viernes, 10 de octubre de 2008

CATUPECU MACHU


CATUPECU MACHU Y YO
Mi vida con ellos

Mi primer encuentro con Catupecu Machu tuvo lugar en el ya desaparecido Tower Records de la Avenida Santa Fe. Recuerdo que la aparición de esa disquería fue un fenómeno completamente revolucionario para la industria cultural de nuestro país. Habituados a encontrar en cada sucursal de Musimundo exactamente lo mismo (que era poco y nada), vimos en Tower nuestra triunfal entrada al “primer mundo” musical de los 90. Discos importados, revistas en inglés y… el pasaje al desastre económico del país vía uno a uno.
Pero bueno, conclusiones económicas aparte: en aquel Tower había una música de fondo perfecta. Vaya uno a saber qué equipo de audio utilizaban, pero se escuchaba completamente nítido. Los mismos temas que oíamos en MTV (por nuestros viejos televisores), allí sonaban como si las bandas estuvieran tocando delante nuestro.
¿Qué tiene que ver esto con Catupecu Machu? Resulta que un día voy a Tower y, buscando algún disco inconseguible, comienzo a escuchar unos gritos que decían: “La puerta, la puerta”. Terrible, me agarró desesperación. Empecé a buscar y a mirar para todos lados. Un amigo mío que estaba cerca comenzó a reírse, pero yo, como loco, buscaba dónde estaba la maldita puerta atascada, que seguramente, estaba por decapitar a alguna persona. No fui el único que se la creyó, aseguro que varios presentes más se la comieron. Es que el sonido que había en el local era muy bueno… (sí, es excusa).
Lo concreto es que un suspiro gigantesco me tranquilizó cuando empezó a tocar el grupo (se llamaban “Catupecu Machu” me dijo mi amigo, “una nueva banda hardcore, de esas que les gustan a los pibes que usan pantalones anchos”).
Debo admitir que al principio no me agarraron (tampoco me gustaban todo ese tipo de bandas de Estados Unidos), pero algo me llamó la atención: la voz del cantante, Fernando Ruiz Díaz. Con otro amigo alguna vez polemizamos: yo decía que el tipo cantaba bien, contra él, que lo criticaba.
Luego en MTV empezaron a aparecer algunos videos: “La polca” y “Calavera deforme”. Esas canciones no me molestaban pero tampoco me interesaban demasiado. La que sí me atrajo fue la versión de “Héroes anónimos” que sacaron para el LP en vivo A morir. Epa, este grupo que hacía hardcore, ese género tan crítico de la música nacional, interpretaba una canción de una banda pop de los 80. “No son tan cerrados”, me dije.
Eso se confirmó en el año 2000 con el video de “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”. Fernando Ruiz Díaz estaba con el pelo engominado y vestido ¡!con musculosa¡!?? Insólito. El tema nos gustó a todos. Hoy en día me sigue pareciendo una de las mejores canciones de los últimos años (tuve la oportunidad de decírselo a Fernando en un boliche de Mar del Plata, en uno de los pocos, y bochornosos, arranques cholulos que tuve en mi vida). No sólo me gustaban la voz y la música de las estrofas (cuando dice “mientras que uno anclaba, otro sin medir, cambió la forma adecuada y se fue”), sino también como estaba hecho el puente (“abro el costurero, busco y salgo a descocer”) y la parte final (“Y lo que quieeero es que pises siiiin el suelo”). Una gran canción.
