus mucho menor al de muchos cuadros que en apariencia son más sencillos de hacer. Sin ir más lejos, en 1915, un cuadrado negro sobre un fondo blanco marcó algo parecido a una revolución. Ese cuadro, compuesto por Kazimir Malévich, parece una estupidez y, sin embargo, ayudó a cambiar la noción de arte en aquella época. Participó del surgimiento del arte abstracto (en realidad: más precisamente del suprematismo), arte que se proponía, por primera vez, no representar objetos concretos de la vida real. Como se ve: alterar la relación signo (el dibujo que está en el cuadro) / objeto (lo que es representado) es mucho más innovador que ser el enésimo caricaturista sentado en una calle peatonal. Claro que el sentido común, alimentado por personas que tienen cuadros de paisajes en las paredes de sus casas porque “tienen lindos colores”, nunca estará de acuerdo. Y acusará al cuadro de Malévich de ser “una truchada”. Ese mismo público es el que festeja a Pappo cuando bardea a DJ Deró en el programa de Nicolás Repetto.


Melero 2: En sincro con Los Encargados

Quedémonos con “el Carpo”. Él nos puede introducir a pensar la obra de Daniel Melero. Como en cualquier biografía sobre este último artista, voy a empezar contando la anécdota histórica. En el año 1982 se realizó el festival B.A. Rock. A Riff (la banda de Pappo en ese momento) la pusieron en la misma fecha que a unos jóvenes tecno que se llamaban Los Encargados. Estos pibes, liderados por Melero, tenían cierta estética similar a la de Virus. ¿Qué pasó aquel día? Por supuesto, los metaleros, desconcertados por ver a un grupo “demasiado pop” (que “no tocaba”, porque usaba efectos pre-grabados), comenzaron a tirar cosas sobre el escenario. Y así fue como expulsaron al grupo electrónico en menos de un minuto.
Esa anécdota, que según Melero representa al “rock argentino facho” nos sirve para unir el apartado anterior con éste. El público de Pappo, el guitarrista perfecto, el que trata a la viola como si fuera “un fierro” (un auto, traduzco) se burlaba de quienes programaban máquinas, de quienes estaban cambiando la relación del músico con los instrumentos. Quizás Los Encargados no sabían tocar como el Carpo, pero sí tenían claro cuál era el estado del rock argentino y como innovar. Pappo en esta historia no es otro que el caricaturista festejado de Florida y Melero es Malévich.
Vamos a citar algunas frases del líder de Los Encargados. Las sacamos del libro Recolección vacía de 1994. Antes hay que aclarar que Daniel, aunque puede ser un instrumentista muy limitado, es un tipo que conoce muy bien (como ningún otro rockero argentino) de filosofía sobre música. Ha leído a Theodor Adorno, a John Cage. Sabe de eso. Va la cita: “Si algo molesta en el campo artístico, donde cuentan valores como el profesionalismo y la seriedad académica, seguro que es arte (…) considero al sampler como una esponja sonora que te convierte en una especie de Marcel Duchamp: cuando modificás una música ajena es ponerle bigotes a la Gioconda y cuando captás sonidos del ambiente es como hacer un ready made”. Como se ve, él mismo hace las comparaciones con las artes visuales.
Sigue: “Estos músicos implementan técnicas para crear en base a los logros que un artista produjo alguna vez (…) la artesanía es un zombie del arte. Toma algo que en su momento fue arte con el fin de reproducirlo infinitamente como un clono de menor resolución que el original. Me imagino que alguna vez hubo un coya que hizo una vasijita realmente increíble y admirable. Hoy existe un mercado de vajillas coyas. Con el rock sucedió lo mismo”. Indudablemente, hay poco para agregar, la definición es perfecta. Es más, hasta siento que toda mi introducción anterior (con el ejemplo del caricaturista y de Malévich) palidece ante la exposición filosófica de Melero.
Pero bueno, sigamos con la historia, Daniel en 1982 fue echado del B.A. Rock por tener esa concepción del arte. No podía grabar un disco (carecía de contrato), pero era señalado por varios periodistas como el líder de un grupo de vanguardia. Siguió presentándose en algunos pubs de Buenos Aires y es así como en 1984 irrumpe Carlos Cutaia (ex tecladista de Pescado Rabioso y de La Máquina de Hacer Pájaros) en uno de sus conciertos. Cutaia le ofrece a Melero participar del LP Orquesta. Indudablemente buscaba un asesoramiento tecnológico, un pasaje a la modernidad, un cambio en su carrera. Daniel aceptó y así hicieron un disco tecno muy disfrutable, con mucha onda robótica.
El LP propio de Los Encargados (tienen uno sólo editado) iba a llegar recién en 1986. Se llamó Silencio y representó un avance muy grande en la música argentina. Se trataba de una mezcla perfecta entre sonidos electrónicos y melodías pop. El tema “Sangre en el volcán” impactó fuertemente en el periodismo local y así fue como Melero fue rotulado como una especie de promesa (tal hoy lo siga siendo para algunos, algo así como una “promesa eterna”). Lo concreto es que esa conjunción (a veces tensión) de lo tecno-experimental y de la melodía pop-clásica iba a caracterizar al artista tal como lo conocemos hoy.


Melero 3: En sincro con él mismo

En 1988 comenzó su carrera solista con el lanzamiento de Conga. Paralelamente se dedicó a producir algunos discos de rock nacional. Estuvo con Todos Tus Muertos, Suárez, Juana La Loca, Tía Newton. Como se ve, varios grupos de la movida sónica, que sería llamada en los noventa “Nuevo Rock Argentino” por algunos periodistas poco originales. Melero fue, principalmente desde lo intelectual, uno de los abanderados de ese movimiento.
De cualquier manera, su salto a la relativa fama vino por su amistad con Gustavo Cerati. Melero había compuesto el hit “Trátame suavemente” (Soda Stereo, 1984) y en los noventa fue algo así como “el cuarto Soda”. Asesoró al grupo, le puso la pata modernosa, en los discos Canción animal (1990) y Dynamo (1993). Y llegó hasta a sacar un disco a dúo con líder del grupo.
Pero vamos a hablar de su discografía solista. Como dijimos anteriormente, se caracteriza por intercalar todo el tiempo electrónica y pop clásico. A veces (las mejores) se juega por armonizar a la perfección los dos estilos. Otras (las más flojas, quizás) se juega por los extremos: electrónica demasiado inaccesible o pop demasiado unidireccional. Amplío en los próximos párrafos.
En el terreno de lo electrónico fue señalado muchas como el Brian Eno argentino por sus experimentaciones con el ambient. Es así como en varios de sus discos se dedica a crear climas y puede aburrir. En otros, como Cámara, cae en la frialdad (y oscuridad) propia de las máquinas inertes. Ahí es cuando uno se pregunta si no conviene poner un poco de bongó, un poco de redoblante, que traiga algo de vida. Porque, obvio, la vanguardia hecha con tecnología (aunque la defendamos en este post) no siempre es perfecta. Cuando se cierra sobre sí misma puede molestar.
De manera opuesta, en el terreno de lo pop también hay un riesgo. Pasar papelones por incurrir en frases cursis. Y Melero en muchas oportunidades ha caído en ellas. Algunos pasajes de Rocío (en especial la canción “Descansa en mis brazos”) y de Vaquero (“Tu vida empieza hoy”, “Florcita”) lo demuestran.
Como se ve, cuando pretende ser 100% vanguardista la pifia y cuando pretende ser 100% pop también. Lo interesante está en los puntos medios. En “Orbitando” por ejemplo (ver Disco X Disco). En la mezcla, en la complejización de lo pop, en la masificación de lo tecno. Ahí es donde Melero se destaca.


Melero 4: En sincro con el rock argentino

Para cerrar este post es bueno hacer una valoración general de Melero en el contexto del rock nacional. No se trata de un genio: como se dijo anteriormente tiene varios puntos criticables. Pero en lugar de gastar pólvora en objetarlo, es mejor defenderlo de sus opositores, que utilizan el (conservador) sentido común y, peor aún, cierto aire cuadrado de “profesionalismo musical” para subestimarlo. No es un chanta Daniel Melero por no manejar instrumentos. Es un vanguardista, alguien que por lo menos quiere sacudir lo establecido. Aquello que solo es moda e intenta, en vano, convertirse en ciencia.
Antes de dejarlos con el comentario de los discos, una aclaración: no puse, como es costumbre en el blog, los LP instrumentales. Es decir: no están ni Recolección vacía, ni Operación escuchar ni Acuanauta. Me voy a limitar a recomendar este último, aunque más no sea porque incluye un programita para computadora muy agradable, que permite al oyente disfrutar de una atmósfera océanica mientras es relajado por la música. Tampoco están los discos de grandes éxitos o reversiones. Es así como faltan M y Piano. Breve comentario: M es un compilado de canciones clásicas del artista en versión house año 2000 y Piano es un conjunto de versiones sobrias de sus temas pop, sólo acompañadas por un pianista. Fueron dos discos muy bien comentados por los críticos.

DISCO X DISCO MELERO

CARLOS CUTAIA ORQUESTA

Orquesta (1985) - ***1/2
Si bien este LP está firmado por Carlos Cutaia (pianista y tecladista, ex integrante en los 70 de las bandas Pescado Rabioso y La Máquina de Hacer Pájaros), la presencia de Daniel Melero es muy importante. En realidad, se trata de un disco a dúo. Tal vez por una cuestión de fama en aquella época, sólo firma Cutaia pero la participación de Melero es equivalente a la que tuvo en el posterior disco con Gustavo Cerati. Y ahí sí puso el gancho.
Daniel aquí en Orquesta canta tres canciones, compone buena parte de las letras y aporta el asesoramiento tecnológico. El resultado es un disco tremendamente innovador, repleto de sintetizadores y baterías electrónicas. Posiblemente el primer trabajo 100% tecno que se hizo en la Argentina.
El dúo logra cuatro muy buenas canciones: “Juegos confusos”, “Programación”, “Sensación melancólica” y “Ella baila”. Esta última realmente disfrutable, en especial su última parte instrumental. Definitivamente un disco tan aprovechable para el baile como para el regocijo intelectual.
Lamentablemente, en paralelo a estos sonidos futuristas hay cierta referencia a lo robótico que termina perjudicando muchísimo al disco. Visto desde hoy da cierta vergüenza ajena. Para comprobarlo basta escuchar los tracks “Uranio enriquecido” (en el que los dos, de manera patética, hablan haciendose los robots) y “Operativo” (que en un pasaje dice “tengo que cumplir… una misión/ hoy, en mi móvil, rumbo al microcentro/ rememoro instrucciones, de mis superiores/ ahora, opero, en las coordenadas indicadas”). Una lástima.


