martes, 25 de noviembre de 2008

CELESTE CARBALLO


PERFIL DE CELESTE
Rock de la mujer perdida

Si exceptuamos algunos escasísimos casos, el rock argentino es un terreno de hombres. Esto es fácilmente comprobable si uno recorre sitios enciclopédicos como Rock.com.ar. Allí queda claro: poquísimas mujeres por letra. No me maté contando, pero si alguien lo hace seguramente va a comprobar que la proporción debe andar en un 90 a 10. De hecho, me acuerdo cuando la revista Rolling Stone, en una de sus encuestas anuales entre críticos, declaró “Rubro desierto” al de Mejor Artista Femenina.
Esto último nos puede llevar a sacar la drástica conclusión de que la mujer fue intrascendente a lo largo de la historia del rock nacional. Pero no nos engañemos por las apariencias. En el pasado sí existió una cantante que llegó a disputar la hegemonía masculina.
Estoy hablando de Celeste Carballo, la más talentosa de las rockeras argentinas. Lamentablemente ha quedado en el olvido de las nuevas generaciones pero su obra sobrevive y merece una reivindicación. Incursiones por el blues ortodoxo y por el tango la alejaron del alto perfil que había tenido en sus muy buenos discos de los años 80. Sólo el penoso rescate emotivo y nostálgico que se dio en los últimos años logró, más o menos, ponerla algunas horas en la radio Mega.
El primero de los atributos que definen su obra es su voz, que casi siempre es maravillosa. El uso del agudo no tiene comparación en la Argentina (tal vez la Fabiana Cantilo de Los Twist se le acerque, pero no la alcanza). Sin embargo, hay que decirlo, a veces, esa misma voz tan potente sobreactúa los blues (“Desconfío de la vida” por ejemplo) o grita en exceso (como muestra: “Corazón de neón”).
Otra de sus marcas personales tiene que ver con la variedad de estilos de música que ha recorrido: fueron varios (folk, blues, punk, tango). No voy a calificarla de “mutante” como lo hizo el diario Clarín en un perfil publicado este mismo año. No creo que esa sea su particularidad más trascendente. Pero sí admitiré que nunca se ha quedado cómoda con un género, y que eso está muy bien.
Una última característica destacable refiere a su talento para la composición: son varios los buenos temas. Destierran completamente la posibilidad de que se trate de casualidades. Celeste no fue simplemente una vocalista segundona que acompaña a líderes del rock (aunque lo hizo alguna vez para Peter Gabriel, Charly García y Los Twist, para estos últimos en la excelente “Ulises y las sirenas”), ni tampoco una intérprete de temas ajenos (como Cantilo). Fue una cantante-compositora de las buenas, llegando a tener real importancia dentro del panorama nacional.
Bueno: comencemos con su trayectoria. Su primer LP apareció en 1982. Se tituló Me vuelvo cada día más loca y su tema más famoso fue “Es la vida que me alcanza”. También pegaron “Querido Coronel Pringles” y “Una canción diferente”. Esto hizo que el disco fuera un suceso comercial. El estilo es pop con importantes fragmentos de blues.
Para Mi voz renacerá, segundo disco, primarán los estilos folk (el tema del título, con armónicas, remite directamente a su admirada Janis Joplin) y las baladas soft tipo “barcito tranquilo y perdido a las 3 de la mañana”. Este LP tendrá mucha menos repercusión que el anterior, ya que es un poco más débil artísticamente (o al menos, tiene un perfil más bajo).
En 1986 se produce el primer giro en la carrera de Celeste: Arma una banda llamada La Generación y se pone a cantar temas punks. La imagen de inocente cantante muñida de guitarra acústica queda a un lado, dejando lugar a una artista contestataria que no duda en meterse en un género rudo. Charly García produce el LP y el resultado es más que atendible.
Pero esa imagen de rocker (para muchos una pose, no para mí) se evapora en 1988. Carballo forma un dúo pop con Sandra Mihanovich y sacan dos LPs con importante éxito de ventas. Sandra y Celeste (así se llamó el conjunto) eran pareja en la vida real y admitieron su homosexualidad en esa época. De hecho Mujer contra mujer, el segundo disco de la banda, tiene un cover del grupo español Mecano que trata sobre la discriminación que sufre el lesbianismo por parte de la sociedad.
En 1993 Celeste se aleja de Sandra y lanza Chocolate inglés, un LP completamente redondo (su mejor trabajo hasta la fecha). El éxito comercial vuelve a ser importante pero esta vez el reconocimiento crítico no se queda atrás. La artista gana varios premios ACE (los Gardel de la época) y se consolida como LA rockera femenina de la Argentina.
Sin embargo, allí se inicia el declive. Nunca se recuperaría de él. El público comienza a ignorarla, las discográficas no ayudan y los impopulares estilos musicales que aborda, mucho menos. Las nuevas generaciones comienzan a desconocerla y el resultado es que una gran artista se ha perdido. Para mejor: nadie reclama su vuelta a las grandes ligas. El periodismo parece ignorar sus épocas doradas.
Live at the Roxy (aparecido en 1995) es un disco blusero repleto de covers. Tercer infinito (de 1998) es un álbum con composiciones propias pero tan cuadrado como el anterior. En fin: barranca abajo los dos.
Para peor: a comienzos de esta década realiza un manotazo de ahogada, patético por donde se lo mire. Embalada por la reposición de sus viejos hits en la radio Mega, lanza en CD dos recitales acústicos de valor nulo. En el primero (de 2001) interpreta sus grandes éxitos en versiones unplugged. En el segundo (de 2004) hace versiones de canciones famosas del rock nacional (cualquier similitud con el marketinero Inconsciente colectivo de Fabiana Cantilo no es pura coincidencia).
Para 2008 realiza Celos, un disco que condensa las interpretaciones de tangos que venía haciendo en los últimos años. El resultado no es malo, pero termina por coronar la desconexión entre el público rock y la artista. Una lástima: Celeste supo reivindicar a la mujer en un género que siempre la niega. Hoy nadie se acuerda de ella. Sin embargo, quedan sus mejores discos. Allí van mis comentarios y un consejo: ¡escúchenlos!

DISCO X DISCO CELESTE

Me vuelvo cada día más loca (1982) - ***1/2
Un álbum que incluye “Una canción diferente” no puede pasar desapercibido. Esta balada, una de las mejores del rock argentino, no sólo es hermosa, sino que está fuertemente realzada por los magníficos agudos que Carballo realiza con su voz. Hasta el mismo David Lebón, que también canta en la canción, queda eclipsado.
Pero éste no es el único buen momento del LP. “Querido Coronel Pringles” y “El último blues” también son agradables. En menor medida gustan “Que suerte que viniste” y “Ahora estoy en libertad”. Son temas folk y blues, estilos que preponderan en este primer disco.
El lado malo aquí está en el hit “Es la vida que me alcanza” (que terminó por cansarme) y en la insoportable sobreactuación que hace Celeste con la voz en “Desconfío de la vida” de Pappo.

Mi voz renacerá (1983) - ***

Comparado al disco anterior, este segundo LP tiene un perfil mucho más bajo (no hay ningún hit nato). El estilo musical es algo ecléctico: hay folk con armónica estilo Janis Joplin (el tema del título), balada soft (“Maya”, “El dueño del cielo azul”), rockito-pop (“Ahora me quedo más tranquilo”, “Con la misma sangre”). En fin: todo el abanico de estilos que la cantante hacía en esa época.
Mi voz renacerá incluye dos canciones marcadamente molestas: el blues “Adonde van” y el jazz vocal “La piara (los cerditos)”. Ambas están muy perjudicadas por exageraciones en la forma de cantar. Celeste intenta incorporar acting, pero termina haciendo papelones y tirando a la basura su incomparable fuerza interpretativa.
Hay que decir también que hay espacio para buenos momentos: “Mi voz renacerá”, el tema, es de esos que el León Gieco de los 70 admiraría. “Con la misma sangre” es un rock irresistible (la mitad del mérito la tienen los coritos masculinos). En tanto la balada “El dueño del cielo azul” lo pone a uno en la atmósfera de un bar desierto, melancólico, a las cinco mañana.

Celeste y la Generación (1986) - **** 

El disco punk de Carballo. Sorpresa completa producida por Charly García. Hay que tener en cuenta que la artista venía del folk con guitarrita. No queda nada mal esta transformación. Seguramente, por la voz femenina, algunos machistas dirán que sólo se trata de una pose pop. Mentira: la fuerza punk es indudable. Nombro dos momentos que no dejan dudas: “Seré judía” y “Los poetas de Latinoamérica” (el grito de “hey”, hey” que se escucha por el final de la canción es excelente, y completamente acorde con el género). La mina está completamente a la altura de la cosa.
Las letras están impregnadas de una violencia contestataria que toma partido por América Latina en contra de las potencias (“Me están persiguiendo los Nazis, ¿Qué pasa? ¿Seré judía? / Me están persiguiendo los yankis ¿qué pasa? ¿Seré latina? / Inglaterra me mira de lado, socorro ¿seré argentina?”) y que nunca deja de ser optimista (“el invierno fue de los necios/ y la primavera será nuestra”). Casi revolucionaria diría.
Una curiosidad para cerrar: A pesar de tener uno de los mejores despliegues punk de la historia del rock argentino (sino el mejor), Celeste y la Generación es sobresaliente por dos canciones pop maravillosas: “Sabemos que vuelvo pronto” y “Buscábamos vida”. Las recomiendo fuertemente, en estas versiones originales y no en las pasteurizaciones del fallido disco unplugged de 2004.

Somos muchos más que dos (1988) - **1/2
Después del arriesgado disco punk, en un movimiento más que conservador, Celeste se une a Sandra Mihanovich y forma un conjunto melódico (cero rock). En este primer LP del dúo (existe otro más) hay mucha balada, mucho tema romántico: de hecho, es de no creer todas las veces que se menciona “amando”, “te amo”, “te quiero”, “mi amor”, etc. Empalogosísima la cosa.
Cualquiera que venga leyendo este blog sabrá que me gustan las buenas melodías independientemente de la actitud rockera de sus intérpretes. Pero acá la cosa rebalsa: todo suena tan acaramelado… hasta destruyen “No Woman, No Cry” (cover con sobreactuación insoportable de la voz de Carballo).
Obvio que hay algunos momentos (cuatro) que, al menos desde lo musical, se salvan del bochorno: “Cual ilusión”, “Sabemos que no es fácil”, “Las luces de la noche”, “No importa la razón”. Son baladas que, lejos de ser festejables, no son completamente malas. Pero cuando uno se pone a escuchar las letras… (“Amor mío/ ya no estás en casa”, “sentirnos bien/ con más ternura para dar”, jaa).

Mujer contra mujer (1990) - ***1/2
Segundo disco del dúo Sandra y Celeste. Notablemente superior al primero. Muy comentado en los medios de la época ya que muestra en la tapa a las dos cantantes besándose en la mejilla con el torso desnudo. Creo que es para analizar esa portada: nótese como las artistas, pareja en ese momento, con esa foto evitan tanto desnudarse para los hombres (quienes suelen excitarse con mujeres lesbianas) como parecer asexuadas (es decir: ser personas, que por sólo vivir la sexualidad de manera diferente, no pueden expresarla en sociedad). Matan dos pájaros de un tiro.
El disco abre con “Corazón de neón”, una canción a dúo muy potente. Después Sandra Mihanovich aporta un tema irresistible sobre un amor casual (“Una sola vez”) en donde demuestra que sabe utilizar a la perfección las técnicas pop: escuchen puntualmente los momentos en que dice “no me digas que no” (minuto 1:08) y “es un amor amigo, pero es enemigo, no me deja dormir” (minuto 1:17). Pero es Celeste Carballo quien vuelve a dar la nota: “Amelia por los caminos” y “Sin Margarita Yourcenar” son rockeras y están a la altura de los mejores momentos de la carrera solista de la artista.
Lamentablemente, se incluye una versión del tema “Mujer contra mujer” (del grupo español Mecano, que trata sobre el lesbianismo). Si bien la letra es acertada (“luego a solas sin nada que perder/ tras las manos va el resto de la piel/ un amor por ocultar/ y aunque en cueros no hay donde esconderlo/ lo disfrazan de amistad/ cuando salen a pasear por la ciudad”), creo que musicalmente es horrible. Esto y otros temas flojos como “Barco quieto” evitan un resultado mejor. Igual, conste que estamos hablando de un muy buen trabajo.

Chocolate inglés (1993) - ****
El mejor disco de Celeste. Muy valorado por la crítica de la época (a diferencia de los vapuleados LPs a dúo con Sandra Mihanovich), pero totalmente olvidado por la prensa actual. Recuerdo el crimen que hizo la Rolling Stone al ignorarlo para los… ¡50 mejores discos del rock nacional de los 90!!! (pusieron a La Renga, bua).
Hay tres covers: “Hablando a tu corazón” de Charly García en versión blues lenta (contra todos los pronósticos: muy superior a la original), el tango “El día que me quieras” (busquen el bizarrísimo video en You Tube en el que participan Julio Bocca, Charly y ella, que, dicho sea de paso, aparece hermosísima) y “Yo no te pido” de Pablo Milanés (este cover pegó mucho en 1991).
Las canciones propias de Celeste son excelentes y sorprenden al estar todas apiladas una detrás de otra: “Todo empieza” (que tiene una melodía de voz maravillosa cuando dice “si no hay apuro, quiero escucharla/ un poco más”), “Marcando el compás”, “Cuatro brazos y cuatro piernas”, “Siempre con vos”, “Están sonando campanas”, “Glosa de navidad”, “El chino” (dúo con Calamaro), “La otra orilla”. En fin: nombrar solo por nombrar no sirve de mucho. Sólo pongo los títulos para orientar al lector. Cuando tenga el disco entre sus manos, busque estos tracks.