La letra, por desgracia, nunca me agradó demasiado. “Conciente de mi inconsciencia/ me creo sin fin/ y subo mucho más alto/ que ayer”. Es ejemplo de una constante de los primeros años de la banda: la autosuperación como asunto preponderante. No sé muy bien que pensar de esto pero puedo afirmar que Catupecu, antes que alegría, transmite un afán de evolución personal que no se distingue mucho de los libros de autoayuda de Paulo Coelho. No sé, no molesta la autosuperación, pero tal vez me parece secundaria a, por ejemplo, la complejidad (duda, reflexión, insatisfacción) de un Artaud.
Pero bueno, sigamos. Año 2002. Cuadros dentro de cuadros. Computadoras. Gabriel Ruiz Díaz con toda, y el mejor uso de la tecnología en la historia del rock nacional. Sencillamente humillaron a los Redondos. Catupecu logró integrar las máquinas a la música de manera óptima. Habría que remontarse a Nine Inch Nails en el medio internacional para encontrar algo que se le parezca. “Origen extremo” está protagonizada por la maquinola, cualquier tema de Ultimo bondi a Finisterre sólo está decorado por ruiditos.
En ese disco, la banda incorpora un cover de “Hechizo” de Héroes del Silencio, lo que confirma otra de sus características fundamentales: la inmejorable selección de temas de otros grupos y las magistrales versiones que de ellos hacen. Para 2004 interpretan “Plan B: anhelo de satisfacción” de Massacre y el resultado vuelve a ser perfecto.
Este último tema es incluído en El número imperfecto, un disco que a mí me decepcionó (siempre opiné que es el primer LP en donde se repiten), pero que tuvo muchos adeptos: recuerdo, sin ir más lejos, que fue elegido como uno de los mejores de la historia del rock argentino por la revista Rolling Stone.
Mi relación con Catupecu siguió. Nunca fui fanático, pero les reconocí varios temas buenos y siempre los señalé como una de las mejores bandas de la actualidad. Pero una cosa es la evaluación artística de un grupo y otra la evaluación humana (siempre me cayeron bien Fernando Ruiz Díaz y su hermano), por eso me sentí muy mal en marzo de 2006 cuando Gabriel se accidentó. Lamentablemente el grupo se quedó sin una de sus figuras principales. Desde aquí sólo podemos desearle una pronta recuperación y felicitarlo por todo lo que hizo por la banda.
En 2007 me volvió a llamar la atención un cover hecho por la banda: esta vez se trataba de “Seguir viviendo sin tu amor” de Spinetta. Muchas veces nos ocurre a los seguidores de un artista (lo soy de Spinetta) que somos bastante celosos de los temas. Pero Fernando Ruiz Díaz hace innegablemente una buena versión.
“Seguir viviendo…” está incluída en Laberintos entre aristas y dialéctos, su último LP hasta la fecha, un disco en su mayoría acústico, más conservador que Cuentos decapitados y Cuadros dentro de cuadros, menos sorpresivo. Pero que también, creo, es su disco más disfrutable. Fernando logra mostrar allí que muchas de las composiciones de la banda son sencillamente muy bellas y pueden funcionar muy bien en un formato más contenido.
Resumiendo el artículo: la historia de una banda también se hace en las relaciones que uno (un simple oyente) tiene con ella. Y hay que transmitirlas. De lo contrario sólo repetiríamos biografías seudo objetivas de esas que se multiplican (íntegras) por Internet.
En las próximas líneas encontrarán, como es habitual, críticas de los cuatro discos de estudio de Catupecu y de los tres de Cuentos Borgeanos, la banda del ex baterista Abril Sosa. Consideré pertinente agregar estos últimos ya que siempre suelo poner los discos que los artistas sacan cuando se separan de sus bandas y emprenden una carrera solista (como lo hice con el Indio Solari y Skay).