LOS ENCARGADOS

Silencio (1986) - ****
Ahora sí Melero debuta con el control del 100% del material. Al mando del grupo Los Encargados lanza este primer y único disco de la banda. En realidad, existían dos anteriores pero nunca fueron editados por decisión propia del artista. Sí se publicó Silencio y su repercusión no fue menor: siempre se recuerda que la canción “Sangre en el volcán” ganó la encuesta anual del suplemento Si del diario Clarín.
Empecemos por lo bueno. En este LP está “Orbitando”, sin dudas el mejor tema que compuso Melero en toda su carrera. Bajo la apariencia de un relato de ciencia ficción (que incluye “ruidos de naves que parten”), Daniel reflexiona inmejorablemente sobre los sentimientos más comunes e importantes de la vida. Cuando canta “Necesito que me ames para poder verme/ vos sabés muy bien que…/ me pierdo todo por verte/ orbitando en torno a mí” está diciendo que la única justificación de la persona es sentirse amada. Fíjense que la analogía entre orbitar y estar pendiente de alguien es maravillosa. Esto es poesía magistral en el rock, acompañada de efectos especiales que le corresponden, de una melodía inmejorable y de un final arrasador (la parte musical que dice “sé que nunca estuve aquí/ o es que quizás visite este lugar en sueeeeños” y el saxo que acompaña). Más que excelente.
Después de tal pico vienen cuatro buenos temas que, si bien no llegan al mismo nivel, aprueban más que cómodamente. Son “Trátame suavemente” (en versión mucho más fría que la de Soda Stereo), la mencionada “Sangre en el volcán”, “Un disparo de luz” y “Líneas”. Todas perfectamente cantables.
Desgraciadamente, en la segunda parte del disco la cosa empeora. Hay una desafortunada acumulación de temas muy oscuros. Se pone el acentro en la creación de climas opresivos y eso termina por arrinconar al oyente. De cualquier manera, hay que decir que el track “Región”, que también cae en el problema de lo climático/opresivo, es una innovadora especie de “Por” (Spinetta) imaginado durante una relación sexual.


DANIEL MELERO SOLISTA

Conga (1988) - ****
El primer disco solista de Melero tiene un nivel más o menos similar al del LP de Los Encargados. Vuelve a haber varias canciones pop atendibles. La relativamente famosa “No dejes que llueva” es una de ellas. Otras son “Para quererte”, “Melodías románticas”, “Todo será” y “Canciones de moda”. Tal vez las letras son un poco menos ricas, más simples, pero los temas gustan igual.
Por supuesto que también hay pasos en falso. El track inicial “Sagrado corazón” nunca me gustó del todo (difiero ahí con muchas personas que conozco, sin ir más lejos con una “amiga” mía, inspiradora élla del título de este blog, que estaba “fanatizada” con el tema). “Deleite fatal” y “Piso 24”, en tanto, pueden tener cierta relación con la parte más oscura de Silencio. “Música lenta” y “Latitud” pueden apuntar al pop y no llegar a buen puerto.
Pero el disco en balance es más que bueno. Son cinco canciones bellísimas, para cantar y cantar por sobre la pista de audio. Más pop que electrónico, Conga logra con creces lo que se propone: grabar melodías en la mente de quien escucha.

Cámara (1991) - **
Lo que aborrecía en el disco Silencio de Los Encargados, ese clima opresivo que daba sensación de oscuridad. Ese estilo que estaba en la segunda parte del LP. Bueno, eso, ahora se adueña de todo el álbum. Cámara es un disco complicado, con melodías que nunca explotan, que aburren, pero también que arrinconan, que molestan, que atemorizan.
Voy a contar una anécdota personal. La primera vez que escuché el álbum, hace ya varios años, eran las cuatro de la mañana de algún sábado invernal. Yo tenía el pelo mojado ya que venía de bañarme y así me puse los auriculares gigantes. Recuerdo que el CD me deprimió profundamente. La anécdota es estúpida y tiene que ver más conmigo que con el disco (¡me había quedado sin salir!). Sin embargo, la pongo porque ilustra el tipo de sensaciones que puede despertar o, mejor dicho, potenciar. Sé que a algunos eso les debe gustar (aquellos que se visten de negro), pero yo paso.
De Cámara puedo llegar a salvar dos temas: “Iluso”, el único track con algo de vida que tiene este disco, y “Estrategias fatales”, que cierra el LP y cuenta con la presencia de Gustavo Cerati. El resto, para mí, es demaaaasiado dark.

Colores santos (1992) - ***1/2
Disco a dúo con Cerati. Es posible ver un video en You Tube en el cual se muestra cómo fue la grabación. Ahí queda claro que el entonces líder de Soda Stereo hace aproximadamente el 80% del álbum y lo trata a Melero practicamente como un “che pibe”. En realidad, este disco es más un proyecto paralelo de Cerati (un poco más electrónico y arriesgado que Soda) que un verdadero disco a dúo. Es por eso que nos parecía arbitrario cubrir éste álbum y no Orquesta, el LP hecho con Cutaia. La participación real de Daniel es más o menos equivalente en ambos, independientemente de la presencia o no de su firma.
El tema que abre el disco, “Vuelta por el universo”, empieza hipnótico y monocorde y termina atrapando recién en el segundo 3:27 cuando dice “alto, cada vez más alto” (esta forma de canción es muy innovadora). Luego viene “Marea de Venus” (mezcla perfecta entre rock y máquinas), uno de los mejores tracks junto al corte “Hoy ya no soy yo”.
Por supuesto, a todos estos temas los canta Cerati. Melero pone la voz sólo en dos: “Cozumel” y “La cuerda planetaria”, que son lo peor del álbum. Además de eso, aporta algunos bocados en el resto de los temas, pero son mínimos.
Por último quiero señalar al tema dance “Quatro”, instrumental. Está verdaderamente bien hecho. Después del punchi punchi con efectos viene un piano tranquilizador. Ruidoso y bello a la vez.

Travesti (1994) - ***
Si bien algo de máquina hay, en este disco el instrumento que más suena es la guitarra acústica. La mayoría de las canciones podrían cantarse en un fogón. Se ve que Melero aplicó simpleza después de ser señalado por el gran público (el fanático de Soda) como el “hombre tecno”. Es decir, eludió la etiqueta. Demostró que, sin efectos, podía interpretar canciones pop (algo similar a lo que haría años después con el disco Piano).
Hay tres temas muy buenos aquí: “Nena mía”, “Resfriada” y “En mi alma”. Este último (que dura menos de 2 minutos) tiene una melodía hermosísima en las estrofas y un momento magistral en el segundo 1:10 (prestar atención a lo que toca la guitarra).
El resto del disco a mí mucho no me llega. “Quiero estar entre tus cosas”, el tema más famoso del LP, no me agarra demasiado. Es bastante cursi. Y la melodía tampoco me parece gran cosa. Lo mismo podría decir del resto de los tracks: cumplen más que gustan.

Rocío (1996) - **
Melero crooner romántico en un disco muy tranquilo. Mucho piano (como máximo algún efecto sobrio). Seis de las doce canciones incluidas aquí son instrumentales. Las melodías tienen leves variaciones en el transcurso del álbum, lo que da una onda conceptual que abarca a la totalidad del CD. Lo buscado, más que ofrecer un disco de canciones, es poner al oyente en situación. Dotarlo de un clima especial que se puede definir como “música para escuchar después de que la chica nos dijo que nos quería y se fue a la casa”.
Eso mismo es lo primero que sobresale cuando oímos el track 2, “Descansa en mis brazos”. Mediante los coritos femeninos, la voz relajada de Melero y, en especial, los efectos de lluvia, imaginamos la escena y hasta nos metemos en ella. Lamentablemente, la letra del tema lo arruina todo ya que cae indudablemente en lo cursi. Sino escuchar la parte en que dice “un rayo, un golpe, que miedo, penumbras, susurros, licores, te quiero”.
Y el resto de los temas cae en algo parecido. Clima romántico pero no mucho más. “Peces” y “Pequeo” no son malas, pero tampoco llaman la atención. Podrían haber sido compuestas por cualquier baladista pop. Y los que quedan, bueno, los que quedan son basicamente intrascendentes.

Tecno (2000) - ***
Disco completamente electrónico, dance y marchoso. Se lo puede bailar perfectamente. Está hecho exclusivamente con instrumentos bajados de Internet. A diferencia de los LP más experimentales (Recolección vacía, Operación escuchar y Acuanauta), tiene canciones con voz (seis en total). Y tiene, además, canciones instrumentales que podrían defenderse por sí mismas si estuvieran sueltas por la radio. Es decir, hay menos ambient y más musicalidad.
El mejor tema del disco es, por lejos, “Primitivo”. Empieza con beats dance, sintetizadores y Melero cantando de manera monótona letras casi sin sentido. Pero poco a poco encuentra belleza. En el minuto 2:10 empieza a sonar una nota de piano (o simil descargado de la red) casi de fondo que a medida que pasa el tema va adquiriendo más protagonismo. Y en el minuto 2:38 se suman dos notas más, hechas con el mismo instrumento. Eso da una perfecta melodía que termina por adueñarse progresivamente de la canción, hasta ocuparla completamente. Al final, sólo suena eso. Es realmente impecable lo que se logra. Innovador al 100%.
Por supuesto que no todo es tan perfecto (ejemplo: el pasaje que dice “perfecto veneno”, que queda pésimo en la canción “Palabras”). Pero bueno, Tecno es un buen disco dance. Mucho mejor lo que hace la gran mayoría de los DJs.