Live at the Roxy (1995) - **1/2
Sí. Ya lo sabemos. Celeste Carballo: te dá la voz. No es necesario que todo el tiempo quieras exhibir las pruebas de tu resistencia vocal. Yo te valoro por tus agudos y por varias de tus composiciones. No por los gritos y sobreactuaciones bluseras.
Este disco en vivo está compuesto por dos partes: una primera en donde hay interpretaciones de temas de Janis Joplin y una segunda en donde hay covers de blues argentinos (Pappo, La Mississippi, Ratones Paranoícos).
Obviamente en el caso de los temas de Joplin el disco es disfrutable. Celeste imita a la fallecida cantante norteamericana como si fuera la líder de una banda tributo. El repertorio elegido es excelente: blues que nunca caen en lo cuadrado (marca personal de Janis, que dicho sea de paso, es una de las pocas cantantes del género que admiro). Y realmente hay que decir que la argentina llega a todas las notas perfecto. Claro que, como pasa en todos los pseudo tributos, uno se puede preguntar si, existiendo los originales, vale la pena escuchar este disco. Pero no se puede negar que son versiones agradables.
En la segunda parte la cosa es muy inferior. Los blues vernáculos son mucho más cuadrados. Y ahí es donde el disco termina siendo una exhibición de los peores vicios interpretativos de la cantante. Seguramente, al no contar las versiones originales con cantantes superlativos, Celeste se sintió más libre para mostrar que su voz es fuerte. Sí, es fuerte… pero a veces molesta.
En fin: un disco con pocas aspiraciones. O banda tributo en el caso de Janis Joplin, o exageración sobre temas flojos en el caso de los rockeros argentinos. Yo paso: eso sí, después de escucharlo, fui directo a Pearl, a Cheap Thrills. Por ahí el objetivo era divulgar el buen blues y lo cumplió. No sé.

Tercer infinito (1998) - *1/2
Ahora sí, blues propios. No covers. Pero son ultra cuadrados. Todos. Encima, como en los peores ejemplos históricos del género, todos hablan sobre el mismo blues (“¿Quiero saber qué paso/ con Louis Blues?”, “dicen que tenemos un idioma particular/ porque nosotros entendemos el blues”). Un ombliguismo total.
El artista en estos casos más que componer originales letras y melodías (algo que Celeste supo hacer muy bien), pretende reafirmar orgullosamente su pertenencia a una supuesta tribu musical (los bluseros). Es decir: cien por ciento pose. Lo que siempre repudiamos en este blog.
No vale la pena gastar más líneas en este tipo de discos. Creo que son reaccionarios. Que acusan de venderse a todo el que se aparta de la ortodoxia. Prefiero, por lejos, los momentos más pasteurizados de Sandra y Celeste, con eso digo todo.

Acusticadós (2004) - ** 

Después de un primer acústico que se ajusta al concepto de “grandes éxitos”, Carballo, siguiendo a Fabiana Cantilo, saca un segundo unplugged donde lo que prima son los covers de rock nacional. Incluye tanto clásicos (“Aprendizaje” de Charly García, “Yo vengo a ofrecer mi corazón” de Fito Páez) como temas recientes (“Agua” de Los Piojos, “Veneno” de La Renga).
El resultado de este manotazo a lo previsible es inofensivo en el caso de lo más añejo. Celeste elige buenas canciones aunque no excelentes. Sus interpretaciones no agregan absolutamente nada nuevo. Pero tampoco molestan.
En el caso de los temas nuevos la cosa se complica un poco más. Ya las versiones originales de La Renga y Los Piojos eran impresentables. Claro que los “viejita” van a decir que la cantante arruina todo. Pero a no engañarse: el crimen ya lo habían hecho las bandas compositoras. A Celeste hay que culparla en todo caso por no haber salvado la cosa.
Por último hay que agregar que Carballo incluye una versión de su hit “Es la vida que me alcanza”. Ahora el tema tiene ritmos latinos y se le ha cambiado la melodía del estribillo. Realmente le sacaron todo el atractivo que tenía. Si alguien no conoce la original y escucha esto jamás se va a enterar de quién fue Celeste Carballo.

Celos (2008) - **1/2
Otro disco en vivo con mayoría de composiciones nunca grabadas por Celeste. Esta vez la cosa se circunscribe al género del tango. Hay versiones de canciones de Carlos Gardel, Homero Manzi, Pascual Contursi.
Lo primero a destacar es que es increíble como “Vuelvo al sur” se transformó en un standard. Es de 1989, fue compuesto por Piazzolla y Pino Solanas para la película Sur y a la fecha de hoy suele ser interpretado como un clásico más del género (sin ir más lejos, hasta Caetano Veloso lo elige, por sobre todo los demás tangos, en Fina estampa). Es raro porque, esto hay que decirlo, el tango cantado suele vivir de lo previo a la década del 60.
Pero el objetivo de Celeste es no circunscribirse a lo clásico. De la misma manera que interpreta este tema de 1989, también incorpora canciones de Daniel Melingo y Chico Novarro, y también tangos propios y nuevos, como “Buenos Aires no tiene la culpa”, que sorprende por la presencia de un bajo eléctrico digno de Jaco Pastorius.
Es cierto que hay un poco de amaneramiento tanguero (imitación, en la forma de cantar, de los lugares comunes de otras épocas) pero la verdad es que cada tanto aparece el agudito característico de la cantante. Y eso es lo que da cierta personalidad a este LP, que, por suerte se juega por evitar ser una nueva pieza de museo.


AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Mujer de piedra (2011) – ***1/2
            En los últimos meses tuve que escuchar para este blog los últimos trabajos del Indio Solari y de Celeste Carballo. No hay discos más opuestos en el mercado que estos dos. Mientras en el primer caso, todo es pesado, denso, con letras rebuscadas y guitarras ruidosas, en el segundo todo es liviano, dinámico y refrescante. Claramente, lo sabrán bien los que leen NSF, me inclino por el disco Celeste.
            Mujer de piedra es el primer álbum de canciones pop-rock de Carballo desde Chocolate inglés (1993). En el medio hubo LPs ortodoxos de blues y tango, y compilados de versiones acústicas de hits anteriores de la artista (mechados con algún cover).
            Con el adjetivo dinámico me refiero a que el disco se puede escuchar de principio a fin 100 veces y divierte. Nunca aburre. No decimos que sea un álbum para descerebrados. Hay un tema preponderante: la contaminación, más específicamente la que hay en el Conurbano. Pero ese tema no está  abordado de manera intrincada. Sería pop con contenido. Nunca olvida las melodías. Jamás remplaza eso con la supuesta calidad de un par de textos.  A diferencia de lo que hace el Indio.
            Los mejores momentos de Mujer de piedra nos reenvían a la mejor Celeste pop de la primera mitad de los 90. Tal es el caso del maravilloso tema “Cruz del sur”. Lo mismo ocurre con “Banda del Oeste”, una ingenua y disfrutable apología del hábito de hacer música pese a las adversidades. Otras partes aprovechables son el cambio en la dirección de la melodía de “Este río podrido” (cuando dice “aquí tiene la ciudad”) y el reggae de “Quema tóxica” (aunque es justo decirlo, queda demasiado rápido en la cabeza, como un hit pasatista).





viernes, 10 de octubre de 2008

CATUPECU MACHU


CATUPECU MACHU Y YO
Mi vida con ellos

Mi primer encuentro con Catupecu Machu tuvo lugar en el ya desaparecido Tower Records de la Avenida Santa Fe. Recuerdo que la aparición de esa disquería fue un fenómeno completamente revolucionario para la industria cultural de nuestro país. Habituados a encontrar en cada sucursal de Musimundo exactamente lo mismo (que era poco y nada), vimos en Tower nuestra triunfal entrada al “primer mundo” musical de los 90. Discos importados, revistas en inglés y… el pasaje al desastre económico del país vía uno a uno.
Pero bueno, conclusiones económicas aparte: en aquel Tower había una música de fondo perfecta. Vaya uno a saber qué equipo de audio utilizaban, pero se escuchaba completamente nítido. Los mismos temas que oíamos en MTV (por nuestros viejos televisores), allí sonaban como si las bandas estuvieran tocando delante nuestro.
¿Qué tiene que ver esto con Catupecu Machu? Resulta que un día voy a Tower y, buscando algún disco inconseguible, comienzo a escuchar unos gritos que decían: “La puerta, la puerta”. Terrible, me agarró desesperación. Empecé a buscar y a mirar para todos lados. Un amigo mío que estaba cerca comenzó a reírse, pero yo, como loco, buscaba dónde estaba la maldita puerta atascada, que seguramente, estaba por decapitar a alguna persona. No fui el único que se la creyó, aseguro que varios presentes más se la comieron. Es que el sonido que había en el local era muy bueno… (sí, es excusa).
Lo concreto es que un suspiro gigantesco me tranquilizó cuando empezó a tocar el grupo (se llamaban “Catupecu Machu” me dijo mi amigo, “una nueva banda hardcore, de esas que les gustan a los pibes que usan pantalones anchos”).
Debo admitir que al principio no me agarraron (tampoco me gustaban todo ese tipo de bandas de Estados Unidos), pero algo me llamó la atención: la voz del cantante, Fernando Ruiz Díaz. Con otro amigo alguna vez polemizamos: yo decía que el tipo cantaba bien, contra él, que lo criticaba.
Luego en MTV empezaron a aparecer algunos videos: “La polca” y “Calavera deforme”. Esas canciones no me molestaban pero tampoco me interesaban demasiado. La que sí me atrajo fue la versión de “Héroes anónimos” que sacaron para el LP en vivo A morir. Epa, este grupo que hacía hardcore, ese género tan crítico de la música nacional, interpretaba una canción de una banda pop de los 80. “No son tan cerrados”, me dije.
Eso se confirmó en el año 2000 con el video de “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”. Fernando Ruiz Díaz estaba con el pelo engominado y vestido ¡!con musculosa¡!?? Insólito. El tema nos gustó a todos. Hoy en día me sigue pareciendo una de las mejores canciones de los últimos años (tuve la oportunidad de decírselo a Fernando en un boliche de Mar del Plata, en uno de los pocos, y bochornosos, arranques cholulos que tuve en mi vida). No sólo me gustaban la voz y la música de las estrofas (cuando dice “mientras que uno anclaba, otro sin medir, cambió la forma adecuada y se fue”), sino también como estaba hecho el puente (“abro el costurero, busco y salgo a descocer”) y la parte final (“Y lo que quieeero es que pises siiiin el suelo”). Una gran canción.
La letra, por desgracia, nunca me agradó demasiado. “Conciente de mi inconsciencia/ me creo sin fin/ y subo mucho más alto/ que ayer”. Es ejemplo de una constante de los primeros años de la banda: la autosuperación como asunto preponderante. No sé muy bien que pensar de esto pero puedo afirmar que Catupecu, antes que alegría, transmite un afán de evolución personal que no se distingue mucho de los libros de autoayuda de Paulo Coelho. No sé, no molesta la autosuperación, pero tal vez me parece secundaria a, por ejemplo, la complejidad (duda, reflexión, insatisfacción) de un Artaud.
Pero bueno, sigamos. Año 2002. Cuadros dentro de cuadros. Computadoras. Gabriel Ruiz Díaz con toda, y el mejor uso de la tecnología en la historia del rock nacional. Sencillamente humillaron a los Redondos. Catupecu logró integrar las máquinas a la música de manera óptima. Habría que remontarse a Nine Inch Nails en el medio internacional para encontrar algo que se le parezca. “Origen extremo” está protagonizada por la maquinola, cualquier tema de Ultimo bondi a Finisterre sólo está decorado por ruiditos.
En ese disco, la banda incorpora un cover de “Hechizo” de Héroes del Silencio, lo que confirma otra de sus características fundamentales: la inmejorable selección de temas de otros grupos y las magistrales versiones que de ellos hacen. Para 2004 interpretan “Plan B: anhelo de satisfacción” de Massacre y el resultado vuelve a ser perfecto.
Este último tema es incluído en El número imperfecto, un disco que a mí me decepcionó (siempre opiné que es el primer LP en donde se repiten), pero que tuvo muchos adeptos: recuerdo, sin ir más lejos, que fue elegido como uno de los mejores de la historia del rock argentino por la revista Rolling Stone.
Mi relación con Catupecu siguió. Nunca fui fanático, pero les reconocí varios temas buenos y siempre los señalé como una de las mejores bandas de la actualidad. Pero una cosa es la evaluación artística de un grupo y otra la evaluación humana (siempre me cayeron bien Fernando Ruiz Díaz y su hermano), por eso me sentí muy mal en marzo de 2006 cuando Gabriel se accidentó. Lamentablemente el grupo se quedó sin una de sus figuras principales. Desde aquí sólo podemos desearle una pronta recuperación y felicitarlo por todo lo que hizo por la banda.
En 2007 me volvió a llamar la atención un cover hecho por la banda: esta vez se trataba de “Seguir viviendo sin tu amor” de Spinetta. Muchas veces nos ocurre a los seguidores de un artista (lo soy de Spinetta) que somos bastante celosos de los temas. Pero Fernando Ruiz Díaz hace innegablemente una buena versión.
“Seguir viviendo…” está incluída en Laberintos entre aristas y dialéctos, su último LP hasta la fecha, un disco en su mayoría acústico, más conservador que Cuentos decapitados y Cuadros dentro de cuadros, menos sorpresivo. Pero que también, creo, es su disco más disfrutable. Fernando logra mostrar allí que muchas de las composiciones de la banda son sencillamente muy bellas y pueden funcionar muy bien en un formato más contenido.
Resumiendo el artículo: la historia de una banda también se hace en las relaciones que uno (un simple oyente) tiene con ella. Y hay que transmitirlas. De lo contrario sólo repetiríamos biografías seudo objetivas de esas que se multiplican (íntegras) por Internet.
En las próximas líneas encontrarán, como es habitual, críticas de los cuatro discos de estudio de Catupecu y de los tres de Cuentos Borgeanos, la banda del ex baterista Abril Sosa. Consideré pertinente agregar estos últimos ya que siempre suelo poner los discos que los artistas sacan cuando se separan de sus bandas y emprenden una carrera solista (como lo hice con el Indio Solari y Skay).