DISCO X DISCO CATUPECU

Dale (1997) - **1/2
Primer disco de la banda. Año 1997. Definido por ellos mismos como hardcore (he visto que en muchos lugares lo califican como un disco ecléctico, con varios estilos musicales pero a mí, exceptuando “La polca” y “Ritual”, me parece bastante homogéneo). A eso se le suman letras de autoayuda como la de “El sueño” (“Puedes vivir para ver/ el amanecer”).
A mí me molesta un poco que el bajo esté tan alto: en “Calavera deforme”, por ejemplo, es omnipresente ese sonido (aunque me gusta la voz secundaria que hace de corito cuando se canta el nombre del tema). También me molesta lo que hace con la voz Fernando Ruiz Díaz en “Los tres deseos” (exactamente cuando canta “Lo pasado, pesado”). Cae, con esa forma de cantar, en el lugar común del género. Aclaro, que, a pesar de eso, “Los tres deseos” es una de las mejores canciones del disco.
En resumen: un LP que le debe gustar mucho a quienes escuchan a Fun People, Bad Religion, NoFX. Yo paso. Ni el estilo preponderante en la interpretación ni la calidad melódica mayoritaria me llaman la atención. Pero no es un disco malo para quien sigue este género.

Cuentos decapitados (2000) - ****
Un gran progreso para la banda. Sobre todo por la inclusión de dos canciones excelentes: “Y lo que quiero es que pises sin el suelo” y “Entero o a pedazos”. En esta última lo que se destaca es la parte en que Fer Ruiz Díaz canta: “ví ayer, oh, tan lejos oh”. El cambio musical entre lo que viene sonando y esa parte es muy bueno.
Al estilo sonoro del disco lo veo mucho más llevadero que en Dale. Menos pendiente de la fuerza de los instrumentos y más de lo bello de las construcciones melódicas. Las dos canciones anteriormente nombradas y el tema que da título al álbum son prueba de ello.
De cualquier manera, tampoco vamos a exagerar: “Perfectos cromosomas” y “Eso espero” son buenas, por la polenta, al mejor estilo del disco anterior. Y “Eso vive” no es ni siquiera buena (siempre la odié y nunca entendí la locura que desata en los boliches).
Como dije en el artículo principal de este especial, es sorpresivo el cambio de estética del grupo (pelo engominado en los videos, línea de texto que dice “DJ de turno/ no pongas fin”). Bienvenido el cambio entonces. Siempre hay que festejar cuando se elude lo previsible.
Nota: me encanta el experimento “Mamá me dijo que no viniera” (“¿¿¿y qué dijo mamá???/ que no vinieraaaa”). Tal vez la hicieron en cinco minutos, pero es muy efectiva, sobre todo por la muy graciosa voz de Fernando Ruiz Díaz.

Cuadros dentro de cuadros (2002) - ***1/2
El recurso a las maquinitas es un clásico de los últimos tiempos (nótese la contradicción): cuando una banda quiere aparecer como innovadora, en lugar de hacer construcciones musicales diversas o intentar crear ritmos nuevos, se recurre al instrumento tecnológico “futurista”. Y el resutado casi siempre es negativo, porque, obviamente, con nueva tecnología no siempre se construye futuro.
Catupecu es la excepción. Porque es el ejemplo de un gran uso de la electrónica. Como dije antes, hay que ir hasta Nine Inch Nails (para ser más precisos: los discos The Downward Spiral y The Fragile) para ver un uso tan efectivo de las máquinas. Quiero decir con esto: lo electrónico hace verdaderamente a los temas.
Veamos “Origen extremo”: ¿se puede hacer el track de otra manera, diferente a la que fue grabado? ¿se puede hacer con otros instrumentos? No, la tecnología es escencial para la canción y no algo accesorio.
Hay cuatro temas excelentes: el anteriomente nombrado, “Cuadros dentro de cuadros”, “Grandes esperanzas” y la versión de “Hechizo” de Héroes del Silencio.
Lamentablemente a veces caen en la (involuntaria) autoparodia: me acuerdo de una tapa de Rolling Stone con todos conectados a cables o el “resetear/ resetear” de “Batalla”. Pero eso no opaca este muy buen LP.