Vaquero (2001) - ****
Este disco tiene once canciones rock/pop hechas y derechas. A diferencia de los discos de los ochenta, aquí no hay oscuridad ni opresión. Melero encuentra aire en composiciones completamente disfrutables. Cero clima. Cero tema instrumental. Cero ánimo innovador. Acá todo es radiable. En el mejor sentido de la palabra. Todo el que dijo alguna vez que Melero era “un charlatán” (Zeta Bosio y Charly Alberti, por ejemplo, según declaraciones de Cerati en Rolling Stone, marzo 2003) acá se quedó sin argumento. Está a la altura de los mejores rockeros argentinos.
Vaquero empieza más que bien. Las seis primeras canciones son perfectas. Lo hacen a uno cantar y cantar sobre la pista de audio. No dan respiro. Los coritos de “No es tan simple” son tremendamente adictivos (lo mismo ocurre con “Florcita”, el beatlesco último track del disco). El estribillo de “Vivir acá” también (la parte que dice “yo no sé a vos/ pero a mí ya me cansó”). Los aguditos de “Tormenta personal” (que tiene guitarra de Botafogo, sí, aunque no lo crean ¡Melero con Botafogo!). En fin: todo perfecto.
En la segunda mitad, el disco desciende un poco, pero no es aburrido para nada. Simplemente, las canciones no llegan al excelente nivel de la primera parte. Pero esto era esperable: las seis iniciales eran insuperables. Esto, más alguna letra cursi (tal vez “Florcita”), hacen que el disco se pierda las cinco estrellas. No estuvo tan lejos.

Después (2004) - **1/2
Este álbum fue editado en dos versiones. La primera, de cinco CDs, tiene partes ambient, dub y pop. La segunda, que resume lo “más trascendente” en un CD, es la que comentaremos aquí. Para que se entienda la cosa, a diferencia de lo que pasó con El Salmón de Calamaro, la versión de un disco no compila lo más radiable (y menos experimental) de la monumental caja. Melero elige, en la versión simplificada, los temas más representativos de cada estilo musical abordado.
Esa es la justificación de la inclusión de siete tracks instrumentales destinados a crear climas (algunos tienen pianos que recuerdan a Rocío). Muchos son realmente aburridos y hacen que uno extrañe la fuerza pop de un Vaquero.
Pero bueno, Después es así. Un disco que tiene un poco de todo. Sinceramente, la mayor parte es embolante. Sin embargo, hay una canción que me hace ponerlo y ponerlo en la compactera. Es la primera, “Amor en pie”, en la que se demuestra que el hombre puede seguir sacando excelentes melodías rock.
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AGREGADO EL 12 DE ENERO DE 2010
X por (2009) – ***1/2
Todos los medios elogiaron este disco. No tengo recuerdo de tanto consenso en torno a la obra de Melero. Para mí X (por) es bueno pero no taaanto. Vaquero (2000) era mejor y no había conseguido ni la mitad de los aplausos.
X (por) está producido por Diego Tuñón y por Diego Rodríguez, integrantes de Babasónicos. El concepto del disco sería “Melero X Babasónicos”. Es decir, la obra del solista, reinterpretada desde la producción por la banda. Este dispositivo es opuesto al de “Babasónicos X Melero”, el cual produjo un filme documental, en el que el ex Encargados filma y comenta una gira mexicana del grupo de Lanús.
La mayor parte de las críticas de X (por) citó, para el elogio, una frase del tema “Nueva era”. Dice el track: “esta nueva era es sólo promoción, esto es bueno, eso es malo, esto debe hacerse, aquello no/ está claro: nada lo resuelve un Fotolog o un My Space”. A ver, reflexionemos cinco minutos: ¿Cuántas veces se habrá dicho eso? Muy gastado.
Otra cosa molesta es la inclusión de un tema como “Chica somnolienta” en el track 7 del disco (casi a la mitad). “Chica…” tiene muchas partes de silencio y efectos de clima. Aburre. Rompe completamente con la continuidad que venía teniendo un buen disco de canciones como éste. Los temas siguientes quedan seriamente perjudicados por ese bajonazo. Y eso que hay hasta uno muy bueno (“Por la ventana”). Pero el oyente está en otra parte. El 7 lo distrajo y si llegó hasta el 8 (porque, me la juego, la mayoría saca el disco) es porque está pensando en otra cosa.
Una última objeción sería la de la estrofa de “Fantasma”. No es un fragmento desagradable, pero recuerda demasiado a algún tema viejo de Melero. Pista: buscar por el disco Travesti.
Pero bueno, hay tres estrellas y media ¿no? Eso quiere decir que el disco me gustó. ¿Y por dónde anda lo bueno? Y… “Nueva era” a pesar de la letra tiene una linda melodía, “Tenés”, el track 2, es un agradable bolero, “La reina del enigma”, que empieza medio lerda, tiene un lindo clímax (minuto 2:07).
Despedimos este comentario con una mención al momento más trascendente del LP. Se trata de “Celoso”, tema que puede convertirse en un hit. Cuenta con la presencia de Adrián Dárgelos de Babasónicos. Ambos cantan a la vez y le dan un dinamismo muy fuerte al track, dinamismo que Melero solo nunca podría haber conseguido. Daniel (me olvidé de ponerlo en el artículo principal del especial) mientras canta, más allá de innumerables aciertos conseguidos en su carrera, nunca deja de ser un nerd casi sesioso. Aquí con la ayuda de Dárgelos se normaliza. Consiguen un lindo tema. Nota: Si uno presta atención a la letra (“Soy cagón…/ odio a los grosos”) se da cuenta de que los términos escogidos son 100% Babasónicos.

miércoles, 22 de julio de 2009

ESPECIAL SUMO Y DESCENDENCIA




SUMO, DIVIDOS, LAS PELOTAS
Interpelación fallida

Intro NSF:

La crítica es opinión subjetiva. Sin embargo, muchas veces los grandes medios de comunicación parecen ignorarlo. Dejando de lado que todos los comentarios de discos tienen prohibido utilizar la primera persona (jamás un “a mí esto no me gusta”), las revistas apuntan a un consenso inexplicable. No hasta hace mucho la Rolling Stone decía en cada una de sus ediciones “Calificación: supervisada por los editores de RS” como si todo periodista tuviera prohibido irse de la concepción mainstream.
Jamás compartí eso. La crítica debe proponer una visión del mundo. Un tipo de estética. Debe defender con palabras lo que otros artistas hacen con la música. Y es imposible que a uno le guste todo. Es tan importante decir “este artista desconocido es bueno” como “este artista consagrado es malo”. Es por eso que en No Seas Fanática Rock, influidos por algunos críticos de cine que se animaron alguna vez a decir que Kubrick, Altman y Greenaway no hacían buenas películas, rechazamos un estilo de rock.
Así es como me encuentra la cobertura de la obra de Sumo y su descendencia. Tanto el grupo comandado por Luca Prodan como Divididos y Las Pelotas pertenecen al tipo de rock que yo rechazo. Centrado en la potencia del sonido, por encima de las melodías. Centrado en mostrar que “el grupo es una aplanadora”, en lugar de fabricar estribillos tarareables. Centrado en destacarse en los recitales (recuerden el dicho: “lo mejor de Sumo estaba en vivo”) en vez de dejar bellas canciones que puedan disfrutarse también grabadas en álbum.


Banda 1: Sumo

Para los espectadores extranjeros Sumo es una banda desconocida. Intentaré presentarla brevemente en un párrafo. Su líder es Luca Prodan, un italiano que había vivido en el Reino Unido. Vino a la Argentina a comienzos de los años ochenta, escapando de una adicción a la heroína. Llegó influido por el punk, el reggae y la parte más oscura de la new wave, contrastando fuertemente con el rock argentino de la época. Formó un grupo que combinaba canciones cantadas en inglés, con temas interpretados en castellano. En vida tuvo un éxito relativo: convocatoria aceptable pero incomparable al rock de estadios de los 90. Muerto (finales de 1987) tuvo una popularidad sin precedentes: se convirtió en estandarte de una buena cantidad de jóvenes. Sobrevivió su afán de rebeldía, su desprecio por la vida adinerada (venía de una familia de clase alta, había estudiado en el mismo colegio que el príncipe Carlos), su ícono como rey del reviente (la famosa ginebra).
Luca odiaba al rock argentino. Le parecía una copia. Salvando una foto con Charly García (que años después Germán Daffunchio dirá que fue totalmente armada), nunca se le conoció vínculo con los próceres del rock. Nada de recital con León Gieco y 150 invitados. Luca rechazó ese rock corporativo y se convirtió en la voz de un nuevo rock que estallaría en los 90 convocando a los jóvenes del conurbano bonaerense (que antes, en épocas como las de Serú Girán, habían sido opacados por los de capital). Sus referencias a Hurlingham (escuchar “Teléfonos/ White Trash”) sentarían precedente para el “rock barrial” de los 90.
“Sacudió el rock nacional apolillado” dicen algunos. Es posible. Hay que ver si fue para bien. Mi opinión es que no. Que Luca como constructor de melodías es muy inferior a los artistas que criticaba. Para que no parezca un rechazo en bloque al rock suburbano (hay algo de eso en varias críticas y me quiero despegar) vamos a decir que el Indio Solari, que también suena en el Oeste, es fuertemente superior. Varias de las críticas de Luca fueron fuertemente violentas y cayó hasta en la homofobia cuando le decía “putito” a Federico Moura, el cantante de Virus.
Su obra básicamente consta de tres discos oficiales. Lanzado en 1985 Divididos por la felicidad incorporaba canciones con aroma a disco (“La rubia tarada” y “Debedé”) y las intercalaba con un estilo reggae muy ortodoxo. En algún fanzine vestido de edición especial (Rolling Stone vieja dedicada a él) se dice que fue el inventor del reggae argentino. Es posible que antes de llegar al disco. Pero en 1985, año del conocimiento masivo de la banda, ya estaba re usado. “Chalamán” de los Abuelos de la Nada es de 1983 y es muchísimo mejor que cualquier tema grabado por Luca.
El segundo LP es de 1986, se llama Llegando los monos y vuelve a repetir el éxito de “La rubia tarada” con “Los viejos vinagres”. La banda incorpora más letras en castellano (“Que me pisen”, también famosa, que dice “yo quiero a mi bandera/ planchadita, planchadita, planchadita”). Y consolida su ascenso.
En 1987 sacan After Chabón y Luca sorprende con “Mañana en el Abasto”, su mejor canción, la única que reconozco como obra maestra. No hay un hit nato como en los dos LP anteriores. Pero la popularidad de la banda (shows, por ejemplo) seguía elevada.
Y en diciembre de 1987 ocurre la muerte de Luca. Era una muerte anunciada. El artista vivía al límite. Drogas, alcohol, bohemia. Escapó de Europa a principios de la década, vivió ocho años en Argentina (tres con popularidad) y terminó falleciendo. Allí comenzó el mito. Sin embargo, varios de sus compañeros de grupo continuaron trabajando. Se formaron tres bandas: Divididos, Las Pelotas y Pachuco Cadáver. Las dos primeras tomaron la posta de lo que había iniciado el pelado e hicieron música para las masas.