DISCO X DISCO CATUPECU

Dale (1997) - **1/2
Primer disco de la banda. Año 1997. Definido por ellos mismos como hardcore (he visto que en muchos lugares lo califican como un disco ecléctico, con varios estilos musicales pero a mí, exceptuando “La polca” y “Ritual”, me parece bastante homogéneo). A eso se le suman letras de autoayuda como la de “El sueño” (“Puedes vivir para ver/ el amanecer”).
A mí me molesta un poco que el bajo esté tan alto: en “Calavera deforme”, por ejemplo, es omnipresente ese sonido (aunque me gusta la voz secundaria que hace de corito cuando se canta el nombre del tema). También me molesta lo que hace con la voz Fernando Ruiz Díaz en “Los tres deseos” (exactamente cuando canta “Lo pasado, pesado”). Cae, con esa forma de cantar, en el lugar común del género. Aclaro, que, a pesar de eso, “Los tres deseos” es una de las mejores canciones del disco.
En resumen: un LP que le debe gustar mucho a quienes escuchan a Fun People, Bad Religion, NoFX. Yo paso. Ni el estilo preponderante en la interpretación ni la calidad melódica mayoritaria me llaman la atención. Pero no es un disco malo para quien sigue este género.

Cuentos decapitados (2000) - ****
Un gran progreso para la banda. Sobre todo por la inclusión de dos canciones excelentes: “Y lo que quiero es que pises sin el suelo” y “Entero o a pedazos”. En esta última lo que se destaca es la parte en que Fer Ruiz Díaz canta: “ví ayer, oh, tan lejos oh”. El cambio musical entre lo que viene sonando y esa parte es muy bueno.
Al estilo sonoro del disco lo veo mucho más llevadero que en Dale. Menos pendiente de la fuerza de los instrumentos y más de lo bello de las construcciones melódicas. Las dos canciones anteriormente nombradas y el tema que da título al álbum son prueba de ello.
De cualquier manera, tampoco vamos a exagerar: “Perfectos cromosomas” y “Eso espero” son buenas, por la polenta, al mejor estilo del disco anterior. Y “Eso vive” no es ni siquiera buena (siempre la odié y nunca entendí la locura que desata en los boliches).
Como dije en el artículo principal de este especial, es sorpresivo el cambio de estética del grupo (pelo engominado en los videos, línea de texto que dice “DJ de turno/ no pongas fin”). Bienvenido el cambio entonces. Siempre hay que festejar cuando se elude lo previsible.
Nota: me encanta el experimento “Mamá me dijo que no viniera” (“¿¿¿y qué dijo mamá???/ que no vinieraaaa”). Tal vez la hicieron en cinco minutos, pero es muy efectiva, sobre todo por la muy graciosa voz de Fernando Ruiz Díaz.

Cuadros dentro de cuadros (2002) - ***1/2
El recurso a las maquinitas es un clásico de los últimos tiempos (nótese la contradicción): cuando una banda quiere aparecer como innovadora, en lugar de hacer construcciones musicales diversas o intentar crear ritmos nuevos, se recurre al instrumento tecnológico “futurista”. Y el resutado casi siempre es negativo, porque, obviamente, con nueva tecnología no siempre se construye futuro.
Catupecu es la excepción. Porque es el ejemplo de un gran uso de la electrónica. Como dije antes, hay que ir hasta Nine Inch Nails (para ser más precisos: los discos The Downward Spiral y The Fragile) para ver un uso tan efectivo de las máquinas. Quiero decir con esto: lo electrónico hace verdaderamente a los temas.
Veamos “Origen extremo”: ¿se puede hacer el track de otra manera, diferente a la que fue grabado? ¿se puede hacer con otros instrumentos? No, la tecnología es escencial para la canción y no algo accesorio.
Hay cuatro temas excelentes: el anteriomente nombrado, “Cuadros dentro de cuadros”, “Grandes esperanzas” y la versión de “Hechizo” de Héroes del Silencio.
Lamentablemente a veces caen en la (involuntaria) autoparodia: me acuerdo de una tapa de Rolling Stone con todos conectados a cables o el “resetear/ resetear” de “Batalla”. Pero eso no opaca este muy buen LP.

El número imperfecto (2004) - **1/2
Mucho más conservador que los dos discos anteriores. Contiene el excelente cover de “Plan B: Anhelo de satisfacción” de Massacre (todo el tema es disfrutable pero ¡qué buena es la parte melódica que aparece cuando Fernando canta “mi alma, mi alma, mi alma” y luego “no hables, no hables, no hables”, fíjense que el contraste entre lo que viene y esas notas es bellísimo). El número imperfecto también incluye el buen track “Magia veneno” (agradable aunque no óptimo).
Los temas aprovechables son mucho menos que en los LPs anteriores (podríamos sumar a los nombrados: “En los sueños” y “A veces vuelvo”, pero son buenos hasta ahí).Y hay varios pasos en falso: prácticamente todo el resto del disco (¿giros musicales de Cuentos decapitados? ¿Dónde quedaron?).
Las letras muestran cierta negrura, oscuridad. Esto contrasta indudablemente con los textos de los primeros álbumes, mucho más optimistas. Hay que decir que estas nuevas líneas no son mucho mejores. “Algún refugio habrá/ para ocultarme de esta feroz tormenta”, ya se ha escrito. En general, no creo que los Catupecu hagan letras interesantes. Su virtud pasa por otro lado: combinar fuerza con destreza melódica. Eso, excepto por un cover (que es creación de otra banda) y algún tema aprobable, está ausente en este disco.
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AGREGADO EL 12 DE ENERO DE 2010
Simetría de moebius (2009) - ***
Este oscuro disco es, durante la mayor parte de su extensión, mucho más difícil de asimilar que los anteriores LP de la banda. Voy a dividir los temas en tres grupos para analizarlos mejor.
En el primer conjunto están las canciones más pop del CD. Son claramente minoría y fueron las que, por supuesto, me gustaron después de la primera escucha. Se llaman “Nuevo libro” y “Cosas de goces”. Son lo bueno previsible, agradan sin sorprender. A medida que uno vuelve a escuchar el disco gustan cada vez menos y ahí uno empieza a percibir que Simetría de moebius tiene cosas mejores.
Esas cosas mejores forman el segundo grupo. Son buenos tracks (tres como mínimo) que tienen formas alternativas a las que la banda transitó en el pasado. Hay que escucharlos tres o cuatro veces para encontrarles la vuelta. Para ejemplificar con un sólo recurso innovador, aunque hay más, diremos que muchas veces los temas comienzan con breves melodías (tocadas con piano, sintetizador o guitarra criolla, según la ocasión). Esas melodías están en un comienzo casi despojadas de apoyo instrumental pero luego, con el correr de la canción, terminan haciendo éllas mismas de base. Esto ocurre en tres de las mejores canciones del CD: “Piano y RD”, “Alter ego… grito alud” y “Simetría de moebius Barolo y Salvo”. Es un recurso agradable y está lejos de ser azaroso: es una de las constantes estéticas del álbum.
El tercer grupo está compuesto por canciones tan complejas y oscuras como las anteriores, pero que resultan malas, solemnes y aburridas. Son “Juego sagrado” y “Víbora vientre”. Ahí uno duda. ¿Es este un LP visionario como en su momento fue Dynamo de Soda Stéreo (la comparación la hizo un forista en el sitio de Rolling Stone) o es más bien un tropezón con la oscuridad que se da aires de complejidad como fue el fallido Adore en la carrera de los Smashing Pumpkins? Calculo que es un poco las dos cosas.
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CUENTOS BORGEANOS
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Fantasmas de lo nuevo (2002) - **1/2
En este primer disco de la banda, la conexión con la obra de Jorge Luis Borges es bastante importante. En todos los temas aparecen referencias al tiempo y a realidades (o mejor dicho: ficciones) paralelas.
Es más: hasta hay citas casi textuales que se utilizan para despejar dudas. La canción “Fantasmas de lo nuevo” dice: “Volver al principio y al final/ ruinas que circulan/ volverán con aire soñador/ volverán fantasmas de lo nuevo”. En tanto, el tema “Irrisorias formas” dice: “Donde se confunde el modo y la razón/ sobre los jardines de senderos duros”.
Al estilo musical lo veo algo similar al de Foo Fighters (de hecho: se podría hacer una analogía entre el ex baterista y actual líder Dave Grohl y el ídem Abril Sosa). Podríamos llamarlo tal vez punk-pop.
Se destacan las canciones “Gritar dolor” (con el efecto de voz “telefónica”, pero con un buen entre), “Pabellón cero” (una especie ska que pone mucha luz al disco y lo saca de la oscuridad) y la lenta “Tras los sueños” (que tiene un buen corte entre estrofa y estribillo).
Una curiosidad: en la tapa, debajo del nombre “culturoso” de la banda, aparecen todos los integrantes de Cuentos Borgeanos haciendo una producción de fotos. De ese cruce entre lo fashion y la “importancia literaria” surgiría la historia de la banda.

Misantropía (2004) - **
No me gustó para nada. Un disco pálido, casi sin atractivos. Puedo llegar a salvar a “Marzo”, a “Mírame” y a “Tu voz”. Pero cuando digo “salvar”, quiero decir: “no las entierro, pero tampoco me las llevo a casa”.
Hay diez temas decididamente prescindibles donde no hay ningún atractivo melódico. Analicemos “Te desconocí”: ¿es útil después de toda la historia del rock? ¿y, además, es disfrutable teniendo en cuenta que no tiene ningún gancho que cambie el hilo musical para algún lado? Puse este tema como ejemplo, pero podría haber puesto cualquier otro, la mayoría cae en los mismos problemas.
Cualquiera que venga leyendo este blog se dará cuenta de que cada tanto nos topamos con este tipo de discos: no tienen algo repudiable, no ofenden. Pero tampoco valen la pena. Yo personalmente creo que para que un disco nos parezca bueno, nos debe incitar al retorno. A que lo volvamos a escuchar. De acuerdo con esa forma de mirar las cosas, Misantropía es un completo fracaso.