El número imperfecto (2004) - **1/2
Mucho más conservador que los dos discos anteriores. Contiene el excelente cover de “Plan B: Anhelo de satisfacción” de Massacre (todo el tema es disfrutable pero ¡qué buena es la parte melódica que aparece cuando Fernando canta “mi alma, mi alma, mi alma” y luego “no hables, no hables, no hables”, fíjense que el contraste entre lo que viene y esas notas es bellísimo). El número imperfecto también incluye el buen track “Magia veneno” (agradable aunque no óptimo).
Los temas aprovechables son mucho menos que en los LPs anteriores (podríamos sumar a los nombrados: “En los sueños” y “A veces vuelvo”, pero son buenos hasta ahí).Y hay varios pasos en falso: prácticamente todo el resto del disco (¿giros musicales de Cuentos decapitados? ¿Dónde quedaron?).
Las letras muestran cierta negrura, oscuridad. Esto contrasta indudablemente con los textos de los primeros álbumes, mucho más optimistas. Hay que decir que estas nuevas líneas no son mucho mejores. “Algún refugio habrá/ para ocultarme de esta feroz tormenta”, ya se ha escrito. En general, no creo que los Catupecu hagan letras interesantes. Su virtud pasa por otro lado: combinar fuerza con destreza melódica. Eso, excepto por un cover (que es creación de otra banda) y algún tema aprobable, está ausente en este disco.
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AGREGADO EL 12 DE ENERO DE 2010
Simetría de moebius (2009) - ***
Este oscuro disco es, durante la mayor parte de su extensión, mucho más difícil de asimilar que los anteriores LP de la banda. Voy a dividir los temas en tres grupos para analizarlos mejor.
En el primer conjunto están las canciones más pop del CD. Son claramente minoría y fueron las que, por supuesto, me gustaron después de la primera escucha. Se llaman “Nuevo libro” y “Cosas de goces”. Son lo bueno previsible, agradan sin sorprender. A medida que uno vuelve a escuchar el disco gustan cada vez menos y ahí uno empieza a percibir que Simetría de moebius tiene cosas mejores.
Esas cosas mejores forman el segundo grupo. Son buenos tracks (tres como mínimo) que tienen formas alternativas a las que la banda transitó en el pasado. Hay que escucharlos tres o cuatro veces para encontrarles la vuelta. Para ejemplificar con un sólo recurso innovador, aunque hay más, diremos que muchas veces los temas comienzan con breves melodías (tocadas con piano, sintetizador o guitarra criolla, según la ocasión). Esas melodías están en un comienzo casi despojadas de apoyo instrumental pero luego, con el correr de la canción, terminan haciendo éllas mismas de base. Esto ocurre en tres de las mejores canciones del CD: “Piano y RD”, “Alter ego… grito alud” y “Simetría de moebius Barolo y Salvo”. Es un recurso agradable y está lejos de ser azaroso: es una de las constantes estéticas del álbum.
El tercer grupo está compuesto por canciones tan complejas y oscuras como las anteriores, pero que resultan malas, solemnes y aburridas. Son “Juego sagrado” y “Víbora vientre”. Ahí uno duda. ¿Es este un LP visionario como en su momento fue Dynamo de Soda Stéreo (la comparación la hizo un forista en el sitio de Rolling Stone) o es más bien un tropezón con la oscuridad que se da aires de complejidad como fue el fallido Adore en la carrera de los Smashing Pumpkins? Calculo que es un poco las dos cosas.
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CUENTOS BORGEANOS
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Fantasmas de lo nuevo (2002) - **1/2
En este primer disco de la banda, la conexión con la obra de Jorge Luis Borges es bastante importante. En todos los temas aparecen referencias al tiempo y a realidades (o mejor dicho: ficciones) paralelas.
Es más: hasta hay citas casi textuales que se utilizan para despejar dudas. La canción “Fantasmas de lo nuevo” dice: “Volver al principio y al final/ ruinas que circulan/ volverán con aire soñador/ volverán fantasmas de lo nuevo”. En tanto, el tema “Irrisorias formas” dice: “Donde se confunde el modo y la razón/ sobre los jardines de senderos duros”.
Al estilo musical lo veo algo similar al de Foo Fighters (de hecho: se podría hacer una analogía entre el ex baterista y actual líder Dave Grohl y el ídem Abril Sosa). Podríamos llamarlo tal vez punk-pop.
Se destacan las canciones “Gritar dolor” (con el efecto de voz “telefónica”, pero con un buen entre), “Pabellón cero” (una especie ska que pone mucha luz al disco y lo saca de la oscuridad) y la lenta “Tras los sueños” (que tiene un buen corte entre estrofa y estribillo).
Una curiosidad: en la tapa, debajo del nombre “culturoso” de la banda, aparecen todos los integrantes de Cuentos Borgeanos haciendo una producción de fotos. De ese cruce entre lo fashion y la “importancia literaria” surgiría la historia de la banda.

