domingo, 3 de agosto de 2008

GUSTAVO SANTAOLALLA



PERFIL DE SANTAOLALLA
Artista glocalizador

“Nosotros somos un país que ha crecido y se ha desarrollado siempre bajo una dependencia cultural muy fuerte, europea primero y norteamericana después. Ya desde chico tuve una visión: sentía que de la única manera que podíamos hacer partido en un escenario mundial era mostrando algo nuestro. Siempre bajo los códigos de la música que nos atrapó a muchísimos en esa generación, que era el rock” (Gustavo Santaolalla, revista Rolling Stone, abril de 2008).
El párrafo anterior sintetiza buena parte del pensamiento de este blog: la mezcla de estilos comunmente es superior a la emulación. Santaolalla a lo largo de su carrera, y en cada una de sus tres personalidades: la de intérprete, la de productor y la de compositor de bandas sonoras para películas de Hollywood, siempre ha intentado lo mismo. La fusión de lo autóctono con lo importado.
Esto lo coloca en un muy buen punto de partida para hablar de su arte. Sin embargo, no es lo único a tener en cuenta a la hora de la evaluación. Y así como lo felicitamos por su afán innovador, lo tenemos que ubicar en el segundo (o hasta tercer) grupo de rockeros talentosos. Creando melodías (que es en definitiva lo más importante de la música) está bien lejos de Charly García o de Luis Alberto Spinetta.
Santaolalla aparece en la escena argentina durante el año 1969 como cantante y compositor del grupo Arco Iris. A su mando la banda lanza un primer disco con un estilo parecido al de Almendra pero un poco más aburrido, triste, solemne. Ya empiezan a aparecer en su obra las referencias a Dios y la utilización del saxofón (que toca jazz, en contraste con el rock del resto de los demás instrumentos), dos elementos característicos de su primera etapa.
El gran éxito de Arco Iris llega en 1972 con el hit “Mañana campestre”, eterno habitante de los fogones argentinos. Esta canción irresistible estaba incluída en el LP Tiempo de resurrección, disco que también incluye “Vasudeva”, otro tema famoso, esta vez con bombos, que ya indican el futuro de la banda.
El mismo año Santaolalla viaja al norte argentino y aprende sobre la música autóctona del lugar . Esto se plasmaría en la ópera rock Sudamérica o el regreso de la aurora, álbum que une rock con jazz y elementos folklóricos. De hecho, el tema “Persecución de los peregrinos” está hecho a base de charango (tocado por Santaolalla). Este disco fue presentado en River (acompañado de un show audiovisual), siendo el primer concierto de una banda de rock en el estadio.
En 1973 el grupo saca el LP Inti Raymi, una especie de continuación de Sudamérica pero con canciones sin hilación. Sigue la mezcla entre los estilos arriba mencionados. Pero en 1974 el grupo se olvida del folklore y lanza Agitor Lucens V, otra ópera rock, esta vez más progresiva (estilo Yes o el primer Genesis), sobre los extraterrestres. Este disco también es presentado en teatros, acompañado de un grupo de danza.
Santaolalla luego se separa de Arco Iris (la banda seguiría sin él por más de dos decadas, aunque con una convocatoria muchísimo menor). Y después de tres años de silencio, forma el grupo Soluna, con Mónica Campins, su esposa de entonces, cantando a varias voces junto con él sobre un estilo que se suele denominar folk eléctrico (el folk, ahora, es más de Estados Unidos que de Argentina). Este conjunto es bastante exitoso en su época e incluía a un muy joven Alejandro Lerner entre sus instrumentistas.
En 1977 Santaolalla abandona Soluna y parte hacia Estados Unidos. Allí se ve influído por la new wave y para 1980 forma el grupo Wet Picnic. Es increíble que el mismo artista, con dos años de diferencia, haya pasado del folk setentoso de Soluna hacia el new wave ochentero (estilo Elvis Costello, pos punk). Wet Picnic cantaba en inglés y estaba integrado por Gustavo, Aníbal Kerpel (ex integrante de Crucis) y dos nortemericanos. La banda tenía una convocatoria promedio de 300 personas y no tuvo gran éxito en Los Angeles. Pero alcanzó a grabar un EP de cinco canciones.
En 1982 Gustavo con todo ese sonido, viene a la Argentina y lanza el LP Santaolalla. Este álbum, ahora sí cantado en castellano, incorpora el new wave a la escena nacional. Rompe totalmente con el setentismo del rock hecho acá. E influiría en Clics modernos de Charly García.
A partir de ese momento, Santaolalla regresa a Estados Unidos y (salvo por un long play hecho en 1995) abandona el liderazgo de bandas y se dedica a la producción de discos en América Latina. Siempre con su premisa característica: mezclar los sonidos característicos de cada lugar con el rock. Dos muestras de esta fusión: “El arriero” (compuesta por Atahualpa Yupanqui e interpretada en La era de la boludez por Divididos) y “La ingrata” de Café Tacuba (con un ritmo que recuerda a la música norteña mexicana, incluída en el LP Re). Santaolalla también produjo a León Gieco en De Ushuaia a la Quiaca, a el grupo azteca Maldita Vecindad, a los chilenos de Los Prisioneros y a los porterriqueños de Puya, por sólo nombrar algunos casos. Esto lo hizo famoso en toda América como el gurú del rock latino. Hasta llegó a fundar su propio sello, llamado Surco.
En los últimos años (además de liderar el proyecto Bajo Fondo, mezcla de música electrónica con tango) se dedicó a la composición de scores para bandas sonoras de películas hollywoodenses (Amores perros, Secreto en la montaña, Babel, 21 gramos, Diarios de motocicleta). Con eso ganó dos premios Oscar y se hizo famoso en todo el mundo. En los soundtracks, Santaolalla toca la guitarra acústica, el charango y vuelve a fusionar los elementos característicos de cada región con la música más famosa en todo el mundo. Todo esto haciendo composiciones instrumentales que quedan absolutamente bien dentro de las películas.
En síntesis: Gustavo primero se hizo famoso como líder de una banda de rock en Argentina, luego como productor en Latinoamérica y finalmente como autor de soundtracks en el mundo entero. Es el único caso en que un rockero argentino alcanza tal repercusión internacional. El tomó el camino indicado (el de embajador de la música autóctona en el mundo) y lo supo explotar. Lo que sigue en este especial es un estudio detallado de sus LPs, pero sólo como intérprete. Allí se nota que el artista tiene una importancia relativa en rock de la Argentina. Su trabajo como productor y como compositor de bandas de sonido aquí no es analizado.
Para cerrar explico el título de este artículo. El concepto de glocalización (que sé que no todos manejan) pertenece a la disciplina de la comunicación y según Wikipedia es “pensar globalmente y actuar localmente. Adaptarse a las peculiaridades de cada entorno. Mezclar elementos locales y particulares con los mundializados”. Me apareció adecuado para describir al artista.