Felicidades (2007) - **1/2
Disco directamente pop. Tiene una base rock, pero tanto las letras, como los giros melódicos son más conservadores que en los discos anteriores (de Borges, de más está decir, ya casi ni noticias). La cosa rindió sus frutos: el éxito les llegó de la mano de esta simplificación y de una hábil campaña de diseño orquestada por su compañía discográfica multinacional (tapa del disco, página web, 70.000 “portfolios” de fotos en revistas). Esto de por sí no tiene nada de malo y el LP debe analizarse estrictamente por el resultado musical. Lo pongo, sí, para contextualizar.
Empecemos por los halagos: de Felicidades me gustaron bastante dos temas. Son el corte “Eternidad” y el track “Si despertás”, este último irresistible por su parte instrumental compuesta por batería-guitarra (también hay bajo, pero lo considero secundario). Son dos buenas canciones. Eso, y la frescura que puebla el disco, le alcanza para superar ampliamente al LP anterior.
Ahora los problemas: Las canciones son bastante similares entre sí. La voz de Abril contribuye mucho a eso: siempre empieza contenida y luego explota en agudito. No sale de eso. Pero la cosa es mucha más seria aún: el gancho es…¡¡¡el-mismo-en-tres-temas-diferentes!!!! (detallo: minuto 0:36 de “Eternidad”, 1:00 de “Felicidades”, 0:26 de “Mis palabras”). Fíjense que el recurso es exactamente el mismo. Queda un olorsito a truchada que sólo termina de hundir a un disco débil.
Sintetizando: no se me entienda mal. El problema no es que sea pop. No le reprochamos a la banda “que se haya vendido”. Muchos de los mejores discos de la historia se hicieron con fuerte apoyo publicitario y pensando en públicos masivos. El problema es que Felicidades está falto de un número aceptable de picos de interés (pocas melodías buenas) y es repetitivo (hasta la burla).
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AGREGADO EL 17 DE OCTUBRE DE 2009
Psicomágico (2009) - **1/2
Lo mataron en la Rolling Stone. Si bien le ponen tres estrellas, lo demuelen en el comentario. Acusan a Abril de darse aires de importancia literaria (referencias a Borges, Sábato y demás) y de no tener como apoyarlos. De caer en los lugares comunes de la autoayuda. En fin: el tipo lee todo eso y se pone a llorar.
Para mí este LP está un poco mejor que los anteriores, pero no me parece aprobable. Las mejores son las últimas dos canciones: “Hablé con él” y “1999”. Esta última no tiene relación con el clásico de Prince. Se trata de un tecno marchoso. El resto de los temas acompañan algunas veces bien (“Estás vivo”, “La pregunta”) y otras mal (“La dulce espera”, “Pequeña luz”).
Pero en general, como dice la Rolling, lo que resalta es cierto facilismo en las letras. La frase “pueden venir con sus bombas/ pueden seguir con sus normas” del corte “Resistir” me hace acordar a esas veces que uno, de chico, se ponía a componer canciones y le salían así de simples. Me parece muy básico. Son contrucciones elementales que puede hacer un niño. Imperdonable para un artista profesional.
Otra cosa que molesta es la voz de Abril. No podría describirla de manera aceptable pero escuchen, como ejemplo, el minuto 1:13 de “La pregunta”. Es como prefabricada. Exagera las “eee” (aunque de manera diferente a Ciro de Los Piojos). En fin: no lo banco cuando canta así. Imposta la voz. Suena tan artificial como Shakira y Patricia Sosa.

domingo, 3 de agosto de 2008

GUSTAVO SANTAOLALLA



PERFIL DE SANTAOLALLA
Artista glocalizador

“Nosotros somos un país que ha crecido y se ha desarrollado siempre bajo una dependencia cultural muy fuerte, europea primero y norteamericana después. Ya desde chico tuve una visión: sentía que de la única manera que podíamos hacer partido en un escenario mundial era mostrando algo nuestro. Siempre bajo los códigos de la música que nos atrapó a muchísimos en esa generación, que era el rock” (Gustavo Santaolalla, revista Rolling Stone, abril de 2008).
El párrafo anterior sintetiza buena parte del pensamiento de este blog: la mezcla de estilos comunmente es superior a la emulación. Santaolalla a lo largo de su carrera, y en cada una de sus tres personalidades: la de intérprete, la de productor y la de compositor de bandas sonoras para películas de Hollywood, siempre ha intentado lo mismo. La fusión de lo autóctono con lo importado.
Esto lo coloca en un muy buen punto de partida para hablar de su arte. Sin embargo, no es lo único a tener en cuenta a la hora de la evaluación. Y así como lo felicitamos por su afán innovador, lo tenemos que ubicar en el segundo (o hasta tercer) grupo de rockeros talentosos. Creando melodías (que es en definitiva lo más importante de la música) está bien lejos de Charly García o de Luis Alberto Spinetta.
Santaolalla aparece en la escena argentina durante el año 1969 como cantante y compositor del grupo Arco Iris. A su mando la banda lanza un primer disco con un estilo parecido al de Almendra pero un poco más aburrido, triste, solemne. Ya empiezan a aparecer en su obra las referencias a Dios y la utilización del saxofón (que toca jazz, en contraste con el rock del resto de los demás instrumentos), dos elementos característicos de su primera etapa.
El gran éxito de Arco Iris llega en 1972 con el hit “Mañana campestre”, eterno habitante de los fogones argentinos. Esta canción irresistible estaba incluída en el LP Tiempo de resurrección, disco que también incluye “Vasudeva”, otro tema famoso, esta vez con bombos, que ya indican el futuro de la banda.
El mismo año Santaolalla viaja al norte argentino y aprende sobre la música autóctona del lugar . Esto se plasmaría en la ópera rock Sudamérica o el regreso de la aurora, álbum que une rock con jazz y elementos folklóricos. De hecho, el tema “Persecución de los peregrinos” está hecho a base de charango (tocado por Santaolalla). Este disco fue presentado en River (acompañado de un show audiovisual), siendo el primer concierto de una banda de rock en el estadio.
En 1973 el grupo saca el LP Inti Raymi, una especie de continuación de Sudamérica pero con canciones sin hilación. Sigue la mezcla entre los estilos arriba mencionados. Pero en 1974 el grupo se olvida del folklore y lanza Agitor Lucens V, otra ópera rock, esta vez más progresiva (estilo Yes o el primer Genesis), sobre los extraterrestres. Este disco también es presentado en teatros, acompañado de un grupo de danza.
Santaolalla luego se separa de Arco Iris (la banda seguiría sin él por más de dos decadas, aunque con una convocatoria muchísimo menor). Y después de tres años de silencio, forma el grupo Soluna, con Mónica Campins, su esposa de entonces, cantando a varias voces junto con él sobre un estilo que se suele denominar folk eléctrico (el folk, ahora, es más de Estados Unidos que de Argentina). Este conjunto es bastante exitoso en su época e incluía a un muy joven Alejandro Lerner entre sus instrumentistas.
En 1977 Santaolalla abandona Soluna y parte hacia Estados Unidos. Allí se ve influído por la new wave y para 1980 forma el grupo Wet Picnic. Es increíble que el mismo artista, con dos años de diferencia, haya pasado del folk setentoso de Soluna hacia el new wave ochentero (estilo Elvis Costello, pos punk). Wet Picnic cantaba en inglés y estaba integrado por Gustavo, Aníbal Kerpel (ex integrante de Crucis) y dos nortemericanos. La banda tenía una convocatoria promedio de 300 personas y no tuvo gran éxito en Los Angeles. Pero alcanzó a grabar un EP de cinco canciones.
En 1982 Gustavo con todo ese sonido, viene a la Argentina y lanza el LP Santaolalla. Este álbum, ahora sí cantado en castellano, incorpora el new wave a la escena nacional. Rompe totalmente con el setentismo del rock hecho acá. E influiría en Clics modernos de Charly García.
A partir de ese momento, Santaolalla regresa a Estados Unidos y (salvo por un long play hecho en 1995) abandona el liderazgo de bandas y se dedica a la producción de discos en América Latina. Siempre con su premisa característica: mezclar los sonidos característicos de cada lugar con el rock. Dos muestras de esta fusión: “El arriero” (compuesta por Atahualpa Yupanqui e interpretada en La era de la boludez por Divididos) y “La ingrata” de Café Tacuba (con un ritmo que recuerda a la música norteña mexicana, incluída en el LP Re). Santaolalla también produjo a León Gieco en De Ushuaia a la Quiaca, a el grupo azteca Maldita Vecindad, a los chilenos de Los Prisioneros y a los porterriqueños de Puya, por sólo nombrar algunos casos. Esto lo hizo famoso en toda América como el gurú del rock latino. Hasta llegó a fundar su propio sello, llamado Surco.
En los últimos años (además de liderar el proyecto Bajo Fondo, mezcla de música electrónica con tango) se dedicó a la composición de scores para bandas sonoras de películas hollywoodenses (Amores perros, Secreto en la montaña, Babel, 21 gramos, Diarios de motocicleta). Con eso ganó dos premios Oscar y se hizo famoso en todo el mundo. En los soundtracks, Santaolalla toca la guitarra acústica, el charango y vuelve a fusionar los elementos característicos de cada región con la música más famosa en todo el mundo. Todo esto haciendo composiciones instrumentales que quedan absolutamente bien dentro de las películas.
En síntesis: Gustavo primero se hizo famoso como líder de una banda de rock en Argentina, luego como productor en Latinoamérica y finalmente como autor de soundtracks en el mundo entero. Es el único caso en que un rockero argentino alcanza tal repercusión internacional. El tomó el camino indicado (el de embajador de la música autóctona en el mundo) y lo supo explotar. Lo que sigue en este especial es un estudio detallado de sus LPs, pero sólo como intérprete. Allí se nota que el artista tiene una importancia relativa en rock de la Argentina. Su trabajo como productor y como compositor de bandas de sonido aquí no es analizado.
Para cerrar explico el título de este artículo. El concepto de glocalización (que sé que no todos manejan) pertenece a la disciplina de la comunicación y según Wikipedia es “pensar globalmente y actuar localmente. Adaptarse a las peculiaridades de cada entorno. Mezclar elementos locales y particulares con los mundializados”. Me apareció adecuado para describir al artista.

DISCO X DISCO SANTAOLALLA

Arco Iris (Arco Iris, 1969) - **1/2
El primer LP de Arco Iris tiene un estilo parecido al de Almendra, al menos por las voces. El saxo y la batería incorporan elementos de jazz en algunas canciones, pero en general predominan los temas lentos, cosa que hace al disco bastante aburrido y monótono.
De cualquier manera no se puede negar que hay composiciones trabajadas: “Hoy te miré” (la mejor, a pesar de algunas frases cursis como “hoy te miré y ví/ el sol en tus ojitos”), “Camino”, “Te quiero, te espero”, “Quiero llegar”. Tienen algún mérito melódico, pero no alcanzan para justificar un disco pesadísimo.
La voz de Santaolalla suena finita y sin personalidad. Todavía no hay mezclas de estilo. Sólo está presente lo más estático del sonido del primer rock nacional.

Blues de Dana (Arco Iris, 1970) - **
Compilado de los primeros simples del grupo lanzado por la compañía discográfica sin autorización del grupo. Incluye el “Blues de Dana”, horrible tema en que Santaolalla copia la voz de Javier Martínez (Manal) y hace un insoportable “Mmm” antes de cada estrofa.
El disco es tan pesado como el anterior ya que la mayoría de las canciones son lerdas. Hay dos buenas: “Para vos” (están bien los estribillos, aunque no es obra maestra) y “En nuestra libertad” (la mejor del disco por lejos, soprendentemente dinámica y contagiosa pero tampoco magistral).
Dos temas dignos sobre trece. Encima, hay varias letras indefendibles (“No tengo riquezas para darte/ sólo tengo amor”). Una aclaración: hay composiciones que si bien no son malas rompen con la unidad conceptual que debe tener un álbum. Un ejemplo es “Luisito cortate el pelo”, humorística. De cualquier manera: era esperable, ya que se trata de un compilado lanzado a las apuradas. Otra aclaración: “Y ahora soy (y yo quiero)”, son doce minutos interminables con una parte instrumental que le restan muchísimo al disco.

Tiempo de resurreción (Arco Iris, 1972) - ***1/2
El aburrimiento desaparece con este disco. Totalmente exitoso en su época gracias al hit “Mañana campestre”, irresistible canción para cantar en fogones. Hay que decir que el tema es buenísimo y que con su letra y su música hace aparecer la imagen de ambiente campesino, algo frecuente en el rock de esa época. Esto también se repite en “Vasudeva” (donde suena un bombo folklórico), sobre un hombre que “vive a la orilla del río, en algún lugar” inspirado en el libro Siddhartha de Hermann Hesse.
El resto del LP es bueno. Empezando por “Ignea, aérea y marina”, medio jazzera, con un estribillo muy bueno y “Busca la estrella elegida”. En un nivel un poco más bajo están “Hombre de madera” y “Nuestro amanecer”.
Una cosa: se incluye una nueva versión de “Blues de Dana” en la que Santaolalla canta mucho más controlado y no hay copia a Manal. Mucho mejor que la anterior. Otra cosa: el tema inicial “Negro y blanco”, empieza muy bien, muy rockero, con un riff entrador y estrofa poderosa. Lamentablemente el estribillo es horrible.

Sudamérica o el regreso a la aurora (Arco Iris, 1972) - ***
El mismo año del exitoso Tiempo de resurrección Santaolalla lanza esta obra conceptual, un disco que mezcla rock con jazz y folklore. El tema principal del LP es una especie de travesía mística (hay muchas referencias al “señor”) por Sudamérica, que puede tener interpretaciones políticas acordes con la época que se vivía en el continente. Chequear la última canción, “Las colinas y el maestro” (“Con su selva y su pampa, y su cordillera/ el nuevo continente pronto va a despertar/ quizás los nuevos incas, quizás la nueva luz/ la hora prometida pronto va a comenzar”).
Este long play tiene largos pasajes sin voces (con melodías que se repiten a lo largo del álbum, característica común en la mayoría de las óperas rock), y momentos en que hay recitados que narran la historia principal del álbum. Hay algunas partes pesadas (aunque incorporan bombos e instrumentos autóctonos, ejemplos: “Hombre” o “Viaje por la galería subterránea”, con un charango tocado por el mismo Santaolalla).
El disco es largo. Pero hay algunas canciones buenas: “Las colinas y el maestro”, “La canción de Nahuel” y en especial “Gira” y “Los campesinos y el viajero”. Lo apruebo. Aclaro que las óperas rock no me gustan mucho. Pero lo apruebo.