Misantropía (2004) - **
No me gustó para nada. Un disco pálido, casi sin atractivos. Puedo llegar a salvar a “Marzo”, a “Mírame” y a “Tu voz”. Pero cuando digo “salvar”, quiero decir: “no las entierro, pero tampoco me las llevo a casa”.
Hay diez temas decididamente prescindibles donde no hay ningún atractivo melódico. Analicemos “Te desconocí”: ¿es útil después de toda la historia del rock? ¿y, además, es disfrutable teniendo en cuenta que no tiene ningún gancho que cambie el hilo musical para algún lado? Puse este tema como ejemplo, pero podría haber puesto cualquier otro, la mayoría cae en los mismos problemas.
Cualquiera que venga leyendo este blog se dará cuenta de que cada tanto nos topamos con este tipo de discos: no tienen algo repudiable, no ofenden. Pero tampoco valen la pena. Yo personalmente creo que para que un disco nos parezca bueno, nos debe incitar al retorno. A que lo volvamos a escuchar. De acuerdo con esa forma de mirar las cosas, Misantropía es un completo fracaso.

Felicidades (2007) - **1/2
Disco directamente pop. Tiene una base rock, pero tanto las letras, como los giros melódicos son más conservadores que en los discos anteriores (de Borges, de más está decir, ya casi ni noticias). La cosa rindió sus frutos: el éxito les llegó de la mano de esta simplificación y de una hábil campaña de diseño orquestada por su compañía discográfica multinacional (tapa del disco, página web, 70.000 “portfolios” de fotos en revistas). Esto de por sí no tiene nada de malo y el LP debe analizarse estrictamente por el resultado musical. Lo pongo, sí, para contextualizar.
Empecemos por los halagos: de Felicidades me gustaron bastante dos temas. Son el corte “Eternidad” y el track “Si despertás”, este último irresistible por su parte instrumental compuesta por batería-guitarra (también hay bajo, pero lo considero secundario). Son dos buenas canciones. Eso, y la frescura que puebla el disco, le alcanza para superar ampliamente al LP anterior.
Ahora los problemas: Las canciones son bastante similares entre sí. La voz de Abril contribuye mucho a eso: siempre empieza contenida y luego explota en agudito. No sale de eso. Pero la cosa es mucha más seria aún: el gancho es…¡¡¡el-mismo-en-tres-temas-diferentes!!!! (detallo: minuto 0:36 de “Eternidad”, 1:00 de “Felicidades”, 0:26 de “Mis palabras”). Fíjense que el recurso es exactamente el mismo. Queda un olorsito a truchada que sólo termina de hundir a un disco débil.
Sintetizando: no se me entienda mal. El problema no es que sea pop. No le reprochamos a la banda “que se haya vendido”. Muchos de los mejores discos de la historia se hicieron con fuerte apoyo publicitario y pensando en públicos masivos. El problema es que Felicidades está falto de un número aceptable de picos de interés (pocas melodías buenas) y es repetitivo (hasta la burla).
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AGREGADO EL 17 DE OCTUBRE DE 2009
Psicomágico (2009) - **1/2
Lo mataron en la Rolling Stone. Si bien le ponen tres estrellas, lo demuelen en el comentario. Acusan a Abril de darse aires de importancia literaria (referencias a Borges, Sábato y demás) y de no tener como apoyarlos. De caer en los lugares comunes de la autoayuda. En fin: el tipo lee todo eso y se pone a llorar.
Para mí este LP está un poco mejor que los anteriores, pero no me parece aprobable. Las mejores son las últimas dos canciones: “Hablé con él” y “1999”. Esta última no tiene relación con el clásico de Prince. Se trata de un tecno marchoso. El resto de los temas acompañan algunas veces bien (“Estás vivo”, “La pregunta”) y otras mal (“La dulce espera”, “Pequeña luz”).
Pero en general, como dice la Rolling, lo que resalta es cierto facilismo en las letras. La frase “pueden venir con sus bombas/ pueden seguir con sus normas” del corte “Resistir” me hace acordar a esas veces que uno, de chico, se ponía a componer canciones y le salían así de simples. Me parece muy básico. Son contrucciones elementales que puede hacer un niño. Imperdonable para un artista profesional.
Otra cosa que molesta es la voz de Abril. No podría describirla de manera aceptable pero escuchen, como ejemplo, el minuto 1:13 de “La pregunta”. Es como prefabricada. Exagera las “eee” (aunque de manera diferente a Ciro de Los Piojos). En fin: no lo banco cuando canta así. Imposta la voz. Suena tan artificial como Shakira y Patricia Sosa.