Banda 2: Divididos

El guitarrista Ricardo Mollo y el bajista Diego Arnedo formaron Divididos. Radicados en Hurlingham hicieron del sonido alto y potente su principal carta de presentación. Consagrados por la difusión de su disco La era de la boludez de 1993 adquierieron más popularidad que la que había alcanzado Sumo.
Podría definirse a Divididos como una fusión entre A) la “aplanadora del rock”, es decir, el grupo que suena bien, que suena fuerte (obvio que lo digo irónicamente, no creo que sea un mérito en si mismo “sonar bien”, más bien es un calificativo que suelen hacer los padres de los chicos de 18 años que tienen una bandita con canciones pésimas). B) el folklore argentino (algunas letras con reinvindicaciones indígenas, alguna mezcla entre chacarera y rock, alguna interpretación ortodoxa, muchas veces efectiva, de estilos norteños argentinos), C) el humor (especialmente de la mano de Diego Arnedo, en separadores muy efectivos).
Si me preguntan, la faceta aplanadora no me interesa, la del folklore a veces produce cosas interesantes (“Guanuqueando”, “Haciendo cola para nacer”) y otras veces no (“El arriero”, “Vientito de Tucumán”), y la humorística me parece su gran aporte al rock nacional.
Lo concreto es que participaron del apogeo del rock barrial, llamado a veces “chabón”. Es bueno aclarar que no son sinónimos. Lo barrial es sólo una parte de lo chabón. Veamos ejemplos: Los Piojos, La Renga y Callejeros hacen rock chabón (características adicionales a las referencias al barrio: importancia del aguante del público y la utilización de banderas, líderes no convertidos en estrellas, futbolización, en algunos casos simplificación stone). Notar que Divividos no posee la mayoría de esas particularidades. De alguna manera es un grupo de rock barrial, sí, pero no de rock chabón. Hay varios pasajes en donde se habla de Hurlingham (o del “agite del Oeste”) como antes el rock no lo había hecho, pero no aparece todo lo que caracteriza a la música “boncha”.
En fin, la voz potente de Mollo representó a buena parte de los jóvenes tal vez como lo había hecho el mismo Prodan y el Indio Solari y les dio el rock “auténtico” que esperaban. Tal vez por eso quedaron medio desorientados cuando Mollo abandonó la gordura, se casó con la actriz Natalia Oreiro y comenzó a hacer canciones pop a partir de la década del 2000. Para mí esa fue la mejor etapa de la banda. El abandono del ruido. La búsqueda, por primera vez en la historia de la banda, de la belleza compositiva. No es menor su reunión con Cerati en aquel recital histórico, se unían el rock cheto y el del conurbano, pero no sólo fue eso: fue el acercamiento de un músico muy limitado (Mollo) hacia el mundo creativo de los estribillos (Cerati).
El tiempo dirá cuál es la dirección que toma Divididos. Lo concreto es que hasta ahora han dejado una discografía llena de temas malos, que suenan fuertes, potentes, pero que no le dejan a uno esa incomparable satisfacción de haber encontrado buena música para tararear.


Banda 3: Las Pelotas

En 1988, una parte de los sobrevivientes de Sumo se quedó en Hurligham (Divididos) y otra parte se fue para Córdoba (Pettinato iría a España, pero eso ya lo veremos en el próximo apartado). La parte que se fue a Córdoba se haría llamar Las Pelotas.
El conjunto fue liderado por Germán Daffunchio, guitarrista en Sumo y por Alejandro Sokol, bajista y baterista en las primeras épocas del conjunto comandado por Prodan. En Las Pelotas ambos cantaban y hacían canciones.
Esta banda nunca llegó a tener la convocatoria de Divididos (yo diría que ni siquiera la de Sumo) pero a partir de 2003 empezó a sonar en las radios más populares gracias al horrible hit “Será”. Algunas páginas de Internet dicen que el primer período de la banda era under. Yo diría que no es así: eran una banda conocida pero un poco menos que otras.
Definir el sonido de Las Pelotas no es muy sencillo. Se quedaron con la parte reggae de Sumo (una de las partes que Divididos desechó), pero también desarrollaron una marca sonora propia. El primer LP, Corderos en la noche es un verdadero oasis y parece hecho por un grupo ajeno a todos los estilos que estamos comentando en esta entrada, pero luego la banda optaría por la simpleza en los discos posteriores. Una característica que yo percibo es que tienen mejores estrofas que estribillos. Algo que se da casi siempre. Esto puede ser por incapacidad, pero algo me dice que ven a esa parte de las canciones como algo pop, como una concesión que no quieren hacer, como la venta al sistema.
Alejandro Sokol sería el cantante de los primeros trabajos de la banda. Su forma de cantar es peculiar. Enfatiza la “r” y la “v” y es una verdadera sorpresa, habiendo sido un simple instrumentista en Sumo. Vivió, al igual que Luca, con numerosos problemas personales, drogas incluidas. Su personalidad siempre fue tímida y algo depresiva (ver fotos: casi siempre sale en segundo plano, cuando su importancia en la banda era decisiva). En mi opinión, sin ser un genio ni por asomo, fue el miembro más talentoso del conjunto. Fue separado de la banda en 2008 y falleció poco tiempo después cuando intentaba un proyecto nuevo (la banda El Vuelto S.A.)
En la otra punta está Germán Daffunchio. Al principio líder en las sombras del grupo, no cantaba. Se animó en los discos posteriores e intercalaba protagonismo con Sokol. Hasta que en Esperando el milagro (2003) y Basta (2007) le pone voz a la mayor parte de las canciones. Después del alejamiento (y posteriormente muerte) de Sokol, quedó como único líder de la banda. Para mí es un tipo con muy poco talento, dueño de una voz verdaderamente aburrida y de canciones realmente mediocres.
En resumen, Las Pelotas fue y es una banda del montón. Sacando a Corderos en la noche, no han aportado demasiado al rock nacional. Sin Sokol no le pongo muchas fichas, pero siempre puede haber sorpresas. Por lo menos, de la misma manera que Divididos, últimamente muestran una mayor aceptación de los estribillos pop. Habrá que ver qué sale de eso.


Banda 4: Pachuco Cadáver

Una tercera porción del disuelto Sumo año 88 partió hacia España. Se trataba de Roberto Pettinato, saxofonista, hoy conocido por todos debido a su labor como conductor televisivo. En esa época fue el menos famoso de los ex compañeros de Prodan y lideró la banda Pachuco Cadáver, que quedó como un proyecto de culto, y nada más que eso.
Vamos a contar un poco la biografía de Roberto. Pettinato era periodista en los comienzos de los años ochenta. Trabajaba en la revista Expreso Imaginario. Ingresó como redactor y finalmente llegó a ser director. Entrevistó a Prodan luego de asistir a un recital en los comienzos de Sumo y comenzó a ser su amigo. Le contó que tocaba el saxo y tiempo después se hizo parte del conjunto.
Pettinato en Sumo no fue un integrante menor. Fue una de las caras más importantes. Reconozcámoslo: si no fuera por su popularidad posterior ni lo nombraríamos en este blog (¿alguna vez dije que nombrar sesionistas o miembros subordinados de las bandas me parece una pérdida de espacio en las críticas de rock?) pero eso no quiere decir que ahora no admitamos su talento.
La línea de saxo y la totalidad de la letra de “Los viejos vinagres” pertenecen a él. Gran parte de “Lo quiero ya” también. Y su saxofón omnipresente en varios temas de Sumo (empezando por “Divididos por la felicidad”) también. Ese sonido fue una marca personal del grupo y eso fue gracias a Petti.
Luego de la muerte de Luca, Roberto se fue con Divididos (según él compuso algunas letras de lo que luego sería 40 dibujos ahí en el piso), pero al poco tiempo abandonó. Terminó radicándose en España y formando el dúo Pachuco Cadáver con el tecladista Guillermo Piccolini.
El éxito nunca llegó, pero hay que reconocer que se trata de un estilo de música difícil. Nada que ver con el rock para las masas de Divididos y Las Pelotas. Pettinato tenía influencias del free jazz, del punk under, de Frank Zappa. Hicieron dos discos que no están tan mal. En el mejor de los casos, pueden verse como discos de culto.
Y así fue como en los primeros noventa regresó a la Argentina y poco a poco se convirtió en una estrella de televisión. Su estilo humorístico (que siempre había tenido) le permitió liderar programas antológicos de la televisión argentina (Duro de acostar, Indomables) y así se hizo conocido por todos. Paralelamente hizo discos como El yo saturado y Música anticomercial, este último un disco ortodoxo de free jazz.