Inti Raymi (Arco Iris, 1973) - **1/2
Disco que también tiene instrumentos folklóricos. No es ópera rock, es un álbum de canciones. No es muy bueno: hay mayoría de temas flojos. Pero incluye la que para mí es la mejor composición de Arco Iris: “En nuestra frente”, casi cinco minutos que resumen a la perfección el estilo de la banda (bombo folk + buena melodía y voz potente de Santaolalla + saxo jazzero). El otro tema que puede aprobar es “Abran los ojos” (con letra política: “quién es el que maneja/ las fichas de este tablero/ es que hace miles de años/ siempre el mismo gana el juego/ abran los ojos).
Lamentablemente, la mayoría del LP tiene partes lerdas (recuerdan peligrosamente a los primeros trabajos del grupo). “Adonde irás camalotal” y “Sólo como el cardón” son dos ejemplos. En fin: no me parece un disco demasiado interesante.

Agitor Lucens V (Arco Iris, 1974) - **1/2
Ultimo LP de Arco Iris con Santaolalla y segunda ópera rock del grupo. Esta vez sobre el tema de los extraterrestres (en la tapa del disco hay un ovni). El estilo es más progresivo, con largas partes instrumentales y casi desaparece el folklore (“Sendero de Marcahuasi” es la excepción).
Hay tres buenas canciones: “Intro/ La nave madre” (con un riff de guitarra excelente, digno de los mejores ejemplos del género), “Si el señor me dio estas manos” (potente, con onda jazz rock) y “Príncipe del alba”, lenta, con estribillo entrador.
Los temas malos son varios y tres buenos ejemplos son: “Las luces eternas” (que termina con una pesadísima parte instrumental), “Un tiempo y tiempos y la mitad de un tiempo” (que tiene un solo de batería gigantesco, imbancable para mí que odio los solos y más de ¡¡batería!!) y “Las huestes de Orión” (con sobredosis de saxo).
Tal vez a algunos les guste este disco. Pero entre mi rechazo a la exhibición exagerada del virtuosismo instrumental (olvidando toda belleza melódica) y mi reticencia a las óperas rock, me parece salteable. Prefiero el anterior Sudamérica.

Energía natural (Soluna, 1977) - ***1/2
Unico disco de la segunda banda de Santaolalla. El estilo por momentos es parecido al de La Máquina de Hacer Pájaros. Pero en la mayoría de los temas predomina una especie de folk eléctrico (como dicen algunos periodistas). Una particularidad del grupo es que Santaolalla y la voz femenina de Mónica Campins cantan a coro, lo que hace que haya arreglos vocales muy trabajados. Eso queda realmente muy bien.
Los buenas composiciones son muchas y el LP es bastante más dinámico que cualquiera de Arco Iris. Es imposible aburrirse aquí. Empieza con un tema insuperable: “Espérame encendida”. El segundo es “Mañana puede ser el día” (estilo León Gieco, con armónica). Y el quinto y el sexto son los excelentes “Sin zapatos es mejor” y “Si el manzano duerme” (este último con un juego de voces increíble que dan como resultado una balada folk extremedamente agradable). Después vienen dos temas pesados que bajan bastante el nivel, pero el LP vuelve a subir con “El terror de la abuela”, un rock bueno en donde se destaca el puente. En fin: un disco realmente disfrutable.

Balls Up (Wet Picnic, 1980) - ***
Cambio total en la carrera de Santaolalla. Se radica en los Estados Unidos y se nutre de la novedosa new wave (Elvis Costello, los Clash de London Calling). Se olvida del folk setentoso del atrasado rock argentino. Forma Wet Picnic junto a su amigo Aníbal Kerpel (futuro socio en sus producciones de rock latino) y dos norteamericanos. Comienza a cantar y a tocar en pequeños pubs. Bueno es aclarar que esto de rock nacional tiene poco: ni fue hecho en Argentina, ni está cantado en castellano, ni hay conexión evidente con el pasado musical argentino. Wet Picnic pertenece completamente al rock norteamericano (aunque no haya tenido éxito).
Balls Up es la única producción del grupo. Un EP de cinco temas estilo Costello, es decir pos-punk. Empieza bien con “Cocktailed Sky” (es muy extraño, pero excelente, como pasa de las estrofas con máquinas al estribillo que canta “uoh ooo”). La segunda canción también es buena, se llama “She Don’t Care” y tiene un lindo falsette casi al final. Lamentablemente el disco baja el nivel en las tres composiciones siguientes. Pero de cualquier manera, se trata de un agradable trabajo, a tono con lo más moderno del rock internacional y con dos temas muy atendibles que demuestran que, cuando quieren, los rockeros argentinos pueden competir con los internacionales.

Santaolalla (Gustavo Santaolalla, 1982) - ****1/2
Embebido del new wave de la escena de Los Angeles, Santaolalla regresa temporalmente a la Argentina, vuelve a cantar en castellano y graba su primer álbum solista. Este LP es considerado como totalmente revolucionario para el rock nacional, como el iniciador del sonido que caracterizaría a los años 80 y como la principal influencia del Charly García posterior.
El disco abre con una transformación al reggae del clásico “Vasudeva”. Hay que decir que esta versión es muy superior a la anterior. La previa era algo pesada, grabada en estilo folk con bombo. Esta es mucho más potente y dinámica.
Los temas más new wave son el excelente “No te hagas rogar” (sobre la histeria femenina, hay una parte muy graciosa en que habla una chica y dice “llamame mañana y vemos” y luego termina suplicando “llamame mañana”) y “A través de ti” (también humorística, sobre una mujer que impacta a Santaolalla por la calle, que “tenía un buen par de razones”, y que resulta ser un travesti).
La canción más famosa del disco es “Ando rodando” y la mejor es “María de los Angeles” (una especie de candombe lento con la participación de Ruben Rada en bongó y un estribillo hermoso). En fin: redondean un disco gracioso y revolucionario, en donde Santaolalla se sorprende por la nueva Argentina (ver “Mamá, amigos, tengo una TV color”). El mejor LP de su carrera.

GAS (Gustavo Santaolalla, 1995) - ***
El segundo disco de Santaolalla llega trece años después. Ya Gustavo era un productor consolidado. Tal vez el factor común del rock latino. Tanto sus grupos, como él mismo tuvieron amplia difusión en el canal de cable MTV.
Me recuerdo en 1995 viendo el video de “Todo vale” y odiándolo. Sigo pensando que la canción es pésima (no me gusta el estribillo). Pero el LP, contra todos mis pronósticos, dista mucho de ser malo. Sí hay que reconocer que hay mucha guitarra eléctrica chirriante que me molesta un poco.
Por eso los momentos más calmos sobresalen: Hay una balada hermosa, completamente unplugged, que se llama “Un poquito de tu amor”. No es innovadora, pero es de esas que son irresistibles y que nos hacen cantar cada vez que suenan. Otros temas con buenas melodías son “Río Ventura”, “Te puedo encontrar”, “Cuerpo extraño” y “El necio” (la letra de esta última dice “busco un laburo/ que no me dé laburo/ patrón no quiero/ quiero ser mi patrón/ y de mi puesto/ saber que no hay repuesto”, una letra que dice mucho acerca de los argentinos, pero que choca un poco con lo de “patrón”, sobre todo porque lo dice desde el lugar de empresario, pero bueno: la canción está buena).
En síntesis: un buen disco. No todos los temas son aprovechables y como vimos hay alguno polémico. Pero un LP que más allá de algún instrumento molesto (la guitarra eléctrica para mí) es comodamente aprobable.

sábado, 24 de mayo de 2008

LOS AUTÉNTICOS DECADENTES


PERFIL DE LA BANDA
La música que escuchan todos

Habitantes de la noche pachanguera, Los Auténticos Decadentes (liderados por Jorge Serrano y “Cucho” Parisi) se han convertido en la banda exitosa más constante de la Argentina. Desde 1989 están poniendo en las radios al menos tres temas por disco, las hinchadas de fútbol corean cada domingo sus melodías, los jóvenes agitan guirnaldas con sus canciones en los carnavales cariocas, los programas de televisión los llaman todos los años. Esto es a lo que se le suele llamar un conjunto de popularidad consolidada.
El estilo del grupo siempre fue muy variado: murga, ska, cumbia, música disco, bolero. Eso hizo que en un comienzo el ambiente del rock (crítica incluída) les haya dado la espalda y los haya relegado a las fiestas de egresados. Pero a lo largo de los 90 hubo una especie de reivindicación de la banda, en especial de la labor del compositor Serrano (saludado como hábil artesano pop y “reciclador de la baja cultura argentina”, nótense las comillas por favor). Recuerdo cuando la revista La García en 1999 le otorgó cinco estrellas al disco Hoy trasnoche, poniéndolo, ya no al nivel del resto del rock nacional sino sobre la mayoría de éste. Acompañando, el público rock comenzó a asistir a los recitales de la banda, legitimando la pertenencia de este grupo ecléctico a ese género tan cerrado como es el rock en la Argentina.
Sinceramente, mi opinión es que los Decadentes no deben estar un peldaño más abajo por utilizar ritmos populares (que el rock suele considerar inferiores), por eso discrepo con la opinión de la mayor parte de la crítica de la primera mitad de los 90. Pero tampoco creo que la simple utilización del bolero y la cumbia aseguren calidad artística. Yo estoy convencido de que, aún en sus mejores trabajos, Serrano no puede alcanzar la melancolía melódica de un Gustavo Cordera en De la Cabeza, otro artista que, al mando de Bersuit Vergarabat, también utiliza los “bajos ritmos” en el rock.
Hay que decirlo con todas las letras: La gran mayoría de los hits de los Decadentes son descartables. Utilizan ritmos masivos pero no les agregan giros melódicos interesantes. Recurren muchas veces a una frase vistosa o al relato cómplice de una situación cotidiana para hacerse famosos (de la misma manera que la publicidad). Así es como en cada uno de los LPs no hay más que dos o tres temas aprovechables. No se trata de una buena banda, indudablemente.
Otro problema del grupo es la previsibilidad. Ya se sabe que Cucho es el de los temas fiesteros y Serrano es el de la balada sentimental. Y no hay mucho más que eso entre esos (falsos) opuestos. De hecho, sorprende la no evolución de la banda a lo largo de los años. Prácticamente no hubo grandes cambios desde 1989. No se exhibe ningún signo de madurez, ni siquiera de alternancia (tal vez por esa fórmula mágica que dice “lo que funciona no se toca”).
Otro tema es el de las letras: Una buena parte cae en el machismo (“Entregá el marrón”, por ejemplo). Eso es cierto. Pero también es cierto de que de todas las canciones de amor escritas por la banda, no se puede rescatar una sola línea aprovechable. No se percibe conexión entre la interpelación al corazón y el sentimiento en sí. Es como si las palabras románticas perdieran toda profundidad al hablar de amor y sólo sirvieran para ser repetidas, por el sólo hecho de que suenan lindo en la radio.
En conclusión: Para elaborar este especial debí escuchar todos los discos de los Decadentes. La verdad es que me cansaron bastante. Me sacaron un par de sonrisas, pero básicamente me hicieron doler la cabeza (y odiar la música por momentos). Pero después, por suerte, ponía otra banda y todo se arreglaba. Me reencontraba con las bellas melodías cantables, con la caricia de una línea de texto poética, con la potencia de un estribillo complejo. Por suerte el rock nacional es mucho más que este grupo. Mayoría de discos descartables, diez temas aprovechables, ninguna obra maestra. Otra banda popular del montón.

DISCO X DISCO DECADENTES

El milagro argentino (1989) - **1/2
Primer disco de los Decadentes. Por un lado incluye dos de las horribles canciones que luego serán cantadas en las canchas de fútbol. Se trata de “Entregá el marrón” y de “Vení Raquel”, claros ejemplos de ausencia de melodía, en donde la fuerza está aportada por los coros tribuneros que suenan en los estribillos. Machistas ambas.
Después tenemos un tema como “Skabio”, muy parecido a los primeros Cadillacs. Bastante bien. Un ska bastante atractivo con gritos. Superior al promedio de la banda. En el mismo nivel estaría “Loco tu forma de ser”, otro hit, una balada de Jorge Serrano que incita al canto.
Pero lo mejor del disco está en “El jorobadito” (luego versionada por Attaque 77), “Cuando nació este amor prohibido” y, en especial, “No sé lo que hacer”, otra canción lenta de Serrano en donde hay un corte interesante entre estrofa y estribillo.

Supersónico (1991) - ***
En este disco la banda canta nuevamente sobre la decadencia, la joda, las mujeres, en fin: los temas de siempre, pero afortunadamente evita el tono machista del disco anterior. Tal vez por eso (bah, en realidad por un perfil más bajo en los estribillos, no seamos injustos con el público), Supersónico dejó bastante que desear en sus ventas.
El LP abre con “Ya me dá igual”, el único tema famoso del disco. La versión grabada aquí es muy superior a la simplificación que hacen las hinchadas (en el minuto 1, la melodía de la parte que dice “si ahora estoy parado…” es ignorada por los seguidores del fútbol por su complejidad y es lo mejor de la canción).
Hay varios buenos temas pero me quedo con “Amor dorado” (balada de Serrano) y “Caliente baila” (cantada por Cucho, un rock/pop muy adictivo).