DISCO X DISCO SANTAOLALLA

Arco Iris (Arco Iris, 1969) - **1/2
El primer LP de Arco Iris tiene un estilo parecido al de Almendra, al menos por las voces. El saxo y la batería incorporan elementos de jazz en algunas canciones, pero en general predominan los temas lentos, cosa que hace al disco bastante aburrido y monótono.
De cualquier manera no se puede negar que hay composiciones trabajadas: “Hoy te miré” (la mejor, a pesar de algunas frases cursis como “hoy te miré y ví/ el sol en tus ojitos”), “Camino”, “Te quiero, te espero”, “Quiero llegar”. Tienen algún mérito melódico, pero no alcanzan para justificar un disco pesadísimo.
La voz de Santaolalla suena finita y sin personalidad. Todavía no hay mezclas de estilo. Sólo está presente lo más estático del sonido del primer rock nacional.

Blues de Dana (Arco Iris, 1970) - **
Compilado de los primeros simples del grupo lanzado por la compañía discográfica sin autorización del grupo. Incluye el “Blues de Dana”, horrible tema en que Santaolalla copia la voz de Javier Martínez (Manal) y hace un insoportable “Mmm” antes de cada estrofa.
El disco es tan pesado como el anterior ya que la mayoría de las canciones son lerdas. Hay dos buenas: “Para vos” (están bien los estribillos, aunque no es obra maestra) y “En nuestra libertad” (la mejor del disco por lejos, soprendentemente dinámica y contagiosa pero tampoco magistral).
Dos temas dignos sobre trece. Encima, hay varias letras indefendibles (“No tengo riquezas para darte/ sólo tengo amor”). Una aclaración: hay composiciones que si bien no son malas rompen con la unidad conceptual que debe tener un álbum. Un ejemplo es “Luisito cortate el pelo”, humorística. De cualquier manera: era esperable, ya que se trata de un compilado lanzado a las apuradas. Otra aclaración: “Y ahora soy (y yo quiero)”, son doce minutos interminables con una parte instrumental que le restan muchísimo al disco.