Fin NSF:
Para cerrar, podemos decir que los seguidores de esta corriente del rock argentino me odiarán por lo dicho. Me acusarán de que no escuché los discos con el tiempo necesario, de que prejuzgo a la banda, de que me paga Cerati, qué sé yo. Intentarán justificar con excusas lo que es demasiado sencillo: no me gustan estas bandas. Después de haber escuchado la totalidad de sus discografías me siento tan ajeno a ellas como cuando de chico presencié aquel recital del Buenos Aires Vivo de Divididos. Esto no me habla a mí. Y eso significa que no le habla a una buena cantidad de jóvenes que piensan como yo. Rechazamos este rock. Izamos la bandera de la belleza y descartamos la del ruido. En este tipo de opciones radica la virtud de la crítica. Para repetir lo que la mayoría piensa, bueno, para eso hay que asistir a la puerta de cualquier festival.

SUMO, DIVIDIDOS, PELOTAS DISCO X DISCO

SUMO OFICIALES:

Divididos por la felicidad (1985) - **1/2
El disco empieza con “La rubia tarada”, uno de los hits más grandes del grupo. La letra siempre me pareció muy previsible. No es otra cosa que el típico “soy rockero y los chetos son tarados”. Parece sacado de la primera página del Manual del Músico Rebelde. Nunca comprendí por qué se piensa que Luca está diciendo una verdad escondida en este tema. Musicalmente no es mala y comparte con “Debedé” la característica de tener cierto aire disco que me parece lo más interesante del grupo (en el próximo disco está “Los viejos vinagres” que también transita el mismo camino). Pero la letra…
Los otros dos temas más famosos del LP son el insípido “Divididos por la felicidad” (Luca siempre dijo que Virus le parecía un grupo “frío”, pero, a excepción del saxofón del comienzo, este tema supera en ausencia de vida a cualquier pasaje grabado por el grupo de Federico Moura) y “Mejor no hablar de ciertas cosas”, que tiene letra del Indio Solari, y que está verdaderamente falto de gancho (“pero no… mejor no hablar de ciertas cosas”, ¿eso es un estribillo?).
El resto del disco tiene reggae. Para 1985 ya no era novedad en Argentina, aunque es justo reconocer que Luca lo había introducido mucho antes en el país con el grupo paralelo Hurlingham Reggae Band. Aquí suena completamente chato y aburrido. Oscuro y casi hipnótico. Le quedó parecido a Sandinista! de The Clash. Quien espere las melodías de un Marley, bueno, quedará esperando.

Llegando los monos (1986) - ***
Este disco es mucho mejor que el anterior. Hay tres temas que me gustan: “Estallando desde el océano” (el cambio melódico que hacen de estrofa a estribillo, en el minuto 0:55 y en el 2:30, es de una complejidad tal que parece de otra banda), “TV Caliente” (también conocida como “Virna Lisi”, es un homenaje a la actriz italiana, o mejor dicho, una canción de amor sexual sobre ella) y “No Good” (¡un reggae bueno!, les salió lindo el punteo de guitarra cuando se escucha el estribillo; igual no festejemos, hay dos reggaes malos: “Que me pisen” y “Rollando”).
Está bueno que esta vez la banda no se queda en el ritmo jamaiquino como en Divididos por la felicidad. Apuesta fichas al punk (“El ojo blindado”, no demasiado atrayente) y al protodisco (el hit “Los viejos vinagres”, con protagonismo del saxofón de Pettinato). Y mezcla estilos que dan una onda propia a la mayoría de las canciones (“Nextweek”, por ejemplo). ¡Bien por la diversidad!!
Hay un tema “importante” en el LP. Es “Heroin”. De letra previsible (“Pero hay una cosa/ una cosa que no puedo olvidar/ porque está en mi cabeza/ y pienso en ella cuando estoy en la cama/ ¿sabés lo que es?/ heroína”). Musicalmente es pésima. Claro que todos los fanáticos dicen… qué groso este tipo. En fin.

After Chabón (1987) - ***
Más o menos en el mismo nivel que el LP anterior (tal vez un poquito peor), After Chabón tiene también algunos buenos momentos, algunos momentos maso maso y otros olvidables.
Para cambiar un poco, empecemos por los malos: los reggaes oscuros “Ojos de terciopelo” y “La gota en el ojo” (dignos de las partes más aburridas del primer disco), “El cieguito volador” (causa gracia y ternura escuchar a Luca con su castellano imperfecto decir “Los murciélagos se quedan/ abrigaditos en cuevas tristes”, pero melodía acá no hay) y “No te pongas azul” (un somnífero, sin variaciones, hipnosis pura).
Ahora veamos los momentos maso maso. No son realmente buenos, pero tampoco molestan. “Banderitas y globos” es un punk que está en la onda del “El ojo blindado”, no inventa nada pero le da movilidad al disco, lo sacude un poco. “Lo quiero ya” tiene una frase inicial buenísima (“Hasta que choque China con África/ te voy a perseguir”) y un devenir aceptable. “Percussion Baby”, el tema que cierra, es un reggae dinámico, agradable.
Cerramos este comentario con los buenos momentos, los que lo hacen a uno volver al disco: el aire celta de “Crua Chan” (influencia de la infancia escocesa de Luca), el reggae pacifista “No tan distintos (1999)” (un clásico que cualquiera escuchó 100 veces), “Hola Frank” (aunque la voz, vista desde hoy, se parezca a Jazzy Mel) y, por supuesto, “Mañana en el Abasto”, un tema que musicalmente es monocorde, pero que en las letras define a Luca como un outsider mucho mejor que “Heroin”, “La rubia tarada” y todas las demás juntas. El tipo no sólo hace una perfecta radiografía de lo que ve (“tomates podridos/ por las calles del Abasto”) sino que se posiciona ajeno a todo eso, y no sólo a eso, que era fuertemente extraño para un inmigrante, sino también a todo tipo de vida normal (“José Luis y su novia”, por ejemplo, aparecen como algo totalmente externo e inalcanzable). El, aunque en la canción no lo diga directamente, no es otro que el “hombre sentado ahí con su botella de Resero”. Una de las mejores letras del rock argentino. Tal vez el único momento en el que el artista alcanza el prestigio de la leyenda.


SUMO PÓSTUMOS:

Fiebre (1989) - **
Este disco se editó después de la muerte de Luca. Es una especie de recopilación de temas inéditos: algunos, la mayoría, fueron grabados en estudio y otros, cuatro, en vivo. Esto hace que el LP sea profundamente desparejo en cuanto a calidad sonora. A eso se le suman algunos covers (“Fever”, un tema que solía cantar Elvis Presley, “Day Tripper” de los Beatles y “Redemption Song” de Bob Marley). En síntesis: es un rejunte de lo que se pudo conseguir para agrandar la discografía muy escasa de un artista que ya para 1989 era tomado como bandera por muchísimos jóvenes.
El resultado artístico es lamentable en varios casos. Algunos temas tienen tan bajo nivel que el mismo Luca los ignoraba al momento de seleccionar tracks para sus discos oficiales. “Callate Mark”, dedicada a Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, es un ejemplo. Impresentable. Lo mismo ocurre con “Déjame en paz”, “Al repalazo”, “No más nada” y “Cuerdas, gargantas y cables”. Se nota mucho que son descartes y eso hace que uno se pregunte acerca de la conveniencia de la edición de este tipo de discos, que ponen a disposición del público algo que el artista, en vida, prefirió esconder.
Sin embargo, milagrosamente, no todo es desechable. “Pinini Reggae” es mejor que buena parte de los temas de Divididos por la felicidad, “Brilla tu luz para mí” (que hubiera formado parte del cuarto disco de estudio oficial de la banda si Luca no hubiera muerto) está bien. La mejor es “Aquí vienen los blue jeans” con efectos de voz similares a los que usaba David Bowie por aquella década de los años 80. No voy a decir que son perlas entre escombros. Pero algo es algo.

Corpiños en la madrugada (1993) - ***
Este disco es en realidad el primero de la banda. Sin el apoyo de Sony todavía, se editó en 1983 exclusivamente en casete en forma muy limitada (300 copias) y tuvo escasa repercusión. Muchas de sus canciones luego se publicarían (regrabadas, o sea: en versiones diferentes a las que están acá) en los tres discos oficiales de la banda. Pero no todas. Por ejemplo, “Teléfonos/ White Trash” y “Fuck You”, muy conocidas, no están en ningún otro LP que éste.
Vamos por partes. Las canciones famosas que ya estaban aquí son “La rubia tarada” (la versión de Corpiños tiene más bajo y menos disco que la conocida por todos), “Mejor no hablar de ciertas cosas” (en donde Luca canta un poquito más lento y cansino que en la versión más famosa), “Banderitas y globos” (con la voz en un volumen mucho más bajo), “Divididos por la felicidad” (casi igual), “Debedé” (con el bajo mucho más alto, un poco más lenta y con Luca cantando más tranqui) y “Nextweek” (con la presencia inexplicable del saxofón en todo momento).
Las otras, las que no se editaron en los 3 discos hechos para Sony, son malas y buenas. Malas son “Night and Day”, “Fuck You” (griterío punk ortodoxo), “Warm Mist” tal vez (tiene un aire a Pink Floyd). Las buenas son varias. “Quiero dinero”, dedicada a los dueños del bar Einstein, uno de ellos el después tristemente célebre Omar Chabán. “Solo piano” con Luca tirando aguditos, muy bien. “Breaking Away”, un buen reggae. Y “Teléfonos/ White Trash”, la mejor, también conocida como “Teléfonos sonando en habitaciones vacías”. Empieza tranquila para después explotar con un “ska, ska, skabadubideh” y una parte de saxo inigualable. Un clásico, que se popularizó gracias a una versión que hizo Attaque 77 mezclándola con “Amigo” de Roberto Carlos.
En síntesis: Si se piensa que este disco es del 83 salta a la vista que fue un OVNI para el rock argentino. Punk, reggae. Un año antes estaban todos los pelilargos con la guitarrita en el festival por las Malvinas. Ahora bien, si lo vemos ahora, después del éxito de Sumo, habiendo conocido las canciones en otras grabaciones, bueno, es a) un documento histórico, b) una rareza (con versiones peores pero distintas) y c) un disco con tres canciones nuevas buenas. No es poco.