Fiesta monstruo (1993) - **1/2
Abre con “La marca de la gorra”, pícara, para que cante la muchachada (no es otra cosa que la fantasía clásica del sexo con una menor y la situación, graciosa de trazo grueso, en la que el padre, policía encima, los agarra). Pero hay que admitir que es muy adictiva la melodía y la historia está contada de manera muy humorística (“… y se le notó la marca de la gorra”, je). Aprueba el tema.
Otro hit fue “Pochi Peluca”, otra historia facilista para que festejen “los amigos”. Ahora se trata de un travesti (todo contado desde la sonrisita de una barra de machos, obvio). La canción no es especialmente atrayente pero hay algo que siempre me llamó la atención. Las estrofas que vienen después del primer estribillo están cantadas con una voz exageradamente gay que lleva la canción al género disco, lo que la hace muy graciosa y melódicamente interesante.
La mayoría del resto de las canciones del CD tiene un nivel muy inferior a las de los discos anteriores (hay mucho relleno, no repudiable, pero olvidable, un ejemplo: la cumbiamba “El tren”, de estribillo impresentable). Salvo un tema del desastre, el mejor del disco: “Lo que me gusta de vos”, rock de Serrano, con tonada romántica, de muy interesantes giros melódicos.

Mi vida loca (1995) - **1/2
El disco que les abrió las puertas a América Latina y consolidó el éxito en Argentina (fue el que más vendió en el país). Todo fue posible gracias a los siguentes hits: “La guitarra” (me gustó cuando salió pero terminó por cansarme), “El murguero” (más conocida como “tutá tutá”, una canción horrenda, sin melodía, era mejor registrar con un grabadorcito de periodista cualquier murga de la ciudad), “Diosa” (la chatura hecha canción, un tema de amor donde el amor está tapado por frases cursis y débiles), “Corazón” (cumbia despojada de atractivos musicales que incurre en líneas de texto pasatistas seudo románticas). En conclusión: los cuatro hits son feos.
Hay sólo 3 buenas canciones y no alcanzan para hacer al disco aprovechable. Las nombro: “Turdera”, interpretada exclusivamente con el acompañamiento de una guitarra acústica. “La chica del sur”, de Jorge Serrano, muy pegadiza, con un puente inmejorable. Y la mejor de todas: “Las miradas”, una especie de salsa, digna de los mejores exponentes del género en América Central.

Cualquiera puede cantar (1997) - *1/2
El temido disco posterior al éxito. Saltaron la maldición (volvieron al hit, en especial con el tema “Los piratas”), pero cayeron en el desastre artístico: es el peor CD de la historia de la banda. Hay una muy alta proporción de canciones deplorables. Nombro algunas: “Como me voy a olvidar”, “Cyrano”, “El gran señor”. Nótese que todas tuvieron éxito radial.
Con respecto a “Los Piratas” mi opinión es equivalente a la que tengo acerca de “Pochi Peluca” y “La marca de la gorra”. Es un tema hecho para ser festejado por las barras de amigos (lugar artístico que no me simpatiza demasiado), pero no creo que sea machista. Trata sobre la infidelidad, en este caso de los hombres, pero podría ser de las mujeres. La pegaron con el tono Olmedo y Porcel que tiene la canción y con varias frases graciosas (“nos sacamos el anillo carcelero/ y vivimos una noche de solteros”).
En fin: un disco malo con un tema simpático. No sé si esto se aplica a todos los discos de los Decadentes pero recuerdo que un amigo hace unos años lo usaba de posavasos. Ah, me olvidaba: hay otro tema atendible: “Sheila”, un tema dance con gritito soul. Calculo que está como una broma, pero salió bien.

Hoy trasnoche (1999) - **
Tres hits esta vez: dos de ellos horribles. “No puedo” y “El dinero no es todo” son patéticos. Sonaron en las radios no sé cómo. Cero melodía. El otro hit fue “Besándote”, balada con ritmo no mala pero tampoco buena.
Hay algo que me molesta en este disco. La idea de tomar algunas situaciones cotidianas y nombrarlas todas juntas para que el público se identifique. Recurso que utilizan las publicidades últimamente. Por ejemplo, aquella de Quilmes en la que Mario Sapag nombraba las costumbres del verano. Bueno, eso mismo (un recurso más publicitario que otra cosa, y encima, muy gastado) es lo que hacen los Decadentes en “El rozador”, sobre un tipo que apoya a las chicas en el colectivo y en “En las fiestas”, en donde llegan a nombrar a la “ensalada rusa”.
Hay tres temas buenos en el disco, que están muy lejos de salvar la cosa. Pero al que al menos muestran una recuperación en comparación al disco previo. Son “Yo puedo” (un rock con todas las letras, para quienes decían que Los Decadentes no podían ser pasados en la rock & pop), “La música” (con una especie de parte café concert en el medio) y “Trasnoche” (con un corito femenino irresistiblemente disco que puebla toda la canción).

Sigue tu camino (2003) - **
La pegaron con “Un osito de peluche de Taiwán” (mediocre canción), pero el resto de los hits no prendió mucho. La crítica señaló que “La prima lejana” tenía una construcción musical prodigiosa y dijo bien (aunque el puente está integramente robado a “Ela disse adeus” de Os Paralamas do Sucesso). Yo creo que el estribillo es maravilloso, tal vez lo mejor que hicieron musicalmente Los Decadentes. Pero lamentablemente, la letra es lo de siempre, la situación pícara para festejar con los amigos: pibe que tiene prima linda y se la levanta (cuando dice “se me para… el corazón”, caen en Tinelli).
En general, el disco no es gran cosa y está más o menos en el nivel del disco anterior. Hay momentos pésimos (una especie de reggaeton llamado “A los piropos”, la presencia del insoportable Chaqueño Palavecino en “Río”), intrascendentes (la mayoría del disco) y algunos atendibles (el flamenco de “Como la abeja y la flor”, el puente de “Sigue tu camino” y los coritos de “Perro celestial”).

Club Auténtico Decadente (2006) - **
Mostrando la decadencia del grupo (cuac), por primera vez se toma de afuera una tonada de cancha y se la transforma en canción (“Somos”), dispositivo opuesto y mucho más vergonzoso que el que realizaban en “Vení Raquel” y “Entregá el marrón”, en donde eran las hinchadas las que copiaban al grupo.
Pero en realidad, el disco no es tan malo. Es cierto que no hubo hits (ahí está lo de “decadencia del grupo”). Pero el nivel general del LP es comparable al de los discos anteriores. Con algún que otro tema vistoso como “Veo”.
Es muy buena “Algo hay que comer”, una especie de sátira a los defensores de los animales (“y el tomate también tiene sentimientos/… aunque no lo demuestre” o “me encantaría que me coman las pirañas/ … me gusta alimentarlas”). Tiene muy buena melodía, muy buen ritmo y es muy graciosa. Lo mejor del disco. Y lo mejor de la banda en mucho tiempo.

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AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Irrompibles (2010) – **1/2
            A esta banda la re quemé. Escribí en 2008 que eran una máquina de hacer hits. Pero desde ese momento no pegaron un sólo tema en la radio. Atrás quedaron los 90 y los tracks sonando en Tinelli. Desde que la prensa y el público rock los revalorizó, son una especie de banda de culto. Representantes de un pop algo pasado de moda. Tal vez eso tenga alguna relación: sería como que los rockers los apoyan ahora que son inofensivos, que no ofenden al estilo “contestario” desde las radios pop.
            Ahora vamos a hablar de la calidad del disco. Irrompibles tiene una seguidilla de temas para cantar y cantar sobre la pista de audio. Van del track 2 al 5. Después el disco bajonea un poco o cae en el problema del exceso de grasitud. En el próximo párrafo ampliaremos.
            Los tracks adictivos son los siguientes. “Tribus urbanas”, una especie de rap cantado junto a Fidel Nadal que habla, con humor, del fenómeno de los floggers, emos y demás.  “Distrito federal”, un buen tema pop. “La fórmula”, también liviana y pasajera. Y “Festival de rock”, nostálgica, como una buena película yanqui. Por estos días estoy reseñando el LP más reciente de Celeste Carballo y hay una canción similar a “Festival…”. Se llama “Banda del Oeste”. Hay una conexión entre los dos temas. Son como instantáneas mágicas de momentos entrañables. Me imagino un grupo de pibes yendo a ver shows o tocando en las salas de ensayo del Conurbano. Esas imágenes serán en el futuro lo que hoy son los bailes de los años 50 con la rocola de fondo. Y los tracks de los Decadentes y Carballo así lo demuestran.
            Pero, claro, el disco después bajonea. “La ciudad de infinitas avenidas”, cantada por Jorge Serrano, elude el gancho entrador (en el momento en que se menciona el nombre del tema pareciera que el track desecha la posibilidad de explotar). Lo mismo ocurre con “Siempre igual”, también de Serrano. Es algo que es bastante extraño en él, acostumbrado siempre a buscar el impacto instantáneo.
            De cualquier manera, lo peor del disco es algo que podría denominar “costado grasa de los Decadentes”. No soy pacato, ni me voy a poner a defender al rock de clase media. Pero acá ya se van de mambo. “Jopito” es un cuartetazo con similitud a la Mona Jiménez. Recuerda a lo peor de la obra del cordobés. “La paloma y el gavilán”, un corrido mexicano con algún atractivo, termina en cualquiera con un “ay, la concha de tu ma”. ¿Era necesario? Otra inexplicable es “AOE”. Es demasiado obvio que es para que coree la gente. “Los machos”, por su parte, es un country con letra continuadora de “Los piratas” que claramente está hecho para que la gilada baile en los boliches después de la horrible “Salud (dinero y amor)” de Los Rodríguez. En tanto “Cultura disco”, cantada junto a Emanuel Horvilleur, es un mal chiste. Previsible y con coros de voz horribles del ex Kuryaki.
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SERRANO SOLISTA
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AGREGADO EL 20 DE SEPTIEMBRE DE 2009 
Alamut (2009) - ***
Primer disco solista de Jorge Serrano. Según él, se trata de un LP paralelo a su trabajo en los Decadentes. De hecho, dijo que cantará las canciones en los recitales del grupo. Habrá que ver. Así empezó Cerati…
Lo concreto es que Alamut es un buen álbum. La (casi) ausencia de Cucho y los coros fiesteros beneficia bastante al CD. Serrano aplica su talento pop melódico y la cosa se hace disfrutable. ¿Quién no va a cantar encima de las canciones? La música desplegada aquí es adictiva. Ojo: no se trata de un disco parejo. Se podría afirmar que la calidad de los temas desciende a medida que avanza el LP. Una especie de recurso a la pirámide invertida musical. Cross a la mandíbula pop, le podemos decir, parafraseando a Roberto Arlt.
En el terreno de las letras, Serrano pareciera utilizar algunos recursos que se habían hecho (mala) costumbre en los discos de los Decadentes. Por ejemplo, la enumeración publicitaria de situaciones cotidianas o novedosas (a la manera de Sapag en la publicidad de Quilmes, ver crítica en NSF Rock al disco Hoy trasnoche). En Alamut, efectivamente, hay referencias al “celular” y a los “fotologs”. Sin embargo, Serrano solista, a diferencia del de los Auténticos, las utiliza como disparadores para reflexionar de manera bastante profunda. Así es como en “Todo lo están filmando” se escucha “están queriendo atrapar al tiempo, están usando una red”. Interesante. Pop para tararear y pensar.

domingo, 27 de abril de 2008

ESPECIAL REDONDOS

PERFIL DE PATRICIO REY Y SUS REDONDITOS DE RICOTA
Escuela de rock (MBA)