Tiempo de resurreción (Arco Iris, 1972) - ***1/2
El aburrimiento desaparece con este disco. Totalmente exitoso en su época gracias al hit “Mañana campestre”, irresistible canción para cantar en fogones. Hay que decir que el tema es buenísimo y que con su letra y su música hace aparecer la imagen de ambiente campesino, algo frecuente en el rock de esa época. Esto también se repite en “Vasudeva” (donde suena un bombo folklórico), sobre un hombre que “vive a la orilla del río, en algún lugar” inspirado en el libro Siddhartha de Hermann Hesse.
El resto del LP es bueno. Empezando por “Ignea, aérea y marina”, medio jazzera, con un estribillo muy bueno y “Busca la estrella elegida”. En un nivel un poco más bajo están “Hombre de madera” y “Nuestro amanecer”.
Una cosa: se incluye una nueva versión de “Blues de Dana” en la que Santaolalla canta mucho más controlado y no hay copia a Manal. Mucho mejor que la anterior. Otra cosa: el tema inicial “Negro y blanco”, empieza muy bien, muy rockero, con un riff entrador y estrofa poderosa. Lamentablemente el estribillo es horrible.

Sudamérica o el regreso a la aurora (Arco Iris, 1972) - ***
El mismo año del exitoso Tiempo de resurrección Santaolalla lanza esta obra conceptual, un disco que mezcla rock con jazz y folklore. El tema principal del LP es una especie de travesía mística (hay muchas referencias al “señor”) por Sudamérica, que puede tener interpretaciones políticas acordes con la época que se vivía en el continente. Chequear la última canción, “Las colinas y el maestro” (“Con su selva y su pampa, y su cordillera/ el nuevo continente pronto va a despertar/ quizás los nuevos incas, quizás la nueva luz/ la hora prometida pronto va a comenzar”).
Este long play tiene largos pasajes sin voces (con melodías que se repiten a lo largo del álbum, característica común en la mayoría de las óperas rock), y momentos en que hay recitados que narran la historia principal del álbum. Hay algunas partes pesadas (aunque incorporan bombos e instrumentos autóctonos, ejemplos: “Hombre” o “Viaje por la galería subterránea”, con un charango tocado por el mismo Santaolalla).
El disco es largo. Pero hay algunas canciones buenas: “Las colinas y el maestro”, “La canción de Nahuel” y en especial “Gira” y “Los campesinos y el viajero”. Lo apruebo. Aclaro que las óperas rock no me gustan mucho. Pero lo apruebo.

Inti Raymi (Arco Iris, 1973) - **1/2
Disco que también tiene instrumentos folklóricos. No es ópera rock, es un álbum de canciones. No es muy bueno: hay mayoría de temas flojos. Pero incluye la que para mí es la mejor composición de Arco Iris: “En nuestra frente”, casi cinco minutos que resumen a la perfección el estilo de la banda (bombo folk + buena melodía y voz potente de Santaolalla + saxo jazzero). El otro tema que puede aprobar es “Abran los ojos” (con letra política: “quién es el que maneja/ las fichas de este tablero/ es que hace miles de años/ siempre el mismo gana el juego/ abran los ojos).
Lamentablemente, la mayoría del LP tiene partes lerdas (recuerdan peligrosamente a los primeros trabajos del grupo). “Adonde irás camalotal” y “Sólo como el cardón” son dos ejemplos. En fin: no me parece un disco demasiado interesante.

Agitor Lucens V (Arco Iris, 1974) - **1/2
Ultimo LP de Arco Iris con Santaolalla y segunda ópera rock del grupo. Esta vez sobre el tema de los extraterrestres (en la tapa del disco hay un ovni). El estilo es más progresivo, con largas partes instrumentales y casi desaparece el folklore (“Sendero de Marcahuasi” es la excepción).
Hay tres buenas canciones: “Intro/ La nave madre” (con un riff de guitarra excelente, digno de los mejores ejemplos del género), “Si el señor me dio estas manos” (potente, con onda jazz rock) y “Príncipe del alba”, lenta, con estribillo entrador.
Los temas malos son varios y tres buenos ejemplos son: “Las luces eternas” (que termina con una pesadísima parte instrumental), “Un tiempo y tiempos y la mitad de un tiempo” (que tiene un solo de batería gigantesco, imbancable para mí que odio los solos y más de ¡¡batería!!) y “Las huestes de Orión” (con sobredosis de saxo).
Tal vez a algunos les guste este disco. Pero entre mi rechazo a la exhibición exagerada del virtuosismo instrumental (olvidando toda belleza melódica) y mi reticencia a las óperas rock, me parece salteable. Prefiero el anterior Sudamérica.

Energía natural (Soluna, 1977) - ***1/2
Unico disco de la segunda banda de Santaolalla. El estilo por momentos es parecido al de La Máquina de Hacer Pájaros. Pero en la mayoría de los temas predomina una especie de folk eléctrico (como dicen algunos periodistas). Una particularidad del grupo es que Santaolalla y la voz femenina de Mónica Campins cantan a coro, lo que hace que haya arreglos vocales muy trabajados. Eso queda realmente muy bien.
Los buenas composiciones son muchas y el LP es bastante más dinámico que cualquiera de Arco Iris. Es imposible aburrirse aquí. Empieza con un tema insuperable: “Espérame encendida”. El segundo es “Mañana puede ser el día” (estilo León Gieco, con armónica). Y el quinto y el sexto son los excelentes “Sin zapatos es mejor” y “Si el manzano duerme” (este último con un juego de voces increíble que dan como resultado una balada folk extremedamente agradable). Después vienen dos temas pesados que bajan bastante el nivel, pero el LP vuelve a subir con “El terror de la abuela”, un rock bueno en donde se destaca el puente. En fin: un disco realmente disfrutable.