Time Fate Love (1996) - **1/2
Este disco no es de “Sumo” sino de “Luca Prodan”. Se trata de una compilación de grabaciones hechas en la provincia de Córdoba durante el año 1981. Sorprende que aquí, en buena parte de los temas, el artista canta con el acompañamiento de una guitarra acústica, algo que contrasta fuertemente con el estilo ruidoso de su producción posterior.
En el LP hay un solo cover (“Going Up the Country” de Canned Heat), y tres temas que luego serían regrabados para discos oficiales (“Regtest”, “Virna Lisi” y “Divided by Joy”, esta última muy cambiada). El resto es inédito.
Time Fate Love tiene un track muy bueno, “Lament”. No sé por qué razón Prodan la tenía escondida durante la época de Sumo. Se trata de una de sus mejores composiciones. Es una canción melancólica en la línea de Nick Drake. El registro de voz mostrado aquí por Luca, con agudos muy agradables, supera por lejos a la voz resistente y gritona que mostraría después.
El resto de los temas no alcanza tal pico, pero tampoco es desastroso. En resumen: se trata de un disco interesante que ilumina una faceta escondida del artista. A mí mucho no me llena, pero reconozco que me hizo ver a Luca de otra manera.

Perdedores hermosos (1997) - *1/2
Se ve que envalentonados por el relativamente aceptable resultado del disco anterior, los amigos de Luca (con Timmy Mackern a la cabeza) se mandaron con un nuevo conjunto de temas inéditos. Lamentablemente, el resultado no está a la altura de lo conseguido anteriormente. Pero sigue sumando a la hora de entender a la persona por encima del personaje.
Esta vez son temas del 81, 82 y 83. La mayor parte de las grabaciones fue realizada en Hurlingham. Hay un cover de David Bowie (“Soul Love”, más acelerada y reggae que la original) y otro de Lou Reed (“Billy”). El resto son temas propios nunca más grabados por el artista.
El estilo musical es similar al de Time Fate Love. Vuelve a destacarse una canción (“Luces rojas”). No es una perla como “Lament” pero es claramente superior al resto del LP. “Reggae Blues”, en tanto, es una innovadora mezcla entre los dos géneros. El resto, a mí personalmente, no me gusta. No encuentro melodía en “Cada día” ni en “Lloviendo en Londres”. Y, sumadas a “Canción de Nick” y “Solid Air”, me aburren profundamente. En fin: ese es el riesgo de un disco con guitarra acústica como este. Lo escuchás un domingo con lluvia y te pegás un tiro. 


DIVIDIDOS
 
40 dibujos ahí en el piso (1989) - ***
El primer disco de Divididos tiene un inconfundible olor a Sumo. Mollo canta bastante parecido a Luca. Con los años el grupo irían encontrando su propia identidad, pero aquí todavía están en deuda con el fallecido ex líder.
Es bueno decir aquí que comercialmente a este LP le fue bastante mal y que el grupo se arrepiente un poco de haberlo grabado (escuchar “Volver ni a palos” de 1996, o ver el lugar que le asignan a estas canciones en los shows en vivo).
Para mí, que en el caso Sumo-Divididos-Pelotas pienso todo al revés, es uno de sus mejores discos. La verdad que no termino de comprender qué es lo que valoran los fans. Si la aplanadora, el sonido fuerte, las guitarras a lo Hendrix, en fin. Este disco es superior a los más prestigiosos del grupo. Lo banco.
Hay un tema espectacular que se llama “Un montón de huesos”. La letra, breve, elude todo romanticismo y juega a esconder la palabra “piel” (“¿Qué hay debajo del amor?/ un montón de huesos”). La música, en tanto, exhibe un triunfalismo que solo el rock anglosajón (pienso en Bruce Springsteen) nos tenía acostumbrados a escuchar. Otros buenos temas son “Che, qué esperás”, “Haciendo cosas raras”, “La mosca porteña” (en menor medida), el instrumental “La foca” y “Camarón Bombay”, que inaugura la veta humorística en la banda.
No nombré siete temas. Bajan bastante el nivel. Pero bueno, en balance, a mí me gusta este disco. Además, ¡no suena como aplanadora!! Hagan la prueba: escuchen los primeros segundos del tema “Gárgara larga”. ¿Parece Divididos?

Acariciando lo áspero (1991) - **1/2
Este es el primer LP en donde aparece la banda tal como fue conocida por la mayor parte de las personas: una combinación de rock fuerte (“aplanadora” dicen los fans), con folklore y humor. Rompen totalmente con la herencia de Sumo.
En este LP hay tres temas muy famosos que son pésimos y nunca entendí como le gustan a la gente: “El 38”, “Aladelta” y “¿Qué tal?”. Hay potencia, sí, ¿y la melodía? Se la olvidaron. Me molesta profundamente esta concepción del rock, que cree que si el sonido tiene un nivel alto (“y te vuela la peluca”, ja) se consigue un sacudón en las cabezas. No muchachos. Va por otro lado la cosa.
Sin embargo, este grupo que parece defender corporativamente al rock duro, cierra el disco con un folklore calmo como “Haciendo cola para nacer” (muy bueno) en donde se incorpora la reflexión sociocultural con la línea “nace un hijo negro/ cachetazo al rock”. Vale la pena felicitar al grupo por la inclusión de la temática racial en el rock, algo que nunca se dice.
Bueno, pero sigamos con los temas. “Sábado” está buena (en especial cuando dice “dá la vuelta y besame”). “Sisters” y “El burrito” también. Junto a la anteriormente nombrada “Haciendo cola para nacer” forman un oasis de cuatro temas en el desierto del ruido.

La era de la boludez (1993) - **1/2
Este es peor que el anterior y, paradójicamente, fue más famoso. Tiene una onda folklórica en buena parte de sus temas (apuntalada por la producción de Gustavo Santaolalla, ver especial hecho anteriormente por este mismo blog). Y tiene al hit “¿Qué ves?”, que es uno de esos temas que uno ni odia ni ama. Que pueden haber sonado 80.000 veces (de hecho, este sonó) y no llaman la atención.
Recuerdo que en alguna Rolling Stone vieja se decía que la versión que hacen de la chacarera “El arriero” de Atahualpa Yupanqui “suena tan natural que parece que tal género mixto hubiera existido desde siempre”. Es insólito, pero lo que pienso es exactamente lo contrario: suena pegada con voligoma. Le quita toda musicalidad. Años después Calamaro hizo una versión del mismo tema para el disco El Cantante y le demostró al público joven que la canción era mucho mejor de lo que parecía.
Divididos se sumerge en una lava de ruidos que aplanan (je) la música. Pero lo folklórico y nativo no sólo aparecen en la música. También están en letras como “Indio dejá el mezcal” o “Cristófolo Cacarnú”. Como dije con respecto al disco anterior, me parece bien que traten esos temas.
Salvo tres tracks de la mediocridad musical. “Rasputín” y “Paisano de Hurligham” que zafan y “Ortega y gasés” que está buena en serio.

Otro letravaladna (1995) - **1/2
Con este disco (que lleva como título “Andá a lavarte el orto” escrito al revés) les fue bastante mal tanto con el público como con la crítica. Se decía que era más de lo mismo y peor. Comparto ese diagnóstico, con la diferencia obvia de que a mí lo anterior ya no me gustaba, pero bueno.
Yo voy a rescatar la faceta humorística del LP: la conversación entre Mollo y Arnedo haciéndose los tangueros viejos en “Volver ni a palos” (muy bueno lo del “Chichipío Wilson”, jaa) y los separadores que hicieron para “Basta fuerte” (“Pinocho Pelotari/ mujer, nena, hombrecito, perrito cualquiera/ hombre/ … debieras pitar”), que dicho sea de paso es la mejor canción del disco y una de las mejores de la historia de la banda (ver la influencia de Hendrix al comienzo). Realmente momentos muy graciosos, innovadores en un rock argentino solemne que parece que nunca escuchó a Frank Zappa.
El resto es tal cual como dijeron los medios. Lo mismo de siempre, pero un poco peor. “Tomando mate en La Paz”, “Agua en Buenos Aires” no tienen onda. Temas realmente tan débiles que no gustaron ni siquiera a los “periodistas objetivos”. Claro que los fans bancan todo.

Gol de mujer (1998) - **1/2
El quinto disco de estudio de la banda tiene tres temas buenos. “Alma de budín” (sobre el Oeste y los trenes, para los que dudaban de que Divididos tiene algo de “rock barrial”), “Nene de antes” (fue el primer corte, bien la melodía) y “Amor japonés” (conmovedor el final con la cita a “El anillo del capitán Beto” de Spinetta).
A eso le sumamos un excelente sentido del humor que, como mínimo, está a la par del que tenía el disco anterior. El track “Niño hereje” es en mi opinión el momento más gracioso de toda la historia del rock nacional. Parodia a una típica fiesta campesina en donde un niño se pone a zapatear (“eeesa Paquito”, se escucha) y la forma de cantar es exagerada (diciendo “hereje” como emocionado y exaltado después de decir “niño”). El tema es excelente.
Lamentablemente el resto del disco es lo de siempre. Malísimo. Con dos picos. 1) “Luca” un homenaje al ex líder de Sumo. Musicalmente es pésima y tiene una letra desastrosa (cuando dice “y ahora quién sirve el vermú” da vergüenza ajena). Deberían haberse tomado un poco más de tiempo para hacerle una canción a alguien tan importante en sus vidas y en la vida de su público. 2) “Sobrio a las piñas”, con un pasaje que cita a la Mona Jiménez y su “Quién se ha tomado todo el vino”. El tema es verdaderamente anémico, me quedo 1.000 veces con el original de la Mona.