No es sencillo explicar a un extranjero el fenómeno de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (o Los Redondos, de acuerdo a la simplificación de moda). La banda, liderada por el Indio Solari y Skay Beilinson, ha tenido un éxito arrollador en la Argentina pero es prácticamente desconocida en el resto del mundo. La postura independiente del grupo, las letras jeroglíficas del Indio y la música rock potente han hecho que la clase media baja de la Argentina (jamás las radios pop) los adoptara como la banda preferencial. Al punto de vivir cada concierto como una fiesta única.
Pero más allá del impacto social del grupo, ¿cómo puede definirse el sonido de Los Redondos? He visto muchas páginas de Internet y todas eluden el tema. No se puede decir que hagan un Rock n’ Roll rudimentario. Hay temas cuadrados (“Ñam fi fruli fali fru”, “Mi perro dinamita”, “Mariposa Pontiac”), sí, pero éstos son minoría y son, en mi opinión, lo peor de la banda. También hay simplificaciones en torno a un riff ganchero que son malas (“La bestia pop” con tararatarará, tararatarará, tararatarará taratá o “Vamos las bandas” con tararatarará tá). El estilo de sus mejores canciones (la mayoría de sus primeros 6 discos) es el rock con saxofón, instrumento esencial en la banda, con una voz del Indio “como frenada de coche” (como él mismo alguna vez la definió) y con la notas agudas que toca la guitarra de Skay. Es muy difícil encontrar una banda extranjera que suene como los Redondos pero se puede pensar en los discos de los 80 de la banda mexicana El Tri, yo no sé si el Indio y Skay los habrán escuchado, pero encuentro varios puntos de contacto entre los dos grupos. También hay algunas equivalencias con la etapa más oscura de U2 (la del disco War o el mismo October).
Pero gran parte del prestigio que ha tenido la banda (y que sigue teniendo aún después de su separación) proviene de las letras, plagadas de frases verdaderamente complejas. La obra del Indio está abierta a múltiples interpretaciones, nunca pretende una clausura del sentido. Esto se produce en base a la utilización de jergas de la calle (“cañito de metal” de “Nadie es perfecto” alude a un tabique nasal postizo, utilizado después de aspirar cocaína por mucho tiempo y terminar con el tabique original) y neologismos (“Shopping disco Zen”, “Sushi” o la utilización de marcas como “Buscapina” o “Nike”). Un ejemplo insólito de esto es el significado de la frase “Mariposa Pontiac” (título de una canción): he visitado un foro en donde dicen que el auto Pontiac tenía una parte trasera muy grande. Entonces, el tema vendría a hablar de una muchacha con cola grande. Es una interpretación entre tantas. Como se vé, el Indio tira pistas, indicios. El público completa el significado.
Los temas preponderantes de las letras de los Redondos son: 1) las drogas (elemento de identificación básica con la juventud de la Argentina), 2) la política (en los 80 como una crítica del alfonsinismo, para mí, que soy sólo un intérprete más, en “Preso en mi ciudad” y especialmente en “Nuestro amo juega al esclavo”, una canción sobre las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. También la política está en una especie de paranoia que tiene el Indio con respecto a la vigilancia). 3) la televisión (prestar atención a Un baión para el ojo idiota). Estos son los tres temas más importantes. Esto no quiere decir que no haya algunas deliciosas canciones de amor.
Es decir, hasta ahora podemos afirmar que letra y música explican el prestigio artístico que tienen los Redondos en la sociedad argentina, pero no explican a la banda como fenómeno social (como dije antes, su público es más que nada de clase media baja, hay algunos seguidores de otras clases, pero la banda no es “100% popular”, los pobres en Argentina escuchan cumbia, digámoslo de una vez). Lo esencial es la postura independiente: la política de no firmar con compañías discográficas, no dar muchas entrevistas, no aparecer en televisión, no hacer videos musicales. Esa postura contra-sistema le ha dado al Indio una imagen de “auténtico” que ningún otro artista argentino puede exhibir.
Sinceramente mi opinión es que esa independencia (que tenía en su origen el marxismo o mejor dicho comunitarismo del Indio en los 70) funcionó como marketing en la sociedad ultra comercializada de los 90. ¿Qué quiero decir con esto? Que en lugar de hacer un rock no comercial, el Indio hizo una PYME que se dedicó a recortar costos y, por ende, a maximizar ganancias, todo esto mientras proclamaba ser auténtico y estar fuera del sistema . Como ejemplo valen algunas entrevistas en las que el Indio dice que no quiere que ninguna compañía discográfica le ponga un psicólogo, porque “el psicólogo lo paga el artista” (es decir, es más costo). El punto más alto de esto es un reportaje de Rolling Stone en donde le preguntan si con esta posibilidad de poder armar el circuito de comercialización de los CDs no se vé tentado a bajar el precio. El Indio responde: “No, creo que las cosas tienen un precio”.
Pero no siempre el marketing casero les funcionó. El éxito masivo (ése de llenar estadios y sonar en la casa de prácticamente dos generaciones) les llegó en los años 90, justo cuando estaban haciendo sus peores discos. Desde Luzbelito (1996), la banda comienza a ser más previsible, más lerda, con una voz del Indio más áspera y menos sorprendente, que muchas veces canta de forma árabe con resultado desastrozos.
Fueron un fenómeno social pero ¿Han sido una buena banda? Mi respuesta es que sí. Que los primeros dos discos son obras maestras y que los siguientes cuatro tienen buen nivel. El resto: Luzbelito (1996), Ultimo bondi a Finisterre (1998) y Momo Sampler (2000) es bastante flojo. Pero sí, en resumen, han sido una buena banda. Merecerían ser más conocidos en el resto del mundo, pero bueno, no sé, tal vez así los fanáticos argentinos les darían la espalda. Porque, mal que les pese a algunos, en el marketing de Los Redondos es esencial no hacer música para vender afuera, es decir: no ser Soda Stéreo.

DISCO X DISCO REDONDOS

Gulp (1985) - ****1/2
El disco debut de la banda es excelente. No le veo tanta coherencia temática como sí tienen los álbumes posteriores. Pero es entendible en un primer LP (los grupos suelen incluír en sus primeros discos todas las canciones que hicieron durante los años previos al acceso a la edición, en el caso de los Redondos casi 10 años). Además, tiene siete temas de un nivel muy alto.
El grito de “fuego, fuego” en “Roto y mal parado” es indestructible. El estribillo de “Te voy a atornillar” (mi canción preferida de toda la historia de la banda) es perfecto: ese cambio de registro en la voz del Indio es lo melódicamente más interesante que hizo el artista en su historia. “Superlógico” es excelente, en especial los últimos segundos (cuando el “sí” después de haberlo hecho una señorita durante todo el tema, es hecho por el Indio). “Pierre, el vitricida”, en su brevedad, es hecho 100% por el magnífico saxo de Willy Crook (totalmente esencial en todo Gulp). Lo mismo puede decirse de “El infierno está encantador esta noche” (me gusta mucho la intro instrumental). “Unos pocos peligros sensatos” y “Yo no me caí del cielo” son para cantar en un auto con amigos, a todo lo que dá el volumen.
Hay dos temas que odio. Son “La bestia pop” y “Ñam fi fruli fali fru” (aunque me gusta la imagen de “voy a cuidar de mi amorcito/ que mordió el vidrio por demás otra vez”). De cualquier manera, este disco me encanta.

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Oktubre (1986) - ****1/2
El segundo disco de los Redondos es también su segunda obra maestra. Aquí sí aparece una unidad bien nítida en música y letras. La voz de Solari está más aguda que nunca y el sonido es inconfundible (muy oscuro, opresivo). Ninguna de las canciones de Oktubre podría estar en otro disco que no fuera éste.
Los 2 mejores temas son “Preso en mi ciudad” y “Ya nadie va a escuchar tu remera”. Pero me resulta muy interesante hacer una apología de “Música para pastillas”, en especial de la parte de guitarra (Skay, impecable) que se desata luego de que el Indio canta “pará mi amor, esto está muy Shangai”. Muy pero muy buen momento. “Motor psico” también me gusta mucho. La voz acá está hiper finita. Y las partes instrumentales son buenísimas, con el saxo a la cabeza.
La canción más prestigiosa de toda la historia del grupo es “Ji, ji, ji” y está incluída aquí. En mi opinión es la canción más floja de Oktubre. Sin ser mala, es la que menos me convence de este álbum magistral. Será porque nunca me convenció la línea de bajo o el famoso estribillo que dice “no lo soñé, ieeeé”. No sé. Pero bueno, el resto del disco me gusta mucho.

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Un baión para el ojo idiota (1987) - ***
Este disco es notablemente inferior a los anteriores. La voz del Indio se pone un poco más grave (la prefiero aguda). El único tema que salvo 100% es “Vencedores vencidos”, que por muchos años fue mi canción favorita de la banda, pero que hoy me parece una buena del montón (sé que un crítico no debería decir esto, pero admitámoslo: todos cambiamos un poco nuestros gustos con el tiempo, aún los críticos).
Otras buenas, que están lejos de parecerme obras maestras, son “Ella debe estar tan linda”, “Todo preso es político” y “Todo un palo” (agradable, pero muy larga). Pero el disco es mucho peor que los dos anteriores. De hecho: incluye la horrible “Vamos las bandas” y las flojísimas “Masacre en el puticlub” y “Aquella solitaria vaca cubana”.

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¡Bang, bang!… estás liquidado (1989) -
***1/2
Mucha gente me dice que este LP es su preferido. No comparto. Me parece que tiene buenas canciones, pero esas canciones no son para nada comparables a las mejores de los primeros dos discos. Aún así, ¡Bang Bang! es un muy buen trabajo, muy superior a Un baión para el ojo idiota.
Muchas referencias a la droga tienen este conjunto de temas. Obviamente siempre bajo el disfraz del lenguaje de la calle. En “Héroe del whisky” (muy buena canción) el Indio dice “tiene metido hasta las cejas/ un triste papel” o en “Rock para los dientes”, que dice “este mundo, esta empresa, este mundo de hoy/ que te snifa la cabeza una y otra vez/ en una línea y otra línea/ y otra línea más”.
Los buenos estribillos vienen de la mano de “Nadie es perfecto”. Otros temas recordables por su música son “Esa estrella era mi lujo” y “Nuestro amo juega al esclavo”. Ninguno de los dos me parece excelente pero están muy bien. Infladísimas por los fans (injustamente, ya que no son buenas) están “La parabellum del buen psicópata”, “Ropa sucia”, “Un pacman en el savoy” y “Maldición va a ser un día hermoso” (esta última, en su título practica el mismo juego de opuestos que el Indio había usado en “El infierno está encantador esta noche”).
 
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La mosca y la sopa (1991) - ****
Muchos dejan de lado este disco, ya que, en su momento, se convirtió en un éxito sin precedentes en la historia de la banda. “Un poco de amor francés” y, en especial, “Mi perro dinamita” sonaron en todas las radios pop y catapultaron a Los Redondos a la masividad (lugar que, obvio, rechazaron no apareciendo en televisión).
Para mí es uno de sus mejores discos. Si bien “Mi perro dinamita” es un rock cuadrado sin inventiva (la odiaba en el 91 y la sigo odiando ahora, a pesar de su letra simpática) “Un poco de amor francés” es una hermosa canción con una de las letras más directas y agradables del Indio. En mi opinión trata sobre la satisfacción de ir a un boliche y dar un beso francés a alguien de quien uno no está enamorado. No creo que sea más complicada que eso, pero eso ya está bastante bien. En especial las frases: “Esa tipa vino a consolarte” y “Es una copa de lo mejor cuando se ríe”.
También es bueno el nivel de “Toxi Taxi”, “El pibe de los astilleros”, “Tarea fina” y “Queso ruso”. Muy buena potencia, muy buenas melodías. Alcanzan para hacer muy atendible este disco. Los demás temas pasan desapercibidos, son aburridos o algo molestos.
 

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Lobo suelto, cordero atado (1993) - ***
Este álbum está compuesto por dos CDs que se venden por separado. Salieron al mismo tiempo y tienen cierta unidad conceptual. Creo que es el comienzo del fin del gran momento compositivo de la banda ya que está lleno de canciones intrascendentes (sin grandes partes recordables, muy aburridas). Pero bueno, es entendible que haya relleno en un conjunto de 25 temas. Lo que es feo es pensar que la mayoría es relleno.
Lobo suelto, cordero atado aprueba porque tiene ocho buenos pasajes. “Rock para el negro atila”, “Sorpresa de Shangai”, “Un ángel para tu soledad”, “La hija del fletero”, “Yo caníbal”, “Es hora de levantarse querido”, “Lobo estás” y “Etiqueta negra”. No todas son grandes canciones, pero al menos son dinámicas.
Igual, la mayoría es imposible de escuchar. Muy molesto en el caso de las bastante conocidas “Susanita” y “Caña seca y un membrillo”.
 

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Luzbelito (1996) - **
Si uno escuchaba el álbum anterior había un temor: que los Redondos se vuelvan solemnes, dramáticos, intrascendentes. Lo que antes ocupaba algo más de la mitad del disco, ahora se adueñó de la totalidad de lo grabado. Que pierdan la fuerza pop (porque aunque hagan marketing de la independencia, siempre utilizaron muchas de las mejores estructuras del género para sus temas) o las melodías gancheras es imperdonable.
La voz del Indio es más grave, la música más chata y previsible. Creo que casi no hay picos de emoción en este LP. Prácticamente ni un solo estribillo aprovechable, casi ni una sola estrofa para tararear. Parece insólito que los autores de Luzbelito sean los mismos que los de una canción como “Unos pocos peligros sensatos”.
Sólo un tema puede parecer simpático. Yo apenas lo apruebo, pero gusta mucho entre la gente y es el único (junto al horrible rock cuadrado “Mariposa Pontiac”) que tiene un prestigio similar al trabajo previo de la banda. Se trata de “Juguetes perdidos”, el tema que cierra el disco, el único melódicamente interesante (prestar atención a los cambios que el Indio hace con la voz a medida que avanza el tema, alcanzando el mejor momento mientras canta la parte que dice “cuando la noche/ es más oscura”), con una letra que hace referencia a los fanáticos de la banda (“banderas de tu corazón”).

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Ultimo bondi a Finisterre (1998) - ** 
No es el álbum innovador que algunos medios entusiastas vendieron. Los Redondos le agregaron máquinas a sus temas y eso no quiere decir que hayan hecho una revolución estética. Es más: ya muchos artistas habían intentado tomar el mismo atajo. Pero tampoco es el papelón que podría haber sido (“Las increíbles andanzas del capitán Buscapina en Ciber Siberia” queda bastante bien con los ruiditos).
El problema es que la mayoría de las temas (salvo también a “Gualicho” y tal vez “Alien Duce”) están enfermos de la misma gravedad que aquejaba a Luzbelito. La actualización rítmica es intrascendente cuando no hay imaginación para la creación de melodías. ¿Dónde quedaron los estribillos de Gulp? O el Indio se creyó que la música buena es la menos accesible (inaccesible para todos sería esto) o cayó en la misma depresión creativa que sufrieron colegas como Charly García durante la misma época.
Los bodrios “Scaramancia”, “El árbol del gran bonete” y “Drogo Cop” no hubieran siquiera llegado a ser demos durante los 80. Es insólito que el Indio se permita grabar eso teniendo en cuenta su pasado. Estaba para mucho más.