Balls Up (Wet Picnic, 1980) - ***
Cambio total en la carrera de Santaolalla. Se radica en los Estados Unidos y se nutre de la novedosa new wave (Elvis Costello, los Clash de London Calling). Se olvida del folk setentoso del atrasado rock argentino. Forma Wet Picnic junto a su amigo Aníbal Kerpel (futuro socio en sus producciones de rock latino) y dos norteamericanos. Comienza a cantar y a tocar en pequeños pubs. Bueno es aclarar que esto de rock nacional tiene poco: ni fue hecho en Argentina, ni está cantado en castellano, ni hay conexión evidente con el pasado musical argentino. Wet Picnic pertenece completamente al rock norteamericano (aunque no haya tenido éxito).
Balls Up es la única producción del grupo. Un EP de cinco temas estilo Costello, es decir pos-punk. Empieza bien con “Cocktailed Sky” (es muy extraño, pero excelente, como pasa de las estrofas con máquinas al estribillo que canta “uoh ooo”). La segunda canción también es buena, se llama “She Don’t Care” y tiene un lindo falsette casi al final. Lamentablemente el disco baja el nivel en las tres composiciones siguientes. Pero de cualquier manera, se trata de un agradable trabajo, a tono con lo más moderno del rock internacional y con dos temas muy atendibles que demuestran que, cuando quieren, los rockeros argentinos pueden competir con los internacionales.

Santaolalla (Gustavo Santaolalla, 1982) - ****1/2
Embebido del new wave de la escena de Los Angeles, Santaolalla regresa temporalmente a la Argentina, vuelve a cantar en castellano y graba su primer álbum solista. Este LP es considerado como totalmente revolucionario para el rock nacional, como el iniciador del sonido que caracterizaría a los años 80 y como la principal influencia del Charly García posterior.
El disco abre con una transformación al reggae del clásico “Vasudeva”. Hay que decir que esta versión es muy superior a la anterior. La previa era algo pesada, grabada en estilo folk con bombo. Esta es mucho más potente y dinámica.
Los temas más new wave son el excelente “No te hagas rogar” (sobre la histeria femenina, hay una parte muy graciosa en que habla una chica y dice “llamame mañana y vemos” y luego termina suplicando “llamame mañana”) y “A través de ti” (también humorística, sobre una mujer que impacta a Santaolalla por la calle, que “tenía un buen par de razones”, y que resulta ser un travesti).
La canción más famosa del disco es “Ando rodando” y la mejor es “María de los Angeles” (una especie de candombe lento con la participación de Ruben Rada en bongó y un estribillo hermoso). En fin: redondean un disco gracioso y revolucionario, en donde Santaolalla se sorprende por la nueva Argentina (ver “Mamá, amigos, tengo una TV color”). El mejor LP de su carrera.

GAS (Gustavo Santaolalla, 1995) - ***
El segundo disco de Santaolalla llega trece años después. Ya Gustavo era un productor consolidado. Tal vez el factor común del rock latino. Tanto sus grupos, como él mismo tuvieron amplia difusión en el canal de cable MTV.
Me recuerdo en 1995 viendo el video de “Todo vale” y odiándolo. Sigo pensando que la canción es pésima (no me gusta el estribillo). Pero el LP, contra todos mis pronósticos, dista mucho de ser malo. Sí hay que reconocer que hay mucha guitarra eléctrica chirriante que me molesta un poco.
Por eso los momentos más calmos sobresalen: Hay una balada hermosa, completamente unplugged, que se llama “Un poquito de tu amor”. No es innovadora, pero es de esas que son irresistibles y que nos hacen cantar cada vez que suenan. Otros temas con buenas melodías son “Río Ventura”, “Te puedo encontrar”, “Cuerpo extraño” y “El necio” (la letra de esta última dice “busco un laburo/ que no me dé laburo/ patrón no quiero/ quiero ser mi patrón/ y de mi puesto/ saber que no hay repuesto”, una letra que dice mucho acerca de los argentinos, pero que choca un poco con lo de “patrón”, sobre todo porque lo dice desde el lugar de empresario, pero bueno: la canción está buena).
En síntesis: un buen disco. No todos los temas son aprovechables y como vimos hay alguno polémico. Pero un LP que más allá de algún instrumento molesto (la guitarra eléctrica para mí) es comodamente aprobable.