Narigón del siglo (2000) - ***1/2
Con este disco volvió el Mollo flaco, después de años de gordura. Esta sería sólo una anécdota sino fuera porque ese cambio estético se produce en paralelo a cierto repliegue de la faceta “aplanadora”. Así es como Narigón del siglo incluye canciones con cierta tendencia pop que es (o mejor dicho, era) extraña en el grupo. Ver “Spaghetti del rock”, “La gente se divierte” y “Como un cuento”. Cualquiera de las tres hubiera sido descartada por blandengue en los discos previos de la banda (ni hablar el verso “besos por celular” de “Spaghetti…”).
Yo creo que es el mejor LP de Divididos. Le ponen más atención a las melodías. Sencillamente, me parece que el tipo deja de gritar y se pone a cantar. Los tres temas previamente nombrados están buenos, pero también “Vida de topo” y especialmente “Tanto anteojo”, una feroz crítica a la crítica de rock. Ricardo Mollo demuestra a la perfección que es tan válido opinar sobre un artista como hacerlo sobre un crítico. Y lo hace con una canción excelente que tiene su punto cumbre cuando dice “narigón del siglo/ yo te dejo perfumado en la esquina/ para siempre”. El cambio musical que logran antes de ese pasaje es buenísimo.
Obvio que hay también canciones que se ajustan al estilo aplanadora (“Casi estatua”, “Elefantes en Europa”). Esta vez no salieron tan mal. Complementan un disco disfrutable, para escuchar con el volumen alto, pero también para tararear en la ducha.

Vengo del placard de otro (2002) - ***
Este disco no me gustó tanto como el anterior, pero me guardé un par de temas. Tanto “Cajita musical” como “Libre el jabalí” son ruidosas pero tienen algún gancho en la melodía. No me llaman la atención pero las salvo. No obstante, las que vuelvo y vuelvo a escuchar son “Ay que dios boludo”, “Brillo triste de un canchero” y “Pepe Lui”. Son tres lentas. Me parecen de lo mejor que dio el grupo. A esa podría sumar el excelente folklore (“Guanuqueando”, del jujeño Ricardo Vilca) que cierra el disco.
Al resto del LP no le doy ni pelota. Indiferencia total. El tema que da título al álbum es flojísimo. “Casitas inundadas a votar” también. Yo creo que si hacían otro disco en el nivel de Narigón me ponía la remera y tal vez hasta me tomaba el tren a Hurlingham para ver si los veía por la calle. Pero no: no están a la altura. Vengo del placard del otro se queda en el medio. Pudo haber sido una obra maestra y sólo es un buen disco.


AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Amapola del 66 (2010) – **1/2
            Es increíble. Hay dos Divididos. Este LP es claramente un paso atrás en la carrera del grupo porque vuelve a mostrar el Divididos viejo. Ese que en Narigón del siglo y Vengo del placard de otro parecía ya dejado atrás.
            Me explico. Los dos Divididos se diferencian, básicamente, por la voz de Ricardo Mollo. Escuchemos “Amapola del 66”, “Jujuy”, “Boyar nocturno”, “Todos”. Allí todo parece pesado. Denso. Es como si le costara cantar. Como si fuera más lento que los instrumentos. Ahora vamos al Divididos nuevo. Oigan como canta Mollo en “El perro funk”, en “Mantecoso”, en “Caminando”. Yo me quedo con el pop 2000.
            Amapola del 66 es un disco que remite todo el tiempo a los años 60 (“la madre de este invento fue la angustia/ hoy la industria”, pero hay muchas frases más). Y tiene, como es habitual en el grupo, varias referencias al folklore. Claudio Kleiman (Rolling Stone) en su excelente crítica del disco marca que “Amapola del 66” termina en ritmo 6X8. No es el primer caso en el rock nacional (algo así hacen los Super Ratones en la olvidada “Cornalitos fritos”). Pero es más que elogiable esa mutación rítmica. Más folklore hay en “La flor azul” (una chacarera). Otra parte relacionada a eso es el recitado inicial de “Jujuy” (grabado previamente, en resolución claramente inferior al resto del LP), de fondo van apareciendo los instrumentos rockeros. Queda buenísimo… hasta que entra la voz de Mollo y ahí uno se duerme.
            PD: alguna buena melodía hay en “Hombre en U”, “Buscando un ángel” y “Muerto a laburar”, pero a mí no me alcanzó.
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LAS PELOTAS
 

Corderos en la noche (1991) - ****
Este LP es un verdadero milagro, teniendo en cuenta el nivel general de los discos que estoy reseñando en esta entrada. Ni Sumo, ni Divididos ni Las Pelotas después se acercan al nivel de Corderos en la noche. Sencillamente es otro estilo de música. Pongamos un ejemplo: “Levanta polleras”, incluido aquí, parece cantada por Enrique Bunbury de Héroes del Silencio o por Richard Coleman de Fricción. ¡Pero es Sokol!!!
Mencionemos todos los méritos: la citada “Levanta polleras” no es el único buen tema. “Bombachitas rosas” está buenísima (una balada sostenida por guitarras, muy agradable), “La vaca y el bife” tiene una letra humorística espectacular (algunas frases son “en un futuro cercano sería mi comida”, “la llevaron/ terminó echando humo en una parrilla”, jaa), “Corderos en la noche” y “Movete” están cantadas con una garra tremenda (prestar atención a como Sokol pronuncia las “v” y las “r”).
Quiero cerrar este mini comentario con una mención a “Sin hilo”, sin dudas uno de los mejores temas de toda la historia del rock nacional. Aquí no hay ruido como en Divididos, hay adrenalina. Hace poco vi un video de You Tube en donde estaba Alejandro Sokol ya en la época de El Vuelto SA. El sonido era malo y el artista ya estaba algo deteriorado de salud. Pero cuando empiezan a sonar los primeros acordes de este tema, se me puso la piel de gallina. Rock indestructible, viniendo de un artista impensado.

Máscaras de sal (1993) - **1/2
A este disco le pasa lo mismo que a Divididos por la felicidad de Sumo. Se zarpa con los reggaes oscuros y termina siendo aburridísimo (ejemplo “Músculo”). Parece otra banda que aquella que mezclaba estilos y tocaba con toda la polenta en Corderos en la noche. Acá se refugian en lo cuadrado al mejor estilo Prodan. Realmente para dormir.
No todo es malo, intercaladas con 10 canciones malísimas, hay tres buenas. Son 1) el hit “Capitán América” (recuerdo el muy divertido video con Sokol disfrazado del Capitán), 2) “Senderos”, un buen lento, 3) “Tucán”, el único buen reggae del LP, en donde satirizan al género, tiene una muy buena línea de texto cuando dice “Si vos querés venir conmigo a Santa Clara de Morris/ no te vas a agrandar, como si fueras Chuck Norris”.
El problema de este disco es que tiene una sucesión de canciones chatas, malas y aburridas todas juntas. Son como 5, una después de otra. Eso hace que al oyente (por lo menos a mí) se le haga imposible escuchar el LP entero. A no ser que sufra problemas de insomnio. Ahí sí lo recomiendo.

Amor seco (1995) - *1/2
Este disco fue bastante criticado en el momento de su edición. El público acompañó menos que antes (las ventas fueron bajas). Es comprensible: es el LP más flojo de toda la discografía. El corte “¿Hola, qué tal?” no está mal, pero es muy débil si recordamos a los singles de los discos previos. Y el LP, en su totalidad, está repleto de temas malos.
Por ejemplo, “Ella está muerta”, es un bolero sobre la impotencia sexual durante una relación (“no se me para/ no se me para/ no pasa nada”). ¿Graciosa? Mmm. Y eso que no es de lo peor en cuanto a melodía del disco. Para eso están “Chupa chupa”, “Combate”, “El ñandú”. En fin: la gran mayoría.
Tal vez hay una excepción. No es una gran canción pero está claramente por encima del nivel del resto del disco. Es “Hawaii”. Lenta, con aire a serenata mexicana. Agradable de escuchar y además con linda letra (“Luna de miel en Hawaii/ el sueño realizado/ ahora volvemos y está todo mal/ ya no es Hawaii, es Buenos Aires”). Me hace acordar a una película de Billy Crystal que se llama Olvidate de París. Simpatizo con ese tipo de ficciones.

¿Para qué? (1998) - ***
Buen disco. El mejor LP desde Corderos en la noche. El tema lento que le da título está bueno. Recuerdo que me había gustado cuando lo lanzaron como corte en 1998. Y me sigue gustando cuando lo revivo ahora. Muy bien cantado por Sokol. Lo mismo puedo decir de “Menos mal”, otro buen tema lento.
También se incluyen dos canciones muy dinámicas como “El peor” y “El día después”. Esta última tiene a Germán Daffunchio en voces. Me suele parecer aburrida su forma de cantar, pero en este tema convence. Debe ser porque es realmente una buena composición.
El resto del disco tiene cosas aceptables (el reggae “Transparente”, que inicia el disco con un riff muy entrador, “Cuando podrás amar”, la latinosa “Uva uva”, tal vez el aire celta que recuerda a “Crua Chan” de “Pará con la papa, papá”) y cosas flojas (“Te digo”, infantil, con forma de cantar en joda, que dice en el estribillo “te digo/ te digo lo que digo/ te lo digo o no lo digo/ te lo digo o no lo digo”). Pero en conjunto es un LP que aprueba cómodamente.

Todo X un polvo (1999)**1/2
Este es un disco mediocre en el mejor y en el peor sentido de la palabra. Tiene un perfil muy bajo. No hay hits ni grandes picos artísticos. Pero tampoco hay partes malas. Hay un nivel general muy parejo. Conforma a quienes valoran el trabajo de la banda en su conjunto. Pero decepciona a quienes le piden el plus, que la banda, en mi opinión, sí dio en Corderos en la noche y ¿Para qué?
Lo primero para destacar es que cambia bastante la forma de cantar de Alejandro Sokol. Algunos dirán que se hace más previsible, y otros alegarán que se hace más reconocible. Un dato: en el compilado Selección editado en 2001 se incluyen reversiones, con esta nueva forma de cantar, de los clásicos “Bombachitas rosas” y “Corderos en la noche”.
Volviendo a Todo X un polvo puedo nombrar a “La mirada del amo” o a “Boca de pez”, pero no son realmente grandes, grandes canciones. Sí quiero hacer un comentario sobre una letra: me molesta la crítica política fácil de “Maldito poder” (“qué hay que hacer, si ríen/ qué hay que hacer, si no escuchan/ ¿hasta cuándo?”). Caen en el facilismo de los 90, del desencanto con la política y el rechazo en bloque a todos los partidos.