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Momo Sampler (2000) - **
 

Peor que el anterior y al nivel de Luzbelito, es decir, un LP para dormir. Aquí la tecnología convive un poco mejor con el rock clásico de la banda (en Ultimo bondi sonaba, aunque no mal, como “ruidito”). Pero nuevamente se trata de un somnífero.
Indio canta con voz muy grave. La mayoría de las canciones son lentas o si no lo son, se hacen eternas por la voz monocorde (es horrible cuando se hace el árabe). La guitarra está complemente tapada y se vé que Skay no sabe qué hacer entre tanta capa de sonido moderno (dos años después, ya solista, volverá a los grandes riffs con “Oda a la sin nombre”).
En Momo Sampler hay un solo tema que zafa: “Murga de la virgencita”. El resto es densísimo. ¿Y las letras? Qué importan las letras cuando no hay música. Esto es rock, no literatura. Que la crítica de rock haya comprado esto es una de las vergüenzas nacionales recientes.
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SKAY BEILINSON:
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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008
A través del mar de los sargazos (2002) - ***1/2
No lo esperaba. Skay en los Redondos mantenía un discreto segundo plano y ya me lo imaginaba en silencio como Zeta Bosio (Soda) o lanzando discos con poco impacto como Flavio Cianciarulo (Cadillacs). Pero no: el señor Beilinson se despachó con un álbum realmente bueno, que más allá de la inclusión de alguna maquinita, es una vuelta a los orígenes de su ex banda.
De este LP me gusta mucho como se integra la guitarra eléctrica en la estructura melódica de las canciones. Acá hay cero exhibicionismo gratuito y, por eso, sobresale Skay como un instrumentista ampliamente disfrutable. Doy dos ejemplos: “Oda a la sin hombre” (que tiene el mejor riff en mucho tiempo) y “Astrolabio” (que empieza lenta y termina con toda la polenta, aunque choreandole un poco a “Angel” de Aerosmith).
Otro aspecto a destacar es que en A través del mar de los sargazos, Skay se anima por primera vez a cantar. Muchas veces lo hace con la ayuda de efectos que esconden su voz, pero otras veces se muestra natural (escuchar el muy buen reggae lento “Entre el cielo y la tierra”). Hay que decir aquí que el resultado es positivo.
A las canciones anteriormente nombradas, sumo en el medallero a “Kermesse” (que empieza con sonidos tipo ¡Michael Jackson! y termina típicamente Redonda), “Alcolito” (de estilo yugoslavo) y “Síndome del trapecista” (con un estribillo impecable).
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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008 
Talismán (2004) - **1/2
Pasado el impacto sorpresivo del primer disco, aquí Skay se jugaba la consagración. Yo creo que no estuvo a la altura del desafío, debido principalmente a que las canciones son más de lo mismo (una especie de actualización del álbum previo).
Pero no sólo es eso. En Talismán hay tres patinadas groseras: “El golem de la Paternal” es una de ellas. No se entiende como esta canción rutinaria, de estrofa previsible y estribillo horroroso (“ahu ia ia”) fue uno de los cortes de éste disco. Un problema parecido tiene “El gourmet del infierno” en el que Skay canta con una voz sobreactuada (y horrible) “muy buenas noches, bienvenidos al show/ hoy les prometo un poco de felicidad/ ia ia ia ia ia ia iaaa”. En el tema “Presagio” el inconveniente es otro: es muy molesta la inclusión de una voz femenina aguda que canta en registro lírico (hace al track inescuchable).
No obstante, hay que reconocer que algunos momentos atendibles hay. No salvan al disco, pero al menos evitan el descarte indiscriminado.
Nombro tres buenas letras: “Flores secas” (una especie de contraposición entre los detalles barriales y los centros metropolitanos que me hizo acordar al primer Borges), “Lluvia sobre Bagdad” (sobre la invasión yanki a Irak, vista desde el punto de vista de la persona que recibe una bomba) y “Boggart Blues” (escrita por el periodista Claudio Kleiman, que hace una comparación entre los desatinos amorosos de la vida diaria y los finales de las películas de Hollywood).
Además de esto hay tres temas que por la música zafan: la mencionada “Flores secas”, “Paria”, “Abalorios” y “La ley del embudo” (aunque… ¿no se parece un poco al clásico redondo “Blues de la artillería”?).
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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008
La marca de Caín (2007) - **
Este disco abre con una canción excelente: “Ángeles caídos” (con una letra abierta a múltiples interpretaciones, me encantan las líneas de texto que dicen: “Entrás en barrios custodiados/ llevabas como escudo la remera del Che/ apretado, en el pecho/ el rosarito blanco que la Chiqui te dio”). El problema es que es el único tema destacable y deja al álbum completamente expuesto a la demolición. La marca de Caín es bastante peor que los dos LPs anteriores.
Casi no hay temas molestos (“Soldaditos de plomo” sería el único, con un estribillo horrible en el que Skay se hace el Elvis), aquí el inconveniente es otro. La mayoría de las canciones son francamente intrascendentes. No tienen giros melódicos que llamen la atención y eso, la verdad, hace al disco prescindible. Personalmente no lo voy a escuchar completo nunca más.
Sí, obvio, pondré la mencionada “Ángeles caídos” y los últimos 2 minutos de “El fantasma del quinto piso”. Ambos fragmentos condensan toda la potencia que al resto de los temas les falta.

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AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
¿Dónde vas? (2010) ***
            No sé muy bien que pensar de este disco de Skay. Gustó mucho entre varios de mis amigos pero a mí tanto no me llegó. Es muy superior a lo que está haciendo el Indio, pero yo no sé si llega a ser aprovechable realmente. Lo apruebo por que tiene tres canciones destacables pero el resto me resulta indeferente y hasta repudiable.
            Voy a comenzar describiendo lo bueno. En la canción “En el camino” es mangífica la parte melódica de voz que aparece cuando dice “extranjero en el redil”. Otro buen fragmento está en “Territorio caníbal”. Si bien la estrofa no es tan mala, lo que demuele es el estribillo: “nuevos envases de competición/ bajó el neón lucen perfectos”. Un muy buen cambio musical logra Skay allí. De cualquier manera, el mejor tema del LP, para mí,  por varios kilómetros de distancia, es “Lejos de casa”. Cuando menciona el nombre tema, la guitarra hace maravillas. La diferencia de calidad en el sonido de la viola entre este disco y el último de Solari es abismal.
            Ahora menciono lo malo. El aire árabe de “La luna en Fez”, la primer canción del disco, ya me bajonea. El estribillo de “Aves migratorias” arruina el tema (“vuelan y se van”). Lo mismo ocurre con “Suelo chamán” (inexplicable el “hipihey-hipihayhou”, ¿qué es eso?). “Tarde de lluvia” tiene efectitos que no sé si van mucho con Skay (descubrí por ahí algún aroma a “Paranoid Android” de Radiohead). En “Aplausos en el cosmos” no me gusta como canta la palabra “humanidadddd”.
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INDIO SOLARI
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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008
El tesoro de los inocentes (2004) - ***
El estilo de este primer disco solista del Indio es bastante similar al de los últimos LPs de Los Redondos. Es decir: grave, solemne, aburrido. La mayoría de los temas caen en eso. Es difícil escuchar el álbum de principio a fin sin aburrirse.
Sin embargo, hay tres excepciones. Tres buenas canciones (algo que yo casi no encontré en Luzbelito, Ultimo bondi a Finisterre y Momo Sampler). En todas se destacan tanto la letra como la música.
La primera que nombro es “Pabellón séptimo”, sobre un preso que muere (un amigo del Indio, para más datos) que es un retrato crudo de la injusticia en las cárceles argentinas. Es buena la descripción, pero sobre todo es cautivante la manera en que el Indio homenajea a su amigo. El tema culmina con la frase “Y nunca ya/ voy a olvidarte, Pablo nunca”. Ese fragmento puede parecer algo trillado, pero lo que suma es que se logra un contraste entre el ruido de la casi totalidad del tema y la despojada instrumentación que acompaña la frase. Eso es lo que deben hacer los rockeros: escribir buenos textos, pero también vestirlos de una música que los haga más fuertes, que les corresponda y que los acompañe dramáticamente.
La segunda es “El tesoro de los inocentes” (la canción que da título al álbum). Aquí es muy bueno el manejo de la guitarra eléctrica. Hay dos momentos magistrales: el segundo 0:30 y el segundo 2:27. Allí se escucha nítidamente el excelente riff triunfal que caracteriza al tema. Aclaro: en el resto del track, sobre el mismo acorde, el primer plano es ocupado por la voz. Este riff queda realmente muy bien. La letra también es buena y muestra, nuevamente, a un Indio más directo que en los Redondos. Sólo basta con escuchar la frase “Si no hay amor/ que no haya nada entonces”.
El tercer tema bueno es “To Beef For Not To Beef”. Para mí el mejor de todos. Trata sobre un hombre que cuenta como intentó cruzar la frontera de México a Estados Unidos. Más allá de tener una letra excelente (“tonto de mí/ que allí silvé la cucaracha”, “Y por todo el ruido ruido/ ese del futuro allí/ leen el evangelio según Hitler a la hora de almorzar”), tiene una melodía inmejorable, unos gritos mexicanos de fondo y una guitarra acústica que entra en el medio, que está perfectamente incorporada y es muy agadable.
También hay temas malos: verdaderos papelones. Son también tres: “Charro chino” (el Indio subido al house, “marcha ortodoxa” en el idioma que entiende la mayoría), “Tsunami” (en donde el artista hace una especie de rap) y la peor, “La piba del Blockbuster” (cantada en un tono sensual que da vergüenza ajena). 

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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008
Porco Rex (2007) - **1/2
El disco más dinámico de Solari desde Lobo suelto, cordero atado, o sea: desde hace casi quince años. Y no lo digo porque el artista aquí haya dejado (casi) a un costado las maquinitas, lo digo principalmente porque aquí no hay nada aburrido, porque todas las canciones son coreables por quien escucha.
No obstante, debo decir que creo que no hay picos, que no hay composiciones irresistibles. Es un LP más correcto que otra cosa. No tiene esa canción que hace la diferencia (como si la tenía El tesoro de los inocentes).
Comento algunos temas: El primero del disco, que tiene algunas buenas frases de esas que el Indio sabe hacer (“Pedía siempre temas en la radio/ y nunca los quería oír”). Hay cierta fuerza en el track pero dista mucho de ser una obra maestra. Lo mismo ocurre, por dar dos ejemplos, con “Ramas desnudas” (que tiene un buen corito que hace “uh uh”) y con “Te estás quedando sin balas de plata” (que sería una horrible canción sino fuera por el estribillo que dice “hay en tu voz/ un dolor ligero” que cambia totalmente la melodía y es algo innovador).
En conclusión: si bien no me guardo ningún tema, felicito al Indio por salir del estatismo que lo aquejaba. Muy probablemente en el próximo álbum entregue algunas perlas que hagan que nuestros oídos nos vuelvan a exigir su música. Eso, junto al dinamismo que, como caracterizó a este disco esperamos que caracterice a los futuros, lo colocarán de nuevo en un gran nivel.

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AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
El perfume de la tempestad (2010) **
Detesto el sonido que le sacan en este LP a la guitarra eléctrica. La viola está más chirriante que nunca y está presente en practicamente todo el disco. A veces está de fondo (la primera parte de “¡Todos a los botes!”), a veces en primer plano (punteos en el final de “Torito es muerto”). No me gusta en ninguna de sus formas. Creo que ese es el principal problema de El perfume de la tempestad. La voz del Indio, tan madura como pesada, tampoco ayuda.
            Podría, por supuesto, nombrar algunos momentos destacables. El ganchito melódico de “No es dios todo lo que reluce” (cuando dice “sonríen todo el tiempo y se hacen ver/ por lo felices que están de sonreír”) está OK. El estribillo de “El tábano en la oreja” tiene onda. El aroma al U2 de los 80 que tiene el comienzo de “Black Russian” me gustó. Los vientos de “Una rata muerta entre los geranios” están bien puestos.
            Pero hay desatinos muy grosos. El grito de “¡aleluya!” de “Submarino soluble” es inentendible. La melodía infantil de “Satelital” no es digna para nadie y menos para alguien que compuso Gulp! y Oktubre. “ZZZZZZZ” provoca en el oyente lo que el título anuncia (chiste fácil pero no falso). El remate de “Chante Noire” es flojísimo (parte que dice “¿Qué pasa en tu nube hoy?/ ¿qué ocurre en tu nube hoy?”). En fin, mucha mediocridad.
De cualquier manera, y para finalizar, creo que es conveniente analizar al LP desde la Gestalt, la legendaria escuela alemana de psicología de la percepción. Aquí el todo es peor que la suma de las partes. Por eso es que la mejor definición que le cabe a este disco es decir que es “denso”.