Esperando el milagro (2003) - **1/2
El LP abre con “Será”, el máximo hit de la historia de la banda, el tema que los llevó a un nivel mayor de convocatoria (liderar o estar entre los líderes de festivales del tipo Pepsi Music). Nunca me gustó el tema. No entiendo como la gran mayoría de la gente afirma que se trata de una buena canción. Me parece que la melodía está copiadísima del ABC del rock, tiene cero innovación. Puede gustar la estrofa (la parte musical que dice “es como la fiebre cuando quema”), pero el estribillo y el riff del comienzo me parecen completamente aburridos. La forma de cantar de Daffunchio parece no tener vida. Vida que sí aparece en el tema 2, “Mareada”, cantada con la polenta de Alejandro Sokol.
Nombro tres temas buenos: “Día feliz” (otro que no va a cambiar el rock, pero al menos contagia adrenalina), “Abejas” (lento, medio cursi, pero con buena música) y “Si sentís”. Pueden hacer a uno volver al disco, pero tampoco se trata de obras maestras.
Las demás canciones del LP no son malísimas, pero tienen un nivel algo inferior al de Todo X un polvo. “Tomás X”, “Rey de los divinos”, “Esperando el milagro” están cantadas por Daffunchio y son un somnífero. Junto a una tapa horrible, redondean un disco flojo, que fue muy bien vendido, contra todos mis pronósticos.

Basta (2007) - **1/2
Indudablemente, en el disco anterior y en éste la presencia de Alejandro Sokol se hizo minoritaria en comparación a la de Daffunchio. Es un cambio que en mi opinión le hizo muy mal a la banda, pero que por ahí era la única opción que se podía tomar: Sokol atravesaba una dolorosa adicción a las drogas y era difícil trabajar con él.
La temática de este disco habla de relaciones interrumpidas (ver simplemente los títulos de las canciones: “Basta”, “Dicen que la distancia”, “Partidos”, “Ya no estás”). Yo creo que tienen varios significados. Uno de ellos es el desencanto con la política, el quiebre de una relación sentimental, y por qué no, la inminente separación de Sokol de la banda.
Analicemos el disco: empieza mal. Los aires tecno de “Basta”, la canción, no ocultan el previsible estribillo que repite casi sin musicalidad el nombre del tema. “Como un buey”, que fue el primer corte del disco, es de Sokol pero no es de sus mejores temas. “Siento”, “Partidos” y “La brisa” pueden gustar a algunos, pero para mí no son gran cosa. El panorama mejora con los temas siguientes: “Buscando un camino” tiene un muy buen estribillo (el corito femenino, muy bajo, que está detrás de la voz principal, es muy agradable), “Dónde te escondes” (un tema redondo, con un puente que termina haciendo de estribillo, muy buena).
En fin: un disco medianamente aceptable. A Sokol lo dejan de lado, pero Daffunchio no está tan mal como en el resto de los discos de la banda. Tampoco podemos decir que se manda un buen número de temas inolvidables. Hay dos temas recordables, no es poco teniendo en cuenta sus antecedentes.

AGREGADO EL 22 DE JULIO DE 2009
Despierta (2009) - *1/2
Primer disco del grupo sin Alejandro Sokol. La temática del LP es una mezcla entre a) el desencanto por la política, b) la esperanza y el optimismo en relación a la vida, c) la autenticidad, en relación a la falsedad. Analicemos uno por uno.
El desencanto por la política ya estaba en discos anteriores. Pero aquí está potenciado. Por ejemplo, en el tema inicial, “Saben” se escucha un coro de niños que exclama “Dicen que cooperan en arreglar el mundo/ pero en realidad les chupa un huevo”. Algo parecido dice “La semilla”: “siempre quieren más/ más ambición/ más poder”. Me parece una crítica facilista, que agrupa a toda la política en bloque. No muy diferente a lo que se escucha en cualquier esquina. Y que, además, renuncia a todo cambio social.
La esperanza y el optimismo en relación a la vida sorprende ya que algunos podían esperar que se tratara de un disco-bajón después de la muerte de Sokol. Pero no, hay versos que bordean la autoayuda: “No tengas miedo de lo que vendrá/ iluminá tu camino” (canción “Que estés sonriendo”). Como dije en relación a algún disco de Catupecu Machu: no me parece muy distinto a quedarse hasta la medianoche a escuchar el programa de los brasileros religiosos.
El tercer tema sería la autenticidad, algo que viene desde la época de Sumo. En “Pasajeros” se escucha “no hay que vivir fingiendo/ la cosa está al revés”, en “¿Qué podés dar” suena “qué podes dar/ realmente dar/ que está en tu corazón/ y no en aparentar”. Para mí esto se hace para el poster. Para decir “no somos caretas”. En fin: pura pose.
Eso fue una reflexión sobre las letras, sin embargo, los discos también se hacen con música. Aquí hay temas estruendosos, reggaes, canciones lentas. La voz de Daffunchio es aburrida y tiene como principal característica la enfatización (o ralentización) de ciertas vocales. Ver cuando dice “mañaaaana” en “Destellos”, “pueeeeerta equivocada” en “Pasajeros”, “porque el ciiiieeeelo” en “Una tregua” y hay varias más.
Evaluando los temas por su música podemos decir que hay poco para rescatar. Me quedo con la segunda voz, puesta por Fernando Ruiz Díaz, que está al fondo de “Si quisiste ver” (cuando dice “para que seguir con ese verso”), me quedo con “Personalmente” y la guitarra eléctrica que sostiene el tema, me quedo con el estribillo reggae de “Que estés sonriendo”. En fin: hay tres temas que zafan, ninguno que guste demasiado y siete aborrecibles. Seguro lo dijeron muchos pero no está de más: Se extraña a Sokol.


ROBERTO PETTINATO
 
Tres huevos bajo la tierra (1991) - ***
Después de la muerte de Luca, el ex saxofonista de Sumo Roberto Pettinato partió hacia España y provó suerte con Pachuco Cadáver, un dúo hecho junto al tecladista también argentino Guillermo Piccolini. El estilo era más intelectual y difícil que el de Divididos y Las Pelotas (sin ir más lejos, los Pachuco cantaban en inglés). Tenían influencias de Frank Zappa, Captain Beefheart (el nombre del grupo proviene de una canción de este artista), el free jazz, el punk. En fin: se quedaron con el costado menos popular de Sumo, aquel que Luca también tenía (ver influencias y referencias a Joy Division y demás en la obra del pelado).
El primer disco de Pachuco, Tres huevos bajo la tierra, tiene una tapa que quedó para la historia. Están Pettinato y Piccolini absolutamente desnudos mostrando sus genitales a cámara y protegiéndose con un paraguas. La tapa fue más famosa que el disco. Sin embargo, lo musical no está nada mal. Es bueno aclarar que Pettinato canta y no lo hace demasiado bien
Pero el disco encuentra la forma de cómo compensar esa deficiencia. Posee muchos estilos y es bastante dinámico. Del punk sucio de “Rock and Roll Vermellion” pasan a la batería electrónica de “Corazón de lata, calzoncillo pandereta”. Hacen una declaración de principios innovando sobre “Estallando desde el océano”, el viejo tema de Sumo y sobre “Sunshine of Your Love” el clásico de Cream. Son versiones deformes, con ruido, con sonidos de saxo jazzero que se cruzan. En fin: todo muy experimental pero atrayente.

Life in La Pampa (1992) - **1/2
El segundo disco de Pachuco Cadáver es notablemente inferior al primero. 14 canciones son demasiadas y termina aburriendo. Cae en lugares comunes (los sonidos de aspirar cocaína en “Sniffers”) y peca de un humor simplista (“hoy es un día hermoso/ podríamos salir a pasear, podríamos follar, podríamos comer/ servite, ahí hay un poco de torta/ podríamos salir a pasear / y a mirar otras cosas/ podríamos salir a cantar/ y de vuelta a follar, miau”).
Sin embargo, hay algo para salvar. Es el primer tema, “Is Your Mother Still Dressing You”. El comienzo del track es buenísimo, demuestra que podría haber sido un hit. Tal vez es por la voz no tan convincente de Pettinato que la cosa se aplana un poco luego. Pero el armado instrumental del track es impecable.
En fin: Life in La Pampa es un disco flojo. El primer LP sorprendía y era corto. Pero éste abruma y es más de lo mismo. Aburrido, pero al menos tiene un afán de innovación, ausente en la mayor parte de los trabajos de Divididos y Las Pelotas. Pettinato no la pegó con Pachuco. Volvería a Argentina a comenzar una carrera como conductor televisivo en la que le iría tan bien que sería recordado como uno de los Sumo más famosos. Puede parecer una injusticia porque era un simple instrumentista en aquella banda y la fama la adquirió mediante otro tipo de espectáculo. Sin embargo, cualquiera que escuche el saxo en Pachuco se dará cuenta de que ese sonido-marca-registrada era esencial para el conjunto de Luca Prodan.

El yo saturado (1999) - *
Ocho años después de la aventura española de Pachuco Cadáver y ya con una exitosa carrera televisiva, Pettinato forma los Pessy Mystics y lanza el disco El yo saturado. No es jazz, es una especie de rock sucio con muchas guitarras distorsionadas y con voces maquilladas con efectos (la suya propia, que suena peor que nunca).
El resultado es pésimo. Indudablemente un pasatiempo del ya conductor consagrado. Una especie “Acuérdense que yo además de hacer programas como Todos al diván también soy músico intelectual”. Mejor le salió Música anticomercial de 2003 (ese sí, un disco de free jazz, con buena percusión y bajos). Aquí todo es ruido, parece un ensayo de garage a media pila, no hay melodías atendibles. Yo creo que es puro gesto y existiendo el rock internacional no vale la pena ni escuchar esto. Olvidable en un 100% y la peor calificación de la historia de este